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Orgullo ‘Hispano’

Los de Cadenas resisten al brazo de Markovic y a Qatar (25-28) y acarician el primer puesto del grupo tras su reacción ante el anfitrión

Jorge Maqueda celebra uno de los goles de España Ampliar foto
Jorge Maqueda celebra uno de los goles de España REUTERS

Qatar, ese prefabricado, es toda una realidad. La selección dirigida por Valero Rivera extenuó a los hombres de Manolo Cadenas, que cuanto más se inclinó el terreno y más fea se puso la cosa, más supieron dar. Olvidados los titubeos y exigidos por el despliegue rival, con el agua al cuello, volvieron a esa esencia campeona que les llevó hasta la corona hace dos años. A remolque una buena parte del pulso, supieron revolverse y reaccionar. Ahora acarician la primera plaza de su grupo –puede permitirse el lujo de caer ante Eslovenia, su último rival en la fase de grupos, por dos goles­–. Se repuso pese la bravata de la anfitriona. Y es que ya lo dicen: saber sufrir, sabe ganar.

Qatar, 25-España, 28

Qatar: Stojanovic; Al-Karbi (1), Benali (-), Mabrouk (-), Capote (5), Mallash (1) y Madadi (1) -equipo inicial- Saric (ps), Markovic (10, 2p), Roine (-), Murad (1), Memisevic (1), Damjanovic (1), Hamdoon (-), Hassab Alla (4) y Zakkar (-).

España: Sierra; Víctor Tomás (6, 3p), Maqueda (3), Raúl Entrerríos (1), Cañellas (4), Rivera Folch (7, 1p) y Aginagalde (4) -equipo inicial- Pérez de Vargas (ps), Rocas (-), Ugalde (1), Andreu (-), Chema Rodríguez (-), Morros (-), Antonio García (-), Gedeón Guardiola (2) y Dujshebaev (-).

Marcador cada cinco minutos: 1-2, 2-4, 4-5, 5-6, 7-8 y 10-8 (Descanso) 14-12, 17-15, 18-18, 21-21, 24-24 y 25-28 (Final).

Árbitros: Stoijkovic y Nikolic (SRB). Excluyeron por dos minutos a Zakkar por Catar; y a Rocas, Morros (2), Chema Rodríguez y Gedeón Guardiola por España.

Lusail Hall de Doha: Unos 7.000 espectadores.

Al subir el telón, todo fueron buenas formas. El saludo entre Cadenas y Valero fue gélido, un simple apretón de manos. No así el del seleccionador catarí con el resto del cuerpo técnico. Un abrazo por aquí, otro achuchón por allá, que para algo había llegado con dos horas de antelación al pabellón, otros días una cámara frigorífica en la que se podía escuchar hasta los susurros. Esta vez no. Esta vez fue una caldera ruidosa, pero de las que no molestan a los vecinos. Todo lo contrario. Más de tres cuartos del aforo completo –en el Lusail Multipurpose Hall caben 15.000 espectadores­­–, ruido, color, incluso olas de los aficionados. Ebullición. Ahora sí. Qué gustazo. Por fin.

El caso es que por eso de corresponder al protagonismo que había suscitado en la previa su apellido, Rivera júnior quiso llamar la atención. El primer balón que llegó a sus manos acabó en gol. Y el segundo. Y el tercero. “¡Maldita sea!”, mascullaba su padre desde la banda. Hijo, esto no se hace, debió de pensar. Se desgañitaba el sénior, de aspaviento en aspaviento, in crescendo conforme la diferencia de España menguaba y los suyos se crecían. El portero Stojanovic, colosal, punteó la picaresca de Rivera desde los siete metros y, a partir de ahí, Qatar reventó como un volcán.

Hassab Alla hacía daño por el pasillo de en medio y Al Karbi generó un bramido en las gradas con un lanzamiento de rosca que parecía que se iba al garete y al final decidió cambiar de trayectoria. Sierra, el hombre, hizo lo que pudo en este primer acto. Detuvo un mano a mano con Madadi, pero acto seguido Stojanovic hizo ver que él no iba a ser menos enfrente de Víctor Tomás. Del 7-8 a favor de España se pasó al 9-8 para Qatar.

Rugidos y decibelios. Un ambiente sensacional. La anfitriona va en serio, muy en serio. Tiene mimbres, a golpe de billetera e importación –ocho de sus jugadores, la mitad, son extranjeros–. Pero los tiene. Y en la banqueta, al mejor mariscal. Valero y sus jugadores pusieron el cepo y España cayó en la trampa. No funcionaba el 6-0 defensivo. Había demasiadas rendijas y Markovic (10 goles), un mazo desde el lateral derecho, con el 1 a la espalda, lo pudo aprovechar.

Bonito espectáculo, hasta que el árbitro puso un borrón. Cañellas, ese genio en slow motion, se inventó un rectificado sobre la bocina. El balón golpeó la red, pero incomprensiblemente el tanto no subió al marcador. “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Lo habéis visto?”, exclamaba Maqueda desde el banquillo, en dirección a la tribuna de prensa. “¡Apuntadlo, apuntadlo!”, insistía a los periodistas españoles.

Cañellas lanza un golpe franco ampliar foto
Cañellas lanza un golpe franco

El paso por el vestuario no alteró mucho el panorama. Markovic, un látigo con una carrocería descomunal, golpeaba una y otra vez. No podían frenarle. Ni Viran, ni Maqueda, ni Guardiola. No había manera. Nada. Encima se enchufó el cubano Capote, incisivo en las penetraciones. Cadenas lo rumiaba sentado, mientras que Valero miraba al videomarcador. 17-14, mal asunto para España. Fue Víctor Tomás (6/6) quien sacó la garra y Valero (7/10) júnior quién más percutió.

Se equilibró la balanza hasta el 20-20 y Maqueda, todo casta, sacó el brazo de paseo. Guardiola, de brazos kilométricos, dibujó un bloqueo y le siguió el juego Tomás a la carrera, certero una vez más. 24-25. Vaya sufrimiento. La situación exigía un golpe de efecto y por eso Cañellas se inventó un par de trucos. También demandaba gladiadores y, en ese contexto de brega, ahí apareció Aginagalde en el pivote. Uno, dos, tres cuatro tantos en los últimos seis minutos. El vasco, anulado hasta ese momento, emergió porque él lo sabe. Es fundamental.

Resistió España la embestida. Firme, con mucho pundonor, sin volver la cara. Esto es un Mundial. La retaguardia mutó en un 5-1, en avanzado, y la cosa cambió. Volvió el muro. España volvió por fin a ser España. Volvió el orgullo Hispano. Cuando estaba sometida, contra las cuerdas, supo defender, supo sufrir, supo ganar. Nadie dijo que esto fuera fácil. Los Rivera se fundieron en un abrazo, padre e hijo. Qué hermosísimo final.

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