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La aventura de Cruyff en el Levante

Cruyff, durante un partido con el Levante en 1981. Ampliar foto
Cruyff, durante un partido con el Levante en 1981.

Cuando terminaba 1980, Cruyff regresó a Barcelona para un partido en beneficio de Unicef. Formó parte del Humane Stars, conjunto de estrellas que se enfrentó al Barça el 16 de diciembre. Ganó el Barça, 3-2. Aunque también jugaron figuras como Rummenigge, Chinaglia, Platini o Blokhin, el suceso fue Cruyff. Había jugado en el Barça de la 73-74 a la 77-78, con rendimiento espectacular al principio, luego no. De ahí se fue a EE UU, a Los Ángeles Aztecas, después a los Washington Diplomats.

Su partido fue polémico, pues estuvo tan impertinente con el árbitro, el catalán Miguel Pérez, que este terminó por expulsarle. Pero le cubrieron de entrevistas y en ellas reflejó nostalgia por el fútbol europeo. Dijo que deseaba volver. Estaba próximo a los 34 años (cumple en abril), ya no se le veía para el primerísimo nivel, pero aún podría brillar en muchos clubes. Se habló del Espanyol, al que tentaba repetir la operación Kubala. Se habló de Arsenal y Chelsea, de Betis y Sevilla, de un segunda escocés, el Dumbarton, y de un segunda español, el Levante, rumor que nadie tomó en serio.

El crack holandés viajaba con el presidente y exigía un porcentaje de la taquilla al equipo contrario

El Levante estaba en puestos de arriba de Segunda y aspiraba al ascenso. Su presidente era Paco Aznar, un hombre audaz. Animado por un intermediario llamado Luis Rodríguez, inspirador de la idea, y en su compañía, viajó a Ámsterdam a entrevistarse con Cruyff y su suegro, Cor Coster, que llevaba sus asuntos. La idea era que las taquillas del Levante podrían multiplicarse por cinco con Cruyff, que con él subirían seguro y así los 5.000 socios serían 21.000. Aunque se coló una oferta del Leicester, de 5.000 libras por semana (real o inventada por Coster) Aznar no cejó. A finales de enero anunció el fichaje, al que coadyuvó la marca de ropa deportiva local Ressy, que vestía al club. Los términos no fueron públicos. Corrió que cobraría dos millones de pesetas por partido, ficha de diez millones aparte. Y chalé gratis en L’ Eliana. Una copia del contrato publicada en una historia del Levante de 1984 (75º Aniversario) habla de diez millones por todos los conceptos.

El entrenador era Pachín. Cuando se lo dijeron lo tomó a broma. Igual les pasó a los jugadores. Vicente Latorre, presidente de los veteranos del club, recuerda bien el día que Pachín les dijo que venía Cruyff: “Nos parecía una broma. Luego nos hizo una ilusión enorme. ¡Imagínese! Yo era un chaval de 19 años, había entrado el año anterior por la norma que obligaba a dos sub-20 por partido. El primer año, me ponían por cumplir la norma y me cambiaban a los diez minutos. Pero en la 80-81 ya estaba consolidado. ¡Y me iba a ver al lado de Cruyff!”.

Cruyff, con el Levante. ampliar foto
Cruyff, con el Levante.

Cuando llegó, la prensa local le preguntó la diferencia entre el Cruyff Balón de Oro del 71, 73 y 74 y el de ahora. “Ahora soy más listo”, dijo. La afición se sentía feliz. Los socios veteranos recordaban al gran Faas Wilkes, que jugó allí la 58-59.

Su primer entrenamiento llenó el campo del Nou Estadi. Hizo maravillas. Pero con todo a punto para el debut, el 1 de febrero ante el Sabadell, se produjo un chasco. Instada por la AFE, la Federación rechazaba el fichaje en tanto en cuanto el Levante no pagara deudas atrasadas con jugadores, algunos de la plantilla, otros de campañas anteriores. El montante total alcanzaba los 11 millones.

Paco Aznar tuvo que buscar más dinero. Le costó un mes. Mientras, Cruyff regresó a Holanda y retomó los contactos con el Leicester. Al cabo de un mes de suspense, Aznar consiguió el plácet de la federación tras rocambolesca historia de una carta de ida y vuelta a la sede de la AFE, con los pagarés del Banco Internacional de Comercio dentro y la dirección mal anotada fuera. Por fin, a las diez de la noche del sábado 28 de febrero llega la autorización. El domingo, el Levante recibe al Palencia. El Nou Estadi no se llena del todo, quizá porque muchos han dudado hasta última hora si jugaría o no. Pero la taquilla es de cinco millones y medio, muy por encima del millón cien mil, récord de la temporada. La tribuna ha pasado de 800 a 1.200, la general, de 400 a 600. El Levante gana 1-0. Cruyff hace poco. Dos detallitos. La estrella es el árbitro, Orellana, que decide lucirse y expulsa a uno de casa y dos de fuera. El equipo se mantiene segundo, como estaba. Ascendían los tres primeros.

En total, 10 partidos, dos goles. El club pasó de segundo a noveno y no hubo ascenso ni aumento de socios

No se mata en los entrenamientos. La primera salida es a Granada y no va con todos, sino con el presidente, en el coche de éste. Los Cármenes se llena a reventar y gana el Granada 1-0. Pachín tuerce el gesto, porque el reclamo de Cruyff ha producido el llenazo y un ambiente tremendo que ha ayudado al rival. Y el crack no ha hecho nada.

Domingo siguiente, 1-0 ante el Barakaldo, con taquillazo y poca cosa de Cruyff. Un calco del día del Palencia. La situación hace crisis en la siguiente salida, a Vitoria. Pachín lleva al equipo a Tudela para entrenar el sábado. Cruyff va con el presidente, y llega cuando el entrenamiento ha acabado. Luego, expone la pretensión de exigirle al Alavés la mitad de la taquilla, pues entiende que el que llena el campo es él. Zárraga, gerente del Alavés (ex compañero de Pachín en el Madrid) se niega en redondo. Ya en Vitoria, Cruyff decide no jugar y regresa a Valencia con unos reporteros de televisión franceses que habían acudido a grabarle. El Levante improvisa la explicación de que su mujer ha enfermado, y de ahí el regreso. El equipo pierde 1-0. Esa semana es destituido Pachín, al que sucede Rifé, ex compañero de Cruyff en el Barça.

Pachín sospecha: “Yo creo que todo estaba preparado de antemano. Se buscó el momento para quitarme y se aprovechó el revuelo de Vitoria”.

Cruyff, con la equipación del Levante. ampliar foto
Cruyff, con la equipación del Levante.

Rifé debuta con un 2-4 en casa ante el Málaga, luego pierde 2-0 en Cádiz y empata en casa 2-2 con el Oviedo. Ese día, Cruyff marca los dos, que serán los únicos en la triste aventura. El equipo ya ha caído de la zona de ascenso a esas alturas. Luego, doble salida a Madrid, con 0-0 en Vallecas y 2-3 ante el Atlético Madrileño. En casa, 1-0 ante el Castellón. Después, salida a Linares donde, vestido y todo, decide no salir, tras fracasar la negociación por el porcentaje de taquilla. Gana el Linares, 3-1, en medio de bronca gorda. Penúltima jornada, 0-2 en casa ante el Recreativo. La última salida, a Santander, se la fuma, se va a Barcelona a jugar en el homenaje a Asensi.

En total, diez partidos, dos goles. El Levante pasó de segundo a noveno. Fue el cuento de la lechera de Paco Aznar. Las taquillas fueron a menos y no hubo ascenso ni incremento de socios.

Pachín no guarda amargura: “Era un club pequeño. Ahí no podía encajar Cruyff. Pero su llegada movió una ilusión. Lo malo es que no resultó”. Latorre lo recuerda así: “Era un lujo entrenar con él… si le apetecía. A veces llenaba un cubo de agua caliente, se sentaba en el banquillo, metía el pie en él, decía que para curarse el tobillo, y miraba. En cada partido dejaba algún detalle colosal, pero sólo eso. Con Rifé se montó todo al gusto de Cruyff, pero no salió bien”.

El Levante conserva cierto orgullo por aquella aventura. Cruyff jugó en el Levante. Eso no se quita nadie

Para el club quedó un recuerdo agridulce y un agujero económico. A Cruyff aquello no le dio ninguna gloria, pero sí un dinero con el que empezar a reponerse del fracaso de su inversión en granjas, a la que le arrastró un socio desleal. Según cuenta Luis Rodríguez en la historia del club, sólo costó seis millones. Como responsable de la idea, pudo tener la tentación de minimizar el coste. Otras fuentes hablan de dieciocho y hasta más. A saber. Los únicos beneficiados claros fueron los jugadores o exjugadores que gracias a aquello y a la firmeza de la AFE cobraron los once millones que les debían.

En la siguiente temporada, la 81-82, el Levante pierde dos categorías y baja a Tercera por reiterado impago a sus jugadores. Para entonces, Cruyff ya estaba de regreso en el Ajax.

Pero es igualmente cierto que, pasados tantos años, el Levante conserva cierto orgullo por aquella aventura. Cruyff jugó en el Levante. Eso no se lo va a quitar nadie. En el antepalco del estadio, siempre te muestran con satisfacción la foto.

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