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El resucitado Robinho se erige en el estandarte de Brasil

Tras la baja de Neymar, la Canarinha deposita sus esperanzas en el exmadridista, más maduro y asociativo que nunca

Robinho hace malabarismos con el balón en un entrenamiento con Brasil.
Robinho hace malabarismos con el balón en un entrenamiento con Brasil. efe

La expulsión de Neymar ha dejado a Brasil sin su capitán, pero va a permitir una mejor evaluación de los jóvenes convocados por Dunga para la nueva Canarinha. La estrella del Barça se ha autoexcluido del foco: ha llegado la hora de que los noveles Coutinho, Elias, Fred, Douglas, Everton Ribeiro o Firmino confirmen su valía, superado ya Willian el examen. Es precisamente el ídolo de Neymar, Robson de Souza, Robinho, quien ha emergido como líder del grupo en la semana previa al duelo de cuartos de final contra Paraguay, esta noche (23.30, Canal Plus Liga). A sus 31 años, el tercer jugador más veterano de la seleção vive un tardío reconocimiento tras una carrera menos estelar de lo esperado. Ha sido elegido mejor jugador del torneo paulista en su vuelta al Santos y probablemente emigre la próxima temporada a los Gallos Blancos de Querétaro para llenar el hueco de Ronaldinho. El ex delantero del Madrid “es un espejo para nosotros”, dice Firmino, flamante fichaje del Liverpool.

Además de su calidad técnica, tiene una responsabilidad mayor, por su experiencia"

Dunga, tras anunciar su convocatoria

Aunque fue Willian el motor de Brasil en su victoria contra Venezuela, Robinho recordó durante media hora a aquel segundo punta vivaracho y habilidoso que ilusionó a varios equipos europeos: en 2008 fue vendido al Manchester City por 43 millones de dólares, la segunda transferencia más cara en la historia del club. Único miembro de la generación perdida convocado por Dunga para este campeonato (Alves fue repescado ante la lesión de Danilo), el todavía futbolista del Santos estuvo cerca de perderse la Copa por una lesión de rodilla. No participó en los dos primeros encuentros del torneo, pero el día de Venezuela fue titular. Ofreciéndose permanentemente en tres cuartos y la banda derecha, devolviendo en uno o dos toques, oxigenó el juego y conectó bien con Willian y Coutinho. Aunque acusó la falta de ritmo competitivo y fue sustituido en la segunda mitad, la prensa brasileña le elogió y hay incluso quien sostiene que Brasil jugó mejor que sin Neymar.

Más responsabilidad

Dunga y Robinho comparten éxitos lejanos. En 2007, durante su primera etapa como seleccionador, Robinho fue el mejor jugador y el máximo anotador de una Copa América conquistada por Brasil (su último título). Tanto el jugador como la selección iniciaron después un prolongado declive, que tratan de revertir por fin este año. Carlos Mansur, cronista del diario O Globo, afirma que “la prensa ha sido muy injusta con Robinho, porque pensaba que iba a ser uno de los mejores futbolistas del mundo”. El jugador, que vio el 7-1 contra Alemania por televisión, ha regresado con un papel diferente; no sonríe tanto y ha adquirido un rol bastante influyente. “Además de su calidad técnica, tiene una responsabilidad mayor, por su experiencia”, dijo Dunga cuando le convocó. El jugador asume con aparente serenidad su papel de madurez:

Hace unos meses el futbolista rescindió su contrato con el Milan y renunció a tres millones de euros para retornar al Santos. Sorprendentemente para el aficionado europeo, ahora se muestra como un asidero para una selección que trata de restablecer su personalidad tras un año difícil, sin el genio de Neymar que le vincula con su espléndido pasado. Con menos bicicletas, más asociativo y consciente de sus limitaciones, aquel chico saltarín que dejó boquiabierto al madridismo en su primer partido en Cádiz en 2005 abanderará hoy a Brasil en su acecho a las semifinales.

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