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Chile reduce su ansiedad tras la primera victoria

Hoy debuta Argentina, favorita al título por una concentración de talento superior al de otras selecciones

Valencia y Aranguiz luchan por un balón.
Valencia y Aranguiz luchan por un balón. EFE

No fue un partido ni vistoso ni emocionante, pero la sufrida victoria de Chile (2-0) contra Ecuador después de que se apagaran los fuegos artificiales de la ceremonia inaugural provocó las primeras explosiones de alegría en el país y ha rebajado un poco la ansiedad de una selección que ha levantado quizá demasiadas expectativas y estaba obligada a ganar su primer partido.

El primer cuarto de hora del Mago Valdivia y el gol en la segunda parte de Eduardo Vargas, el delantero fetiche de Jorge Sampaoli, fueron los elementos más ilusionantes para una afición que se volcó en masa con el equipo. Para el seleccionador, sin embargo, lo reseñable fue el partido de su línea defensiva, sostenida por un portero en estado de gracia (Claudio Bravo) que impidió el empate cuando la potencia física de la Tricolor amenazaba con equilibrar el tanto de penalti (absurdo) marcado por un fatigado Arturo Vidal en el minuto 66. El segundo gol, precedido por una gran jugada de Alexis Sánchez (el futbolista más incisivo de la noche), llegó en la acción inmediatamente posterior a un cabezazo al larguero de Enner Valencia, el delantero ecuatoriano del West Ham, que había enmudecido al Estadio Nacional.

El seleccionador de Ecuador, Gustavo Quinteros, reconoció la superioridad chilena, aunque dejó entrever que podían haber hecho más. No quiso escudarse en el polémico penalti pitado al mediapunta Miller Bolaños y el rigor aplicado a Matías Fernández, que ingresó al campo en el minuto 68 y fue expulsado por doble amarilla en el 93. De cualquier manera, la gran diferencia en cuanto a posesión del balón (67% para la Roja) no oculta los problemas que encontraron en varias fases para evitar un fútbol horizontal, romo y aburrido.

La expectación que provoca el debut de la Argentina de Messi en La Serena es el único asunto que hace sombra a la satisfacción chilena (aunque con cautela, por el juego realizado) por su primera victoria. La selección albiceleste se siente tan cómoda en esta bella y tranquila localidad colonial de la costa pacífica que ha iniciado gestiones para modificar su plan inicial y permanecer aquí, al menos, toda la primera fase del campeonato. La condición de favorita de Argentina en el campeonato es prácticamente unánime, con Colombia y Brasil (una incógnita) en un escalón inmediatamente inferior. Hasta su seleccionador, Gerardo Martino, ha afirmado que están “prácticamente obligados” a conquistar el campeonato e igualar a Uruguay en lo alto del palmarés continental. Sería el primer trofeo de Messi con su selección; la Pulga ya ha avisado de que llegan a Chile mejor que el año pasado, cuando conquistaron el subcampeonato del Mundial.

Los felices problemas de Martino para elegir a su tercer atacante (acompañante de Messi y Di María) entre Agüero, Higuaín y Tévez —que regresa a la selección después de varias convocatorias fuera— muestran por sí solos la potencia del equipo argentino, cuyo talento parece indiscutiblemente superior al resto de las selecciones, quizá con el permiso de la Colombia, que entrena precisamente el artífice de varias generaciones de futbolistas albicelestes, José Pékerman. Agüero, tras su explosivo final de temporada en Inglaterra, volverá a ser el elegido.

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