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La noche que Busquets mandó en Berlín

El medio azulgrana dio una lección de juego posicional y apuntaló el juego del Barcelona

Final Champions League entre el Juventus y el Barcelona
Pirlo busca hueco entre Iniesta y Busquets AFP

Las finales de la Champions consagran a los grandes jugadores, marcan una carrera. Este sábado, Busquets conquistó Berlín. A su tranco el Barcelona se impuso a la Juventus camino de la quinta Copa de Europa, la cuarta en nueve años. La primera la ganó su padre –cuando él tenía cuatro años–, sentado en el banquillo como suplente de Andoni Zubizarreta; la de París, en el 2006, la celebraron padre e hijo, junto a Andoni, sentados en la grada de Saint Dennis. Las otras dos, las de Roma en el 2009 y la de Londres en el remozado Wembley, en el 2011, se las trabajó en el campo. La de anoche se recordará por su exhibición espectacular con el 5 heredado de Puyol a la espalda. Se puede jugar de manera más espectacular, pero no más fácil. Y en esa ecuación estriba la dificultad de ser Sergio Busquets, eje de un equipo lleno de estrellas donde él nunca brilla pero le da corriente a todo lo que le rodea.

Busi se giró y pasó Vidal desbocado. Se giró y se la dio sencilla y fácil a Messi, como suele hacer con Iniesta. Bastó con que Leo la tocara por vez primera, con que se armara la primera jugada de ataque, con que Iniesta pisara el área y viera llegar a Rakitic, para que el Barcelona marcara el primer gol. ¿Y Busi? Guardando la casa, pensando en los demás, vigilando la zona, contando por qué lado se había descompensando el equipo y por dónde podían llegar los problemas. Así siempre, así todo el partido.

El hermano pequeño de Xavi entendió el partido como un ingeniero de física cuántica. Así pudo con Pogba, al que defendió al hombre en la estrategia, con Vidal, por mucho que le sacudiera alguna que otra el chileno, incapaz de frenarse a tiempo, y le amargó los tiempos a Tévez. De vez en cuando, tuvo rato para anticipar o cerrarle líneas de pase a Pirlo, hasta que terminó emparejándose con Llorente, cuando la situación lo requería.

Siempre llegó antes y la soltó con tal antelación que sólo le hicieron una falta. Su precisión fue majestuosa en el primer tiempo: el 98 por ciento de los pases llegó a destino, porque según las estadísticas oficiales, sólo falló uno: de 41, dio bien 40. Más allá de eso, el chico de Ciutat Badia, el de los brazos largos, el desgarbado, ese al que llamaron el quitanieves porque abría las palas y se lo llevaba todo por delante, en un alarde de juego posicional llegó a atacar de extremo en una jugada que terminó Piqué y no fue gol de milagro, porque el central se hartó de balón en el remate.

Los resúmenes dirán que los goles los marcaron Rakitic y Luis Suárez, que Messi volvió a ser majestuoso y que el capitán fue Iniesta. Y que de no ser por Buffon, el portero de la Juventus, el resultado hubiera sido probablemente más abultado. Pero en La Masia siempre habrá alguien que pondrá el video para enseñarles cómo Busi tomó Berlín.

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