Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Genio, caradura y repartos

Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs. Ampliar foto
Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs. afp

09/02 Lunes

Siempre he sido muy fan de Juan Tamariz. No solo por ser un mago de primera categoría, sino por su capacidad para crear un personaje irresistible, entrañable, verborreico, irónico y divertido al que es imposible no rendirte. Su Chantatachán es historia televisiva de este país y en aquellos inicios de los noventa resultaba una cita irrenunciable si querías pasar un buen rato sorprendiéndote con el maestro y sus ilustres invitados. Recuerdo como si fuese ayer el impacto que me produjo la primera vez que vi a uno de ellos, de nombre René Lavand. Era un señor argentino que hablaba con una elegancia superlativa y encadenaba historias hipnóticas al mismo ritmo que movía cartas o cubiletes. Pero lo más asombroso era que René lo hacía todo ¡con una mano! ya que había perdido la derecha con nueve años en un accidente de tráfico. No solo eso, sino que repetía una y otra vez los trucos a una velocidad menor cada vez, concluyéndolos siempre con su frase de marca: “No se puede hacer más lento”. Hoy me he enterado que Lavand murió el sábado pasado a los 86 años de edad y me he pasado un buen rato viendo vídeos suyos de los muchos que hay por la red. Y como hizo aquella primera vez, me ha vuelto a envolver con su verbo florido, sus imaginativas historias, su mágica mano y por supuesto, su coletilla final. Y a cada “no se puede hacer más lento” me ha dado pena su marcha.

René Lavand. / PRODUCCIONES52TV

Pena, pero de otro tipo, da la confirmación que las autoridades dan por perdidas las bolsas de sangre de la Operación Puerto. En 2006 saltó la liebre y en 2013 hubo una sentencia que indignó a casi todos y de la que salieron de rositas demasiada gente. La fiscalía la impugnó inmediatamente, y su portavoz, Eduardo Esteban, dijo: “Si se destruyen las bolsas de sangre, se sentaría un peligroso precedente de impunidad para los deportistas que se dopen”. Bueno, pues hoy, dos años después de aquello sabemos que las bolsas ya no sirven para nada.

El comportamiento es el elemento más poderoso de comunicación. Ante el bla bla bla, los hechos dan y quitan razones e intenciones. Como decía aquel, el ruido de lo que haces no me deja escuchar lo que dices. Desde hace mucho tiempo a demasiada gente se le ha llenado la boca de ese concepto tan manido de tolerancia cero ante el dopaje. Pero a día de hoy lo que nos cuenta la historia dista bastante del cero, pues han sido unos cuantos casos donde se ha actuado con poca firmeza, encubriendo más que descubriendo. Eso sí, cuando desde algún lugar fuera de nuestras fronteras se desliza una sospecha, ahí salimos como Fuenteovejuna, todos a una contra el agresor.

10/02 Martes

Alicia Sánchez-Camacho, lídel del PP catalán. ampliar foto
Alicia Sánchez-Camacho, lídel del PP catalán. ep

Dice Toni Martínez en su siempre recomendable crónica en Todo por la Radio que España tiene un problema de corrupción, pero sobre todo de caraduras. Viene al hilo de lo dicho hoy mismo por Alicia Sánchez Camacho después de escuchar un nuevo “yo ni vi nada ni sabía nada”, todo un clásico de estos tiempos, en esta ocasión por parte del presidente de la Generalitat, Artur Mas, al hilo de los tejemanejes de la familia Pujol. Según la presidenta del PP catalán, el no saber nada de los casos de corrupción que campaban a sus anchas a su alrededor le incapacita para seguir siendo presidente. De la Generalitat, por supuesto, que si se trata del partido que actualmente gobierna este país, estar en la inopia exime. No puedo más que exclamar otro ole, ole y ole. Cuando ya crees que lo has escuchado todo, cuando te has vacunado del “y tu más” o de lo de la paja en ojo ajeno y la viga en el propio, todavía aparece alguien que es capaz de rizar el rizo. ¡Qué fenómena!

Si Sánchez Camacho ha sido la fenómena del día, el fenómeno hay que dárselo, por otras razones, a Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs, que ha alcanzado las 1.000 victorias en su carrera. Ya he recomendado en este diario la visión del documental Champions Revealed, donde, a través de una conversación entre Popovich y sus tres mosqueteros —Parker, Ginobili y Duncan—, se reflexiona sobre el éxito de una franquicia ejemplar. Mucho ha cambiado Popovich desde su etapa militar que hacía a Andrés Montes soltar una de sus frases legendarias. “Teléfono rojo, llamando a Moscú”. La edad le ha sentado muy bien y el reconocimiento que conlleva el alcanzar una cifra tan relevante adornada con cinco anillos resulta totalmente merecida.

Primera parte del documental 'Champions Revealed'

La cifra del día es esta: 6.900 millones de euros. Es lo que pagará Sky y BT por los derechos de televisión de la Premier en los próximos tres años. Como las comparaciones son odiosas pero inevitables, la noticia ha puesto otra vez en solfa lo que ocurre con la liga española. No solo por la diferencia de montante económico cuando ambas pelean por ser la mejor liga del mundo, sino por cómo se reparten los dineros en un lado y en otro. En Inglaterra se negocia conjuntamente, la distribución es mucho más equitativa, y hasta el último de la competición se lleva al zurrón más de cien millones. En España es todo lo contrario. Cada uno ha hecho la guerra por su cuenta, Real Madrid y Barcelona se lo quedan casi todo y a los menos lustrosos no les da ni para pagar la electricidad. Las consecuencias de esta tremenda desigualdad son evidentes y su efecto es claramente pernicioso, pues provoca que la distancia entre dos equipos y el resto sea cada año mayor, además de impulsar una constante fuga de talento hacia las islas. Puede que la diferencia entre unos y otros sea que mientras allí existe una visión global del negocio, aquí se sigue jugando al sálvese quien pueda.

Pero para visiones aterradoras, la de la nueva cara de Uma Thurman, aspirante a sustituir al Joker sin necesidad de maquillaje en la próxima película de Batman. Joder, pero qué les pasa por la cabeza a esta gente.

11/02 Miércoles

La jugadora de bádminton Carolina Marín. ampliar foto
La jugadora de bádminton Carolina Marín. AFP

Hay que reconocer que este país es como el patio de mi casa, muy particular. El deporte no es ajeno a la crisis económica, y federaciones y clubes se afanan como pueden para conseguir recursos en una tesitura complicada. Y he aquí que al hilo de los triunfos de Carolina Marín, campeona del mundo de bádminton, esta institución recibe ofertas de patrocinio impensables antes de la aparición de Carolina. Una buena noticia, sin duda. Ahora bien, lo mismo que ocurre en lo comentado ayer con el fútbol, llega el momento de decidir el reparto, en este caso entre la federación y los deportistas, habitual conflicto que gravita sobre el valor de los derechos de imagen. Se ponen a discutir, no llegan a un acuerdo y el equipo español no acudirá al Europeo de Bélgica del próximo mes de marzo. Dicen que un buen negociador es el que permite que el último euro se lo quede la otra parte. No parece este el caso, por lo que a la noticia buena y se le une otra mala. El bádminton genera recursos , pero las partes no se ponen de acuerdo. Al final, o al menos por ahora, todos terminan perdiendo.

“Soy palestina, árabe, cristiana, mujer y juego al fútbol”. Con esta carta de presentación, la historia que viene a continuación no puede ser un camino de rosas. Y no lo fue, como cuenta Honey Thaljieh, fundadora y primera capitana de la selección femenina de fútbol de Palestina, que ha presentado en Bilbao el documental Los rebeldes del fútbol 2, que recoge las complicadas vidas de cinco figuras que se erigieron como héroes sociales a través del fútbol. Leyendo las peripecias vitales de Honey uno se reconforta con la capacidad del ser humano en superar todos los obstáculos para perseguir sus sueños y anhelos. A veces se le da al deporte relevancia y capacidades para mi gusto excesivas, pero sí que es verdad que a través de historias como las de esta mujer tienes que reconocer que puede llegar a ser un ejemplar vehículo de entendimiento o superación de barreras de todo tipo.

Neymar falla un penalti en el encuentro ante el Villarreal. ampliar foto
Neymar falla un penalti en el encuentro ante el Villarreal. AS

La jornada termina con cuatro equipos peleando por superar el último obstáculo que les separa de la final de la Copa del Rey futbolera. El Barça sigue de dulce y encarrila su camino. Viven tan felices que hasta Messi le deja tirar un penalti a Neymar, que no corresponde a la cortesía de su compañero y lo falla. En San Mamés por su parte, el Espanyol da primero y el Athletic lo tiene complicado. Tengo sentimientos encontrados. Por un lado deseo que los leones hagan la machada en Cornellá, pero el futuro lógico me presenta al Barça como rival en la final. Y claro, uno ya estuvo en Valencia en el 2009 (1-4) y en el Calderón en 2012 (0-3). La pregunta es inevitable. Con lo que nos cuesta llegar a una final, ¿por qué nos tiene que tocar siempre el Barça?

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información