Piqué o una cuestión mental

El central recupera el liderazgo e ignora las críticas de Luis Enrique tras su error en Sevilla

Piqué, durante el entrenamiento en el Parque de los Príncipes.
Piqué, durante el entrenamiento en el Parque de los Príncipes.FRANCK FIFE (AFP)

La doctora Bernabeu se desesperaba. “¿Has hecho los deberes, te sabes la lección?” le preguntaba a su hijo, preocupada. Y el niño, Gerard, que apenas había dedicado dos minutos a la tarea, insistía en que sí, en que la lección estaba aprendida. Y para desesperación de la madre, cuando le retaba resultaba que se lo sabía todo, que los deberes estaban hechos. Así que el niño, Gerard Piqué, un superdotado, cogía el balón, de baloncesto o de fútbol y con el derecho ganado a salir a jugar, se iba con los amigos. Y así, tarde tras tarde.

Por eso, nadie en el entorno de Piqué tuvo la menor duda a principio de temporada de que iba a cumplir su deseo cuando avisó de que era su voluntad al pensar en la temporada la de recuperar su nivel y ser otra vez uno de los mejores centrales del mundo. Lo sería porque, sencillamente, era lo quería.

Todo está en la mente, todo depende de lo que quieras ser. No he bajado de peso, no he cambiado los hábitos. Es una cuestión mental” Gerard Piqué

No ha dejado las chocolatinas, no ha perdido el hábito de coger el balón y salir de excursión ni ha dejado de jugar al póker en su casa con los amigotes, pero resulta que ha vuelto a liderar al equipo desde la zaga y que Luis Enrique, que no le dio ni bola al principio, cuando tiraba bombas fétidas en el avión o discutía con la Guardia Urbana al regreso de un partido de la selección, ha claudicado y del palco le ha mandado al césped. Y Piqué, tan feliz y orgulloso.

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“¿El secreto? Todo está en la mente, todo depende de lo que tú quieras ser”, dice el central. “No he bajado de peso, no he cambiado los hábitos, que nadie se monte películas. Sencillamente es una cuestión mental”, asume el jugador de la Bonanova. “Los años me han enseñado que o te cuidas o te desinflas”, dice. Y se cuida y, por encima de todo, se ha puesto las pilas. Está enchufado. “Estoy donde quería estar y, aunque dependemos de los títulos para saber si la temporada será buena o no, es uno de mis mejores años en el ámbito personal. Confiaba en ello al ciento por ciento, sabía que lo conseguiría”, añade.

Sus números este curso van camino de pulverizar los del anterior, y despeja todos los balones a los que no llegaba entonces

“Vamos a ganar la Liga”, escupe por donde pasa, ya sea en el parque por donde juega con sus dos hijos los días que puede, cerca de su casa, o en la puerta del restaurante que se ha comprado en el centro de Barcelona, donde sirven exquisitas hamburguesas, carne escogida con mimo. Tan centrado está que el pasado sábado apenas si atendió las críticas de su entrenador, y eso que le sobraron motivos para enfadarse con Luis Enrique cuando el técnico le señaló como culpable del empate del Barcelona en Sevilla, tras fallar un pase que acabó en gol. El técnico se lo recordó hasta tres veces en la rueda de prensa.

“¡Lleva un año espectacular, como si no tuviera derecho a fallar un pase!”, le defendieron sus compañeros de vuelta a casa, verbalizando el sentimiento de un equipo que sabe de lo mucho que le ha dado al grupo este año y lo mucho que le deben. Acumula 33 partidos, por los 39 del curso pasado, casi ha jugado los mismos minutos, multiplica su eficacia ante el gol (suma cuatro en la Liga), va camino de pulverizar el registro de balones recuperados, y despeja todos los balones a los que no llegaba el año pasado, aunque tiene a Mathieu al lado, con el que está aprendiendo a jugar. “Está que se sale”, dice Iniesta

Está mucho más maduro. No por cómo juega, sino por cómo vive en el vestuario”, dicen sus compañeros

Piqué, que no pudo dormir en toda la noche, pidió perdón a los aficionados como se lo pidió a los compañeros en el vuelo de vuelta, ignoró el trato de su entrenador y valoró los gestos de sus compañeros porque, dicen, se está haciendo mayor. “Está mucho más maduro. No por cómo juega, sino por cómo vive en el vestuario”, aseguran los que a diario comparten con él los entrenamientos.

“Sigue siendo protagonista, pero es diferente, se ha hecho mayor y se nota”, dicen del barcelonés los veteranos. “Gerard es lo que quiere ser y ha decidido liderar al equipo”, admiten. “¿Tienes algún problema conmigo?” le preguntó al inicio de curso Piqué a Luis Enrique, cuando buscó respuesta a su marginación, después de vivir dos partidos seguidos en el palco del Camp Nou y otro en el banquillo, sin recibir explicación alguna del entrenador. “No. Sigue así”, le conminó el técnico. Desde entonces, su relación es tan banal como la que mantiene el asturiano con la práctica totalidad del grupo.

Piqué sabe que siempre será lo que quiera ser. Es su don. En agosto se empeñó en volver a ser el mejor y en ganar títulos otra vez y ahí está. Ha puesto todo su talento en el empeño. Y su talento es tan físico como mental. Por eso la doctora Bernabeu está tranquila. Ya no hace falta que le pregunte mucho, ni en casa ni en el campo. Ha hecho los deberes; y al final, todo es una cuestión mental.

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