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Diario de una ciudad nómada

El vivac del Dakar ocupa doce hectáreas y se construye y desmonta cada día

Aloja a 3.000 personas entre pilotos y empleados

Motociclistas en un campamento en Argentina, entre las provincias de Córdoba y San Juan. Ampliar foto
Motociclistas en un campamento en Argentina, entre las provincias de Córdoba y San Juan. afp

Sobre asfalto, arena o tierra, nace y muere por igual. Es el vivac, hogar de pilotos y organizadores del Dakar, en el que se concentra cada día toda la actividad de una prueba que nunca descansa al completo. El tiempo es el principal enemigo de una ciudad nómada y consciente de su fecha de caducidad. En 24 horas se construye desde cero para volver a la nada pasado el día. En él se dibujan avenidas, callejuelas empedradas y hasta zonas de aparcamientos y campings improvisados, que sin embargo, no pueden sobrepasar las fronteras aparentemente invisibles de una organización que tiene bien controlados sus límites. El desmontaje diario deja tras de sí una colección de marcas de neumáticos, botellas de agua y algún que otro desperdicio. Lo que cada edición genera críticas a una organización que dice sentirse concienciada con la protección del medio ambiente.

"Es como vivir en Manhattan, aquí tampoco se duerme", se carcajea uno de los operarios del Dakar, mientras aparca su camión junto a una de las decenas de carpas que estructuran cada barrio. El trasiego de vehículos es constante. La organización cuenta con un total de 210 entre camiones, coches, helicópteros y motos, que pone en movimiento cada día del rally. Todos los recursos están calculados para que cada día haya un lugar en el que asentarse. "Nos reunimos con las autoridades locales de cada país seis meses antes del comienzo de la competición para pensar en cómo organizar el vivac. Todos los detalles son importantes", señala Marc Phily, responsable de logística del Dakar, y uno de los hombres más atareados de la pequeña city. Este francés de 43 años responde por el buen desarrollo de la estancia de las 3.000 personas censadas cada noche.

"Es como vivir en Manhattan, aquí tampoco se duerme", bromean los operarios

Para poder mantenerse al ritmo de la competición teniendo que transportar a través de Los Andes una estructura tan pesada, (aproximadamente 12 hectáreas) la estrategia de la organización del Dakar diseñó un plan de duplicidad de materiales en el que cohabitan dos vivacs al mismo tiempo pero en lugares diferentes. Uno para las etapas impares y otro para las pares. Así, cuando el primero desarma su estructura, el segundo ya tiene desplegada la suya para la siguiente mañana. "Hay mucha gente que trabaja durante toda la noche. Mientras unas se van a dormir, otras ocupan su lugar. Los días pasan muy deprisa", apunta Phily.

Para poder mantenerse al ritmo de la competición cohabitan dos vivacs al mismo tiempo pero en lugares diferentes

La manera de mantener la orientación no es otra que la identificación de las banderas de cada marca participante, además de las que emplea la propia organización para los espacios comunes como el comedor. Los equipos reciben instrucciones detalladas al llegar hasta el vivac donde deben aparcar sus caravanas y camiones. Una vez situados colocan a su alrededor unos estandartes que sirven de guía para que los pilotos les encuentren una vez terminada la etapa.Los extravíos son habituales.

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