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Hasta que se agotó Kroos

El equipo de Ancelotti ahogó a los de Luis Enrique mientras el centrocampista alemán y Modric tuvieron energía para llevar a cabo sus funciones

FC Barcelona - Real Madrid Ampliar foto
Kroos intenta detener un avance de Messi REUTERS

El plan de Carlo Ancelotti suele seguir un patrón regular cuando el Real Madrid visita estadios difíciles como el Camp Nou. Se trata de salir a esperar en campo propio durante los primeros minutos. Pepe, Ramos, Kroos y Modric deben permanecer juntos en un lugar indeterminado entre el balcón del área y el círculo central. Aguantando. Cubriendo. Apretando las líneas para contrarrestar el empuje inicial del adversario y desplegándose con cautela en los ataques.

Hasta que ocurre algo. Algo que indica que el equipo contrario duda. Algo como una distracción. Por ejemplo, una falta de Ramos sobre Neymar que el árbitro no pita, desencadenando una serie de protestas en el público y en el césped. Un momento de confusión.

Entonces, a la voz de Sergio Ramos, todos suben a apretar en maniobras sincronizadas al contrario que tiene la pelota. Eso hizo el Madrid cuando se acercaba la media hora del partido. Traspasar la frontera de la línea media y hostigar a Mascherano, Rakitic, Mathieu o Piqué, según centrocampistas y defensores azulgrana se pasaban el balón intentando buscar una salida viable. La invasión que se sucedió sorprendió a los jugadores locales. Por el camino se evidenció que el Barça de Luis Enrique ha descuidado el trabajo que definió la identidad del equipo. Aquello que lo convirtió en la primera referencia mundial del fútbol: la salida con el balón jugado.

El Barça se sumió en la perplejidad cada vez que debió robar y jugar cerca de su área

“Sabemos a qué jugamos”, dijo Piqué, la víspera del partido. Pero sobre el campo se vieron más incertidumbres que certezas. Más allá del resultado. Más allá de la victoria que deja al Madrid a cuatro puntos en la clasificación a falta de 10 jornadas para que termine el campeonato. El Barça se sumió en la perplejidad cada vez que debió robar y jugar cerca de su área. Ante el desconcierto, los zagueros optaron por el pelotazo. Lo llaman "contragolpe" pero suele ser una escapatoria desesperada. La ausencia de Xavi y Busquets expuso a sus compañeros. Librados a la aparición de Iniesta si querían conectar con Neymar y Messi, de pronto convertidos en náufragos.

El clásico denunció que la estrategia de Luis Enrique se sostiene sobre dos pilares: las previsibles heroicidades de sus maravillosos jugadores y la inferioridad manifiesta de la inmensa mayoría de los rivales que enfrenta. Contra futbolistas importantes esta propuesta no es fiable. En el Camp Nou, la superioridad del Barcelona duró hasta que Kroos, Modric y Benzema se juntaron a jugar.

Casi siempre libre para recibir, Kroos se agigantó con el transcurso de la noche. En lugar de humillarlo, el caño que le tiró Messi en el arranque del partido debió de activarle el gen agonístico. El alemán no dio más tregua. Ahogó a Messi cada vez que el argentino recibió entre líneas. Lo anticipó. Le robó la pelota en un par de jugadas, y se adueñó del partido mientras tuvo piernas para correr. Si el Barça no se desplomó en los momentos críticos fue porque a Kroos se le agotó su energía y a sus socios también. Benzema lleva varias semanas jugando con problemas físicos y Modric no completa 90 minutos desde el año pasado.

Se anunciaba la ruina del Madrid en los días previos al partido. Lo que sucedió fue menos dramático. Ramos, Kroos, Modric y Benzema estuvieron a punto de darle otro vuelco al campeonato.

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