Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una chilena de Pedro que sabe a gloria

Un espectacular remate de Pedro pone el broche al sufrido triunfo del Barcelona ante una Real sostenida por Rulli

Los azulgrana se sitúan a una victoria del título de Liga

Barcelona 2 - Real Sociedad 0 Ampliar foto
Pedro hace el segundo de chilena. Getty

Al variado catálogo de 112 goles que han marcado Messi (53), Luis Suárez (24) y Neymar (35), artilleros que repican en cada partido, a menudo, con jugadas calificadas de obras de arte, hay que añadir un tanto excelso de Pedro. El patito feo de la delantera azulgrana, el cuarto atacante, cerró un partido peligrosísimo con una chilena que sonó a gloria celestial en el Camp Nou. La tensión era extrema y el riesgo máximo en el estadio, pendiente la Liga de Barcelona, cuando Pedro enganchó de espaldas a la portería el balón despedido por Mikel y puso el 2-0.

BARÇA, 2 - REAL SOCIEDAD, 0

Barcelona: Bravo; Alves, Piqué, Bartra (Busquets, m. 61), Adriano; Xavi (Iniesta, m. 74), Mascherano, Rafinha (Pedro, m. 82); Messi, Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Ter Stegen; Vermaelen, Jordi Alba y Sergi Roberto.

Real Sociedad: Rulli; Carlos Martínez, Mikel, Íñigo Martínez, De la Bella; Bergara, Rubén Pardo; Xabi Prieto, Canales (Chory Castro, m. 73), Granero (Elustondo, m. 90); y Carlos Vela (Finnbogason, m. 77). No utilizados: Zubikarai; Agirretxe, Yuri y Zaldua.

Goles: 1-0. M. 51. Neymar, de cabeza. 2-0. M. 85. Pedro, de chilena.

Árbitro: Iglesias Villanueva. Mostró la cartulina amarilla a Granero, De la Bella, Bergara, Rulli, Mascherano y Rubén Pardo.

Camp Nou: 86.047 espectadores.

No fue un gol de jornalero sino de virtuoso, sorprendente si se atiende a las características del delantero y al momento del encuentro, presa de un ataque de taquicardia, sin que se supiera muy bien qué equipo tiraría primero a meta, si la Real, que jugueteaba como un jilguero, o el Barça, que achicaba su cancha y se encomendaba a las carreras de Messi. Y entonces, cuando los hinchas de tribuna discutían sobre Luis Enrique por juntar a cuatro delanteros sin tener la posesión de la pelota, compareció Pedro y acreditó su condición de campeón mundial en Sudáfrica.

El gol del canario desencadenó la euforia barcelonista, que fue en aumento por las noticias que llegaban del Bernabéu: el Valencia empató y el título está en la palma de la mano del Barça. Pedro acabó con un partido estresante, hasta cierto punto esperado después de la agotadora noche del miércoles ante el equipo de Guardiola. Los esfuerzos físicos y emocionales se pagan cuando el final del torneo está tan cerca, se compite por el título y los aficionados hablan del triplete o reservan billetes para Berlín. La algarabía no ayuda al equipo por más que siga igualando los mejores récords de victorias y de imbatibilidad en la Liga. Nunca pareció tan peligrosa la Real desde su último triunfo en el Camp Nou (1991).

El partido contra el Bayern fue tan intenso y caudaloso futbolísticamente que merecía un punto y aparte, imposible darle continuidad, y menos en la Liga. Hay que administrar esfuerzos en la línea de medios, totalmente renovada contra la Real, y conviene rotar a los defensas, más numerosos que nunca, incluso sin el lesionado Mathieu. Al Barcelona, en cualquier caso, ya no se le reconoce hoy necesariamente por los volantes sino por sus delanteros, que comparecen en cada partido como el trío arbitral, siempre titulares: Messi, Luis Suárez y Neymar.

El Barça paga los esfuerzos físicos y emocionales del partido ante el Bayern

La duda está en saber cómo se activará Messi. A veces no necesita ayuda y en otras precisa de acompañamiento, cosa que obliga a reparar en los laterales, sobre todo en Alves, o en los interiores: ausente Busquets, el foco estaba ayer en Xavi, porque Mascherano corrige y anticipa más que divide y distribuye como 4. Los centros de Alves le dieron al Barça el ritmo y la velocidad de juego que de salida no aportaban los medios, sorprendidos por la presión alta de la Real, que cedía las bandas y atacaba con dos mediapuntas y un falso nueve como Vela.

A falta de control, el partido discurría de manera divertida, protagonizado por la carga ligera de los ágiles futbolistas blanquiazules y por las intervenciones de Rulli, que en media hora sacó hasta tres remates de gol: uno a Messi, que cabeceó como si fuera César; un segundo a quemarropa de Neymar y un tercero a Piqué. Aunque el juego era discontinuo, no se concedían espacios interiores, se multiplicaban las faltas tácticas y los volantes azulgrana estaban muy parados, las ocasiones goteaban en el área del excelente portero argentino de la Real.

La concentración de Piqué, exigido cada vez que no cerraban bien los centrocampistas del Barça, contrastaba con la dispersión de Suárez y el barroquismo de Neymar. A los azulgrana les faltaba finura o contundencia para acabar las jugadas e intensidad para generar más situaciones de superioridad en la cancha del equipo de Moyes. No ayudaba en nada Adriano y no hubo manera de que los barcelonistas metieran un gol antes del descanso, una situación sorprendente que provocó el mal humor contra el árbitro de jugadores como Mascherano.

El portero de la Real saca en media hora tres remates de gol y brinda un recital

El recital de Rulli continuó en la reanudación cuando sacó un testarazo de Bartra a la salida de un córner botado por Xavi. No aprovechaban los azulgrana la estrategia tantas veces decisiva ni tampoco los pases a media distancia de Messi. No atinaba con el gatillo Suárez, confuso y patoso, también lento, tan impaciente como el Camp Nou. La fe del equipo, sin embargo, es indesmayable, escarmentado desde su derrota con el Málaga. Los barcelonistas perseveraron en el acoso y la recuperación y al quinto toque profundo de Messi llegó el 1-0.

El 10 curvó la pelota, peinó Mikel y cabeceó en el segundo palo Neymar. La Real, sin embargo, respondió con valentía, más estirada que nunca ante la sorpresa del Barça. El encuentro se puso tan incierto que Luis Enrique recurrió a Busquets. Había que recuperar el gobierno y conservar la pelota como demostró en una jugada Xavi. Había mucho nervio en la cancha: El desacierto del árbitro y la ambición de la Real habían destemplado al Barça. Tampoco se entendió la sustitución de Xavi y menos la entrada de Pedro por Rafinha. La contienda entró en punto muerto, sin que consiguiera regular el juego el Barcelona, hasta que despabiló la Real. Aunque apenas tiraron los realistas y los azulgrana llevan siete partidos sin tomar un gol, los muchachos de Moyes se pusieron gallitos y no cedieron hasta que se reivindicó Pedro. Messi colgó la pelota, rechazó Mikel y Pedro se levantó como un gigante de la NBA en un mate de espaldas al aro y desde la altura la clavó. Un gol que valió por el partido. El tridente tiene que hacer un hueco a Pedro en una jornada redonda después del empate del Madrid.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información