Una semana de llantos en Girona

El equipo catalán ha perdido de forma cruel dos grandes oportunidades de ascender a la máxima categoría por primera vez en su historia

Final del partido ante el Zaragoza
Final del partido ante el ZaragozaPERE DURAN

El mensaje del entrenador Pablo Machín fue contundente: “Hay que sobreponerse porque nos queda otra oportunidad de subir que hubiésemos firmado todos al empezar la temporada. El playoff no es un castigo”. Eso fue hace una semana, después del tremendo varapalo que le infligió el Lugo y el fútbol, sobre todo porque hasta el minuto 91 del partido el equipo era equipo de Primera División. “Y en el 92, ya no”, recuerda Machín, que se declara orgulloso de su equipo por más que el balón le diera el domingo frente al Real Zaragoza otro golpe definitivo, toda vez que le remontó una eliminatoria que gobernaba con tres goles de ventaja. Un trago de dos sorbos difícil de digerir.

Febril e impotente, la afición del Girona estalló un minuto después del gol del Lugo cuando el colegiado les anuló correctamente un tanto en fuera de juego, hasta el punto de que lanzó un botellín de agua lleno sobre el cuello del asistente. En una decisión dantesca, se suspendió el partido hasta que desde la Federación, vía telefónica, instaron a acabar el encuentro y dar carpetazo a los 40 segundos que restaban. No hubo más goles y el Girona entró en un estado de depresión que acusó ante el Zaragoza, por más que en la ida venciera por 0-3. “El palo gordo fue el del Lugo, porque nos vimos en Primera”, reflexiona el capitán Jandro. “Ese día el vestuario era un drama; creo que ahí gastamos todas las lágrimas posibles. Fue un varapalo demasiado macabro”, abunda Machín. “Un golpe demasiado duro que no acabamos de asimilar. Por eso, en la vuelta contra el Zaragoza, parecía que habíamos regresado a la escena del crimen”, subraya Sandaza.

“Muchos querrían llorar con nuestros ojos”

El alcalde de Girona, Carles Puigdemont, apareció en el almuerzo del vestuario para tratar de animar. “Muchos querrían llorar con nuestros ojos”, dijo. Y ahora agrega: “Es que el ascenso se ha evaporado, pero han generalizado y naturalizado el sentimiento futbolero de la afición hacia el Girona, algo que nunca había ocurrido porque antes estaba el Barça”.

Y eso que el discurso de Machín antes del partido fue el de siempre: “Cuando lleguemos al vestuario la conciencia debe estar tranquila para mirarnos a la cara y decir que no hemos podido hacer más”. Pero el Girona encajó tres goles en 45 minutos. “En todo el año no habíamos recibido cuatro goles...”, se lamenta Jandro. Tantos que llegaron a balón parado, que es la pequeña obsesión de Machín. “Hay veces que por mucho que lo trabajes, llegan los errores en el peor momento. Y ellos tienen buenos lanzadores y rematadores”, admite el técnico.

Ocurrió, además, que no jugaron tres titulares. “No quería quedarme en la orilla ante Las Palmas y creí que debía dosificar”, se defiende. “Es que todos nos veíamos en la siguiente ronda”, agrega Sandaza. Aunque el Zaragoza les hizo trizas. “Estoy orgulloso de vosotros, id con la cabeza alta por el temporadón que habéis hecho. Gracias a todos”, les dijo Machín al acabar el duelo, el sueño. “Ya he jugado en Primera y sabía que esa era mi última oportunidad de volver. No animé todo lo que debía al grupo porque estaba afectado”, reconoce Jandro. “Es que una vez te metes en la pelea... es muy cruel”, completa Sandaza.

Ayer, en el último piscolabis celebrado en Montilivi, no hubo lamentos. “Me siento muy orgulloso de mis compañeros y de una temporada que, con el tiempo, recordaremos como muy buena”, relata Jandro. “Ha sido un gran año”, añade Sandaza. Y remata Machín: “Con un abrazo entre todos ya nos lo hemos dicho todo”.

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