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La vida en diez metros cuadrados

Pepe Ribes aspira a ganar la tercera edición de la Barcelona World Race, que parte este miércoles y se completará en menos de 85 días

El alicantino Pepe Ribes, uno de los navegantes oceánicos españoles más experimentados, en la proa del Hugo Boss. Ampliar foto
El alicantino Pepe Ribes, uno de los navegantes oceánicos españoles más experimentados, en la proa del Hugo Boss.

Es el primer martes de diciembre, hace mucho frío y más aire. Afuera, en alta mar, la velocidad del viento alcanza los 40 nudos. Y amarrado, en el puerto de Barcelona, se queda el Hugo Boss, un monocasco de la clase Imoca 60 que aspira a completar antes que nadie la vuelta al mundo a vela, a dos y sin escalas, esto es, la Barcelona World Race. Pepe Ribes (Benissa, Alicante; 43 años) es su patrón, y se queda con las ganas de completar la visita al barco con un paseo por el Mediterráneo. El mar le ha retado con condiciones todavía más extremas, pero 40 ya son muchos nudos. “En la anterior regata salimos por el Estrecho de Gibraltar casi sin viento. Al volver, entramos con viento en contra de 65 nudos, prácticamente no podíamos controlar el barco”, recuerda.

Recupera memorias al tiempo que explica cómo será su vida a bordo. A bordo de un velero hecho de fibra de carbono, lo más rígido y ligero posible, de 60 pies (18,29 metros), con un mástil de 28 metros de altura y una quilla de 4,5 metros; un velero largo como un camión de tres ejes, alto como un edificio de diez plantas, y cuya superficie vélica sería tan grande como tres pistas de tenis juntas. Claro que la vida la hará en un habitáculo de no más de 10 metros cuadrados, donde guardará todos sus enseres y los de su compañero, cocinará, dormirá y controlará la meteorología, clave para el diseño de una estrategia ganadora.

“En esta zona de cartas es donde más tiempo se pasa: muchas de las horas en las que no se hace guardia uno las dedica a estudiar la meteorología y diseñar la táctica; es muy importante saber cómo colocarse respecto a los otros contrincantes”, explica. Las guardias son de tres horas y los dos tripulantes se turnan. El descanso, sin embargo, se ocupa en muchas más cosas a parte de dormir. “Dormimos seis o siete horas al día en periodos de una hora u hora y media”, concede, ni un asomo de queja en su discurso.

Dormimos seis o siete horas al día en periodos de una hora u hora y media”

Pepe Ribes, patrón del Hugo Boss

Ni siquiera le molesta dormir en una cama estrecha y bien pegada al casco del barco. Cuestión de seguridad. “Se trata de no dejar espacio para poder caerse, ya que el barco siempre está escorado unos 45 grados”, concede. Ya está acostumbrado a esas literas y a esos ciclos de sueño tan atípicos. Como lo está a alimentarse de comida liofilizada. “No está nada mal, y algunos de los postres que hay en cada menú no se comen en los restaurantes. Tenemos una mousse de chocolate...”, se relame. E incluso, guarda pequeños lujos para cada día: unos días toca jamón y otros, parmesano.

Ribes ha trabajado duro últimamente: unas dos horas y media de gimnasio al día. Y muchas horas de navegación: “Es importante entrenarse en el mar cinco o seis horas”. Lo que menos le preocupa es el peso, pero debe estar preparado para la dureza física de la prueba. “Dentro de tres meses pesaré ocho kilos menos”.

Donde más horas se pasan es frente a la zona de cartas y navegación, para diseñar la estrategia

Sabe de lo que habla. Esta será, después de participar también en cuatro ediciones de la Volvo Ocean Race (competición por equipos), su sexta vuelta al mundo. Partirá hoy (13.00 horas) del Puerto de Barcelona y lo hará subido al barco que ganó la última edición, el Hugo Boss de Alex Thomson, que será su compañero inseparable durante los próximos tres meses.

Serán tres meses o algo menos. Pues las ocho embarcaciones participantes ya no pasarán por el Estrecho de Cook, lo que, calculan, reducirá la travesía. Si la última Barcelona World Race se completó en 93 días, esta tercera edición no durará más de 85, según los expertos. De hecho, Guillermo Altadill, patrón del Neutrogena, ha confesado que sólo embarca comida para 82 días. “Si es necesario, en los últimos días en lugar de comer dos veces, comeremos una”, apunta. Ribes, más cauto, ha programado un menú diario para 90 jornadas.

90 jornadas —u 82, qué más da— de dormir poco y desgastarse mucho, de duchas esporádicas —siempre que caiga un chaparrón en los Doldrums (zonas de interconvergencia tropical de condiciones meteorológicas cambiantes— y sesiones de navegación tan intensas que no haya tiempo ni equilibrio para comer un preparado en diez minutos. 90 jornadas vigilantes, mimando el mástil y las velas, para que no se rompa nada, y que la velocidad del Hugo Boss no sea inútil. 90 jornadas para recorrer unas 23.000 millas náuticas repartidas entre el Mediterráneo y los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. 90 jornadas para regresar a Barcelona.

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