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Momento Iniesta

El Barça abate al Villarreal en un partido en el que sobresalen las acciones individuales azulgrana como los claroscuros de Ter Stegen y un penalti fallado por Neymar

Iniesta marca para hacer el 2-1 ante el Villarreal. Ampliar foto
Iniesta marca para hacer el 2-1 ante el Villarreal. Getty

Los detalles iluminaron un partido escaso de fútbol y de pasión, desfigurado, cosa sorprendente en la Copa, y más si se tiene en cuenta el antecedente que protagonizaron ambos equipos en la Liga. El delicado pie derecho de Iniesta, la mano izquierda prodigiosa de Ter Stegen, los puños también del meta alemán, la cabeza de Piqué, las robustas piernas de Suárez y el penalti fallado por Neymar certificaron el protagonismo y superioridad del Barça ante un prudente y desafortunado Villarreal, convertido en espectador, superado por una muy mala noche, embrujado por Iniesta.

Barcelona, 3-Villarreal, 1

Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué, Mathieu, Jordi Alba; Rafinha (Rakitic, m. 68), Mascherano, Iniesta; Messi, Luis Suárez y Neymar. No utilizados: Masip; Busquets, Xavi, Pedro, Bartra y Adriano.

Villarreal: Asenjo; Mario, Musacchio, Víctor Ruiz, Costa, Jonathan Dos Santos (Rukavina, m. 53), Pina, Bruno (Trigueros, m. 32), Cheryshev (Moi Gómez, m. 73); Giovani y Vietto. No utilizados: Juan Carlos; Dorado, Gerard Moreno y Campbell.

Goles: 1-0. M. 41. Messi. 1-1. M. 48. Trigueros. 2-1. M. 49. Iniesta. 3-1. M. 64. Piqué.

Árbitro: Hernández Hernández amonestó a Pina, Víctor Ruiz, Musacchio y Luis Suárez.

Camp Nou. 57.378 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Udo Lattek.

El capitán fue el único jugador que tuvo una cierta continuidad en el partido y ya se sabe que Iniesta es un futbolista de momentos, cada vez más integrado de todas maneras en un equipo poderoso físicamente, muy fuerte ante el delicado Villarreal. El manchego sobresalió más que Messi y que Neymar, que certificó su mal partido con un penalti fallado, concedido polémicamente por el árbitro y entregado sorprendentemente por el 10, seguramente para que se resarciera Neymar. El más laborioso, como de costumbre, fue Luis Suárez, presente en dos de los goles y también en el penalti de Muscacchio. Hubo más esfuerzo y seriedad que brillantez en un choque triste, de poco vértigo y arrebato, sin las anunciadas transiciones que casi siempre presiden los Barcelona-Villarreal.

Marcelino gestionó la ida de las semifinales de la Copa con la misma alineación que planteó en la Liga: no le funcionó. También insistió Luis Enrique con Rafinha y prefirió a Mascherano como volante central en lugar de Busquets, circunstancia que provocó la entrada de Mathieu: le salió más o menos bien. Quería el técnico ganar consistencia y anticipación frente a un rival que se despliega velozmente y compensaba la pérdida de línea de pase en la salida del balón desde su área con la presencia de Ter Stegen.

La hinchada ya se sabe de memoria que el entrenador habitualmente rota a los medios desde que la divisoria se ha convertido en una zona de paso, terreno para maratonianos, muy exigente físicamente para los interiores, siempre a disposición del trío de delanteros, especialmente del extremo derecho ocupado por Messi. Ahora mismo el punto neurálgico del juego está en la zona del extremo derecho, desde donde se arranca el 10, más importante que el puesto de medio centro o de volante derecho en ausencia de Xavi.

La cabeza de Piqué y el penalti fallado por Neymar certificaron el protagonismo local

Ambos equipos ganaron en consistencia y se negaron en ataque, sobre todo el Villarreal, exclusivamente pendiente de su gran organización defensiva, acampado en su campo, sometido por el Barça. Al dominio azulgrana, sin embargo, le faltaba profundidad y precisión, sólo Iniesta armaba el último pase y cuando su regate generaba situaciones de superioridad y eliminaba a rivales como Bruno, entonces no atinaba Messi. El 10marró dos tiros sencillos en su manual de prestidigitador y no aparecía Neymar.

Las ocasiones escaseaban y apenas había emoción, resumido el partido en un pesado diálogo entre la delantera del Barça y la defensa del Villarreal. Los azulgrana tienen dificultades para manejarse en el ataque estático, excesivamente lentos en la circulación de balón y la ejecución de la jugada, más cómodos en la presión colectiva y en el robo de la pelota, como se apreció en el 1-0. Apretaron Iniesta y Neymar en la línea de tres cuartos, se venció malamente Musacchio ante el acoso de Suárez y la asistencia del uruguayo la remató a la red Messi.

Los detalles iluminaron un duelo escaso de fútbol y pasión. El más laborioso fue Suárez

La combinación no funcionó en cambio cuando el pasador fue el 10y el rematador el 9. Marró el remate Suárez a centro de Messi y tampoco supo poner la bota a un centro cruzado de Iniesta. El apretón fue tan intenso que el Villarreal sólo pudo montar una de sus célebres contras por más que Marcelino insistiera a sus jugadores que salieran en busca de Ter Stegen. El portero sacó una mano prodigiosa junto a su palo izquierdo ante un tiro de Vietto, habilitado por Cheryshev después de una gran conducción de Giovani.

A una intervención excelente como epílogo del primer tiempo siguió una gran pifia en el inicio de la segunda parte por parte de Ter Stegen. Trigueros agarró un rechace y sorprendió al meta, paralizado, espantando moscas a puñetazos, sin que nadie supiera muy bien qué había visto, traicionado por el efecto del cuero. Al rescate del guardameta acudió de inmediato Iniesta, definitivo en quitar la pelota al contrario, en tirar la pared con Suárez y en aprovechar el rebote de Mario.

La intensidad se acabó con el 2-1. El partido decayó sin que nadie se lo explicara en el medio vacío Camp Nou. No extrañó que el 3-1 llegara a la salida de un córner botado por Messi y rematado por Piqué, señal del interés del Barça y también de las desatenciones del Villarreal. Ya no hubo más noticia que las escaramuzas de los de Marcelino y el penalti fallado por Neymar. Musacchio forcejeó con Messi con la mano después de una dejada de Suárez y el árbitro pitó penalti ante la sorpresa del Villarreal. Messi se desentendió de la jugada y entregó el cuero a Neymar. Asenjo le paró el tiro al 11y ya nadie prestó más atención al partido sino que se discutió por qué el Barça dejó el pase a la final en el alero cuando Messi delegó sobre el punto de penalti en Neymar. Un detalle más a juego con una noche con mucha presión defensiva y menos lucidez en ataque, condicionada por el partido de vuelta en Villarreal.

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