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El rey Nadal y su circunstancia

En su temporada más pobre y sin ningún título en la gira sobre tierra, Nadal defiende su hegemonía en Roland Garros ante el poder incontestable de Djokovic, el gran favorito

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Nadal, durante un entrenamiento en París. EFE

“¿Dónde está Rafael? ¿Sabes dónde está Rafael?”. En medio de la marabunta que desfilaba ayer por todo el complejo de Roland Garros, incluida el área reservada para los jugadores y las celebrities del tenis, Toni Nadal buscaba a su sobrino para atacar la comida junto al resto del equipo y su padre Sebastián. Y ahí que llegó él, con los cordones desatados y el pelo revuelto, en pantalón corto y toqueteando el móvil hasta que seleccionó en el bufé. Antes se había entrenado en la pista 21 del recinto, aislada, lejos de los focos y el griterío que envolvió su sesión un día antes en la 4, accesible a todo el público.

Arrancó Roland Garros, el segundo grande del curso, y el campeón campaba a sus anchas por las entrañas de la Philippe Chatrier, allí donde se ha coronado en nueve ocasiones y ha forjado la leyenda. “Es que es el dueño de la casa”, admite Marcel Granollers, citado con Roger Federer (6-3, 6-3 y 6-3 a Alejandro Falla) en la siguiente ronda. “Parece el dueño del club. Se lo conoce todo de arriba abajo”, agrega su amigo Juan Mónaco. Se movía Nadal relajado, con el ceño menos fruncido de lo que acostumbra últimamente, ajeno a todo lo que se cocía en el exterior. Porque allí fuera, entre las riadas de gente, predomina el debate en torno al rey de la tierra y su circunstancia.

Las dudas están ahí porque malacostumbró a la gente, pero se le debe respetar muchísimo"

Juan Mónaco, tenista

¿Será capaz de ganar Nadal su décimo título en París? El enfoque argumental es doble. Los hay quienes atienden a la realidad más cercana, a que el español ha caído del tercer al séptimo peldaño del ránking y afronta la reconquista con su peor bagaje desde 2005, el año de su primera investidura; a que no se ha llevado ningún trofeo en la gira europea de tierra; y a que este curso su estela ha dejado más sombras que luces sobre las pistas. Pero, por otro lado, estás aquellos que se agarran a la fuerza del mito, a su capacidad para el resurgimiento y también a los números: 66 triunfos y una sola derrota –en 2009, frente al sueco Robin Soderling– en el torneo francés; 335 victorias y apenas 29 concesiones sobre la arena, 46 títulos en total.

La mayoría, en cualquier caso, previene del excelente momento de Novak Djokovic, con el que Nadal podría cruzarse en los cuartos y señalado como el gran favorito, más allá de que algunos contemplen las alternativas de Federer, Murray y los más atrevidos miren a Nishikori. “Ha demostrado que es el mejor y es el que más opciones tiene”, admitió Toni ante los periodistas españoles. “Pero no hay que ganar solo a uno, sino siete partidos. Aquí hemos jugado muchos años mal en la primera semana, pero al final Rafael ha terminado bien. A ver si ahora podemos hacer lo mismo”, agregó el preparador.

Nadal, durante una sesión de entrenamiento en París. ampliar foto
Nadal, durante una sesión de entrenamiento en París. AFP

Ayer, entre los aficionados cundía otro interrogante. ¿A quién afectará más la presión? ¿A Nadal por el deseo de la décima, por esos nervios y esa ansiedad que le atenazan en los últimos tiempos, o a Nole por ser el número uno en las apuestas? “Solo ha perdido un partido aquí. Su historial habla más que su nivel actual”, indica Djokovic. “En cinco sets tiene más confianza que nadie”, prolonga Federer. “La gente se olvida de que ha ganado nueve veces aquí. Me parece una falta de respeto”, remata Maria Sharapova, defensora del cetro femenino.

Tiene un cuadro difícil, pero aquí se transforma. Es un monstruo”

Pablo Carreño, tenista

El circuito, en definitiva, abriga al campeón, que se estrenará el martes contra el francés Quentin Halys, invitado por el torneo, 304 del mundo. “A Rafa le veo alegre, entrenando muy fuerte. Las dudas están ahí porque antes malacostumbró a la gente, pero es un jugador al que se debe respetar muchísimo”, defiende Mónaco. “Tiene un cuadro difícil, pero aquí se transforma. Es un monstruo”, añade Pablo Carreño entre bambalinas.

Es el enigma que sobrevuela París estos días. La prolongación de una era o el inicio de una nueva. El Roland Garros más abierto de los últimos años: Djokovic, implacable con cinco títulos en 2015 (Australia, Indian Wells, Miami, Montecarlo y Roma); Nadal, al que ahora algunos ven por fin vulnerable sobre la alfombra roja de París. Es el rey de la arena y su circunstancia. Esa es la cuestión.

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