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Nakamura se acerca a la cumbre

El estadounidense rebasa la barrera de los 2.800 puntos después de 13 partidas invicto

Nakamura y Mariagrazia De Rosa, el pasado día 5 durante la cena de clausura del torneo de Gibraltar.
Nakamura y Mariagrazia De Rosa, el pasado día 5 durante la cena de clausura del torneo de Gibraltar.

De su inmenso talento no duda nadie, pero sus resultados son –o eran- irregulares. Hikaru Nakamura lleva 13 partidas invicto en 2015, ganó en Gibraltar el abierto más duro del año, ahora lidera en Zúrich a falta de dos rondas, y ha subido al 4º puesto del mundo, muy cerca del 3º. Todo indica que la clave es italiana, y se llama Mariagrazia De Rosa.

"Sí, es verdad que he rebasado los 2.800 puntos por primera vez, pero aún quedan dos rondas y no debo distraerme con eso", explica Nakamura a EL PAÍS por los pasillos del lujoso hotel Savoy tras ganar este lunes al ruso Serguéi Kariakin en una partida espectacular. ¿Ha cambiado algo en su enfoque del ajedrez o en su manera de entrenarse? "No, ambas cosas son iguales que hace un año, pero sí es cierto que ahora disfruto más jugando". ¿Por qué? ¿Tal vez su vida personal está más equilibrada? "Sí, puede ser eso".

Nakamura nació en Japón (Hirakata, 1987) de padre japonés y madre estadounidense, un 9 de diciembre, diez días antes de que Gari Kaspárov fuera campeón del mundo por tercera vez tras ganar la última partida del dramático duelo de Sevilla contra Anatoli Kárpov. La familia se mudó a EEUU cuando el niño tenía dos años; los padres se separaron; poco después, Hikaru quedó a cargo de su padrastro, Sunil Weeramantry, natural de Sri Lanka, quien casi siempre viaja con él a los torneos.

No tardó mucho en ser famoso como niño prodigio. A los 10 años logró la categoría de Maestro, y a los 15 (tres meses más precoz que Bobby Fischer) la de Gran Maestro. Pero su enorme lista de éxitos está trufada con un ingrediente que quizá haya retrasado su llegada a la cumbre: disputaba infinidad de partidas en Internet de un minuto por jugador, una modalidad que muchos entrenadores desaconsejan; él mantuvo esa costumbre durante años, se convirtió en el mejor del mundo en esa faceta, pero su juego en las partidas lentas pecaba de inconsistencia.

Sin embargo, sus admiradores fueron pronto legión, por su estilo agresivo, muy creativo, reacio a los empates rápidos, siempre en disposición de buscar la victoria, aun a costa de grandes riesgos. Todo ello también llamó la atención de Kaspárov, quien en 2011 aceptó la propuesta del gran mecenas actual del ajedrez estadounidense, Rex Sinquefeld, para que se convirtiera en entrenador de Nakamura.

Pero esa relación duró muy poco. Alguien de educación espartana, como Kaspárov, y maximalista, de ambición desmedida, difícilmente puede convivir con un jugador para quien el ajedrez es su profesión pero no su vida. “Me interesan muchas cosas en la vida, quizá demasiadas para que mis resultados no se resientan”, suele explicar Nakamura en las entrevistas. Y una de esas cosas –aparte de la lectura abundante sobre temas muy variados, el deporte, la música, el cine…– es el póquer de alto nivel, al que Nakamura dedicaba semanas entre torneo y torneo de ajedrez. Demasiado para Kaspárov, quien dio al estadounidense por imposible.

Al mismo tiempo, todo el mundo reconocía que el talento de Nakamura era enorme; su facilidad para ver las mejores jugadas y planes en muy pocos segundos es pasmosa. Y sus partidas están casi siempre entre las más seguidas en directo por Internet. Pero los años pasaban, y él seguía entre los diez o quince mejores del mundo, sin dar el salto sustancial que le acercase a la cumbre.

Dado su carácter, probablemente es cierto que Nakamura no ha cambiado nada en su manera de entrenarse –menos que otros colegas de la élite– o de enfocar el ajedrez. Y su respuesta afirmativa sobre si sus éxitos actuales tienen que ver con su vida privada apuntan claramente a Mariagrazia De Rosa, de 26 años, ajedrecista y diseñadora, campeona de Italia 2014, con quien pasa largas temporadas cerca de Nápoles. "Antes pensaba que salir con jugadoras era una mala idea, pero ahora he comprendido que sólo una ajedrecista puede entender muy bien a un ajedrecista", explica el reciente triunfador en Gibraltar, adonde viajó con De Rosa. Ella no está en Zúrich, pero todo indica que sí influye mucho en los éxitos de su novio.

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