Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Atlético da un repaso colosal al Madrid

El líder, sin actitud ni aptitud, sucumbe ante un rival extraordinario y con el fútbol por bandera

Tiago celebra el primer gol. Ampliar foto
Tiago celebra el primer gol. AFP

La cantinela de la intensidad mal entendida y otras gaitas dejó paso al fútbol, expresado de maravilla por un Atlético que se impuso en todo al Real Madrid, en cada asalto, en cada batalla o batallita y, sobremanera, en el juego. No hubo barricadas, hubo fútbol del bueno y todo él fue rojiblanco. Del Madrid, ni media palabra, le faltó tanta actitud como aptitud, de lo que estuvo sobrado el cuadro colchonero. El líder quedó subyugado por su vecino, que le dio un repaso al que asistieron impasibles sus dos actores principales, Bale y Cristiano, que capitularon desde el calentamiento.

Un síntoma de lo que fue el Madrid: entre las dos celebridades, un remate, por decir algo, obra de Cristiano pasada la hora de partido. El barbecho más absoluto, la primera vez que el Madrid no marca, lo peor de la era Ancelotti. Enfrente, el Atlético fue un certamen de fútbol con mayúsculas, un convoy de mosqueteros que sudaron como regaderas, de centinelas subsidiarios que se dejaron el alma cada décima de segundo. Y, por encima de etiquetas, un equipo que jugó de forma primorosa en corto y en largo, sin una mala patada a la pelota, a la que fue el único que le hizo carantoñas. Su timbre de autoridad fue incontestable.

Los rojiblancos jugaron de forma primorosa en corto y en largo

Seis derbis consecutivos lleva el Madrid sin superar al Atlético, que esta vez no dejó rendija alguna al más mínimo reproche. En la “bombonera” del Manzanares, con ese motor de emociones que le llega desde la grada, fue un vendaval de principio a fin ante un adversario de paso, sin hueso, tan moroso que hasta fue incapaz de defender ni los saques de banda. Nada tuvieron que ver las bajas madridistas, el talante no fue el adecuado. Lo contrario que en el Atlético, que no desfallece ni cuando pierde a un futbolista del calado de Koke, lesionado a los ocho minutos. Justo al tiempo que a Godín le chorreaba sangre por la nariz.

Atlético, 4-Madrid, 0

Atlético: Moyá; Juanfran, Miranda, Godín, Siqueira; Tiago, Gabi, Koke (Saúl, m. 10) (Raúl García, m. 71), Arda Turan; Griezmann (Torres, m.76) y Mandzukic. Sin utilizar: Oblak, Giménez, Suárez, y Gámez.

Real Madrid: Casillas; Carvajal, Varane, Nacho, Coentrão; Khedira (Jesé, m. 45), Kroos, Isco (Illarramendi, m.68); Bale, Benzema (Chicharito, m.73) y Cristiano. Sin utilizar: K. Navas, Llorente, Silva y Arbeloa.

Goles: 1-0. M. 13, Tiago. 2-0. M. 18. Saúl. 3-0. M. 66. Griezmann. 4-0. M. 89. Mandzukic.

Árbitro:Fernández Borbalán (C. Andaluz). Amonestó a Gabi, Arda Turan, Raúl García, Godín, Mandzukic del Atlético y a Kroos y Jesé por parte del Real Madrid.

Vicente Calderón, 54.000 personas.

El Atlético es de mármol, y en su despegue fulgurante pasó por encima del Madrid, retratado muy pronto en el gol de Tiago. Cristiano se desentendió de Juanfran en su avance por el costado derecho y nadie blindó a un tipo como Mandzukic dentro del área. El exjugador del Bayern tuvo tiempo para asistir muy bien a Tiago, al que, por supuesto, no hubo nadie que le hiciera cosquillas en su incursión hasta el borde del área. Para colmo, Casillas tuvo manos de plastilina, para cachondeo de la hinchada local, que coreó el nombre del capitán blanco. El Atlético arrasaba a un Madrid impasible en todas las zonas. Si CR se hacía el remolón por su orilla –se le llegó a ver sentado en el césped mientras envidaban los contrarios por su banda-, lo mismo Bale por la suya. Por su vía de tránsito, Siqueira, en su mejor encuentro como colchonero, fue un martillo. Él remó por la izquierda para hilar con Saúl, que se sacó de la chistera un disparo de chilena para enmarcar. Todo el Atlético estaba para encuadrar.

Los de Simeone encontraban las espaldas madridistas con una facilidad pasmosa. El medio campo era colonia colchonera. Kroos, Isco y Khedira naufragaban ante la columna de centrocampistas rojiblancos, siempre auxiliados por los laterales y por los conmovedores Griezmann y Mandzukic. Mientras, los de la “BBC” estaban de mirandas. La entrega de los dos delanteros locales fue enternecedora, pero su derroche físico en nada perturbó su fabulosa puesta en juego. El croata certificó punto por punto las claves de su fichaje, descolgó una y otra vez cada pelota que le llegó, las posibles y las imposibles, resguardó el balón a la espera de la caballería y, en ocasiones, él mismo fue todo un regimiento. Más sutil, lo mismo que Griezmann, cuya crecida es total. De punta a punta, cada rojiblanco se ganó todo tipo de elogios. Cabría excluir a Moyà, al que el Madrid apenas exigió una salida de puños y poco más. En el primer acto, solo un fogueo, un tirito de Benzema que murió a pies de Miranda. No había Madrid por ningún sitio y suerte para él que el árbitro no apreció penalti en un claro despeje con la mano de Khedira.

El dictado se mantuvo tras el intermedio, en el que otro invisible, Khedira, dejó paso a Jesé. Lo mismo dio. La tarde era de Arda y los suyos, que no dejaban la corneta ni a tiros. Tras cargar con una cadena de tarjetas por protestas –incluido Raúl García mientras calentaba-, Simeone ordenó templanza, cerebro, y el Atlético regresó al fútbol, que en esta jornada era lo suyo. Sin muescas madridistas, Arda conectó con Saúl, que antes de que le diera un mal aviso la rodilla izquierda, conectó con Griezmann, que se la birló a un Varane en las musarañas. Mandzukic, ya con Torres de socio, encontró su broche en el cuarto gol de la tarde, un cabezazo en plancha con los zagueros visitantes en la Luna. Un brindis que el ariete se ganó con creces.

Concluida la zurra, con el campeón de nuevo en la pomada y el Barça a tiro, el Madrid precisará una profunda revisión. Ha perdido fútbol a chorros y Cristiano, tantas veces redentor en jornadas de apagones, se clavó en el Balón de Oro y aún no ha vuelto. La aptitud puede abandonar al más grande durante rachas, pero el temperamento y el carácter son innegociables, no se entrenan, de origen van grapados en el escudo. Bien lo sabe el vestuario de Simeone, cuyo equipo hizo la enésima demostración. Y, esta vez, con el fútbol por bandera.

Más información