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“En el balonmano somos duros, pero muy nobles”

David Barrufet posa en las instalaciones del FC Barcelona. Ampliar foto
David Barrufet posa en las instalaciones del FC Barcelona.

Pese a que su apellido aluda a un pitufo, en catalán, David Barrufet (Barcelona, 44 años) es uno de los mayores gigantes de la historia del balonmano. Después de 25 años bajo los palos, ejerciendo el duro oficio de la portería, ahora disfruta entre normativas y leyes, como miembro del departamento jurídico de su club de toda la vida, el Barcelona. Atrás quedan más de 70 títulos y un sinfín de paradas prodigiosas. Guardián eterno del marco azulgrana y el de la selección, cuya camiseta vistió más veces que nadie (280) y con la que elevó la primera Copa del Mundo en 2005, en Túnez, hará un paréntesis para desplazarse hasta Qatar y presenciar desde la barrera el Mundial que arranca este jueves.

Pregunta. ¿Por qué eligió ser portero?

Respuesta. Por casualidad. Cuando tenía ocho años, en un entrenamiento, nadie quería recibir balonazos. Yo dije: ya me pongo yo por un ratito. Ese ratito se alargó y se alargó... hasta los 40. Cuando estás ahí abajo sientes algo especial. El balonmano es un deporte colectivo, pero el portero tiene un componente individual decisivo. Si fallas, lo acusa todo el equipo. La portería engancha, tiene una dosis extra de adrenalina. Es el puesto más importante. Tú puedes meter muchos goles, pero si tu portero no para bien, no ganas.

P. Creció a la sombra de Lorenzo Rico, su ídolo.

R. Fue fantástico. Llegué al primer equipo cuando era un pipiolo, con solo 18 años, y ahí estaba él. Era el portero del Barça, de la selección, uno de los mejores del mundo. Me dijo que yo sería su relevo y le dije: no me vaciles tío, que acabo de llegar. Él lo vio clarísimo y afortunadamente acertó. Fue mi maestro, el mejor que he visto.

La portería engancha, tiene una dosis extra de adrenalina. Es el puesto más importante"

P. ¿Qué le aportó el balonmano?

R. Me dio mucha disciplina. Yo, por ejemplo, adquirí la responsabilidad de la portería y traté de mantenerla hasta el último día. Aprendes la cultura del esfuerzo y la superación, el compañerismo, el respeto por el del al lado y por el contrario... Es el deporte más completo que hay: saltas, corres, ganas destreza con manos y piernas... Y al ser colectivo también actúa como factor socializador.

P. ¿Qué significa Valero Rivera para usted?

R. Para mí lo es todo. Primero fue mi profesor en Educación Física y luego me llevó al Barça cuando tenía 14 años. Fue el que me enseñó un montón de cosas, casi todo lo que sé. Me inculcó mucho valores. Creo que de su mano Qatar hará un buen papel.

P. Junto a él lo ganó todo. ¿Puede llegar a convertirse la victoria en algo rutinario?

R. Ganar nunca cansa. Lo aprendes desde pequeño: cuando ganas te lo pasas bomba, si no... Responde al instinto de superación. La gente que dice lo contrario es porque no está acostumbrada a competir. La exigencia empieza por uno mismo. Si tú no te exiges el máximo, por mucho que lo hagan desde fuera, nunca vencerás. Los ganadores se hacen poco a poco. Hombre, tienes que tener un chip especial, pero el ganador nace en casa, en tus padres y tu educación, en tus amistades.

Ganar nunca cansa. Los ganadores se hacen poco a poco. Tienes que tener un chip especial, pero el ganador nace en casa"

P. ¿Qué tal se llevaban en el Dream Team?

R. Teníamos un gran equipo y nos respetábamos, pero no todos éramos amigos. Lo que teníamos claro es que cuando salíamos a la pista el objetivo era el mismo y competíamos como bestias. Y tenías que ver los entrenamientos... Pero una vez que se acababa el partido cada uno se iba por su cuenta o con sus colegas.

P. ¿Qué momento de su carrera recuerda más?

R. Hay dos. El primero cuando ganamos la Supercopa de Europa en el Palau, en diciembre de 1998, justo antes de la muerte de mi hermano Jaume. Fue muy duro y emocionante. El otro fue el día de la retirada: todo el mundo en pie, con camisetas amarillas... Después, ver cómo colgaban el 16 en lo alto del pabellón... Intenté darlo todo y corresponder al cariño que siempre me brindaron. Esa camiseta me recuerda que debo seguir siendo yo mismo.

P. Logró compaginar la élite con el Derecho. Es una excepción...

R. Desgraciadamente sí, pero debería ser lo habitual. El deportista es una persona que dispone de muchísimo tiempo libre. Entrenas un par de horas a la mañana y otras dos por la tarde, y en los viajes puedes aprovechar para coger los libros. A mí me gustaba estudiar y tenía claro que quería ser abogado. Quería formarme, porque la carrera del deportista acaba pronto y de las rentas del balonmano, lamentablemente, no puedes vivir. Hay que tener un plan B.

Barrufet, durante la entrevista con EL PAÍS. ampliar foto
Barrufet, durante la entrevista con EL PAÍS.

P. Jugó con los mejores. ¿Con quién se queda?

R. Sería imposible elegir. Tengo la suerte de haber hecho muchos y muy buenos amigos con el balonmano. De todos con los que jugué aprendí y me llevé algo positivo. Respetaba a todos los rivales como si cada uno de ellos fuera el mejor del mundo, del primero al último. Si no los respetaba y no lo hacía así, me hacían goles más fácil.

P. ¿Por qué está el balonmano tan olvidado?

R. Pasa por un mal momento, como toda la sociedad. El problema es que es un deporte que vive mucho de las subvenciones y de sponsors de constructoras e inmobiliarias. Y, claro, ahora mismo no tienen dinero. Esto nos tiene que servir para replantearnos las cosas. Ahí está el ejemplo de Francia, que atravesó un momento muy difícil y después consiguió rediseñar la liga y crear un campeonato de gran nivel. Si estamos así es porque no se han hecho las cosas como se deberían haber hecho, aunque ahora tanto la Asobal como la Federación están encauzándolo mejor. Debemos esperar a que le reacción venga y que nuestro deporte vuelva a ser el que era.

P. Pero es el tercero federado por equipos con más licencias (92.000) en España. ¿Qué se ha hecho mal?

R. El balonmano es un deporte espectacular. El primer error que hemos cometido es el televisivo. Antes emitían nuestros partidos en la televisión pública y después los trasladaron a la de pago, que tiene una realización magnífica, pero no es la que ve todo el mundo. Cuanta más gente nos vea, mejor. La gente que va al pabellón y ve un partido en directo disfruta como en pocos deportes. A la gente le gusta muchísimo. Es un deporte de contacto, pero sano. Somos duros, pero muy nobles. Y encima se meten muchos goles, y el aficionado lo que quiere son goles. Seguro que es mejor un 35-30 que un 1-0, ¿no?

Respetaba a todos los rivales como si cada uno de ellos fuera el mejor del mundo. Si no me hacían goles más fácil"

P. Ya , pero la Asobal se ha amateurizado. El Barça arrasa.

R. Ojo, no es tan fácil como parece, aunque es cierto que el nivel competitivo ha bajado mucho. No es fácil porque si piensas que eres tan superior empiezas a relajarte, y eso el Barça no lo ha permitido. Todos echamos de menos a otros equipos históricos, a un Teka, un Portland o un Atlético, y nos gustaría tener una liga más igualada, pero debemos ser pacientes.

P. Se desperdiciaron los triunfos en los Mundiales de 2005 y 2013. ¿Por qué?

R. Faltó impulso y decisión desde arriba, no hubo promoción.

P. ¿Cómo recuerda el de 2005, en Túnez?

R. Fue maravilloso, porque España siempre se había quedado a las puertas de algo grande en este tipo de campeonatos. Llegábamos con un entrenador nuevo [Juan Carlos Pastor] en el que no confiaba nadie, salvo nosotros. Teníamos un gran grupo y dimos un paso adelante.

Creo que España puede llegar lejos y luchar por una medalla, pero no creo que gane"

P. ¿Qué opciones tiene ahora España?

R. Veo un equipo bien formado, muy compensado. Creo que puede llegar lejos y luchar por una medalla, pero no creo que gane. Lo que más me gusta es la agresividad en defensa y la portería, aunque la baja de Sterbik siempre se nota. Sierra y Gonzalo [Pérez de Vargas] tienen mucha calidad. El equipo también domina muy bien el contraataque. El único pero que se le puede poner es lanzamiento exterior, pero si Raúl [Entrerríos] o Alex (Dushebaev) tienen el día es difícil frenarles.

P. ¿Qué opina de Manolo Cadenas?

R. El Europeo del años pasado supuso un primer paso de adaptación para él, porque no es lo mismo conducir un equipo todo el año que en torneos puntuales. Es un hombre con mucha experiencia y creo que puede aportar la tranquilidad que se necesita en partidos con tantísima tensión. Sabe interpretar bien los tiempos y eso, en un Mundial, es imprescindible.

P. ¿Cuáles son sus favoritas?

R. Francia y Dinamarca. Esta última tiene una espinita clavada después de lo que ocurrió en el Saint Jordi en 2013. Y también se puede colar Croacia, pero en un segundo escalón.

Soy feliz en el despacho. Con las leyes aprendo cada día. Son una motivación extra"

P. ¿Y qué le parece Qatar como telón de fondo?

R. Es un país con muchos recursos económicos, por lo que seguro que consigue montar un torneo a la altura. El deporte es uno de los mejores medios para para abrirse al mundo y darse a conocer, así que es una buena oportunidad para ellos. Hará calorcito y los jugadores lo agradecerán, porque jugar en países fríos, por muy acondicionadas que estén las instalaciones, siempre cuesta más. Será un gran Mundial.

P. ¿No le llaman los banquillos?

R. Soy feliz en el despacho, aprendo cada día. Las leyes evolucionan constantemente y es un mundillo aún más veloz. Eso te impide que te duermas y te obliga a estar al día. Es una motivación extra. Para ser entrenador debes llevarlo en la sangre, porque es dificilísimo. Eso sí, me gusta trabajar con los niños. En verano organizamos un campus de porteros en Banyoles y disfruto como un enano. Esa labor me satisface mucho. Pero entrenador... Uf, me iría a casa muy cabreado.

VÍDEO: David Barrufet, un mito de la portería

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