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Reivindicación del fútbol plácido

Las selecciones de Euskadi y Cataluña empatan 1-1 en el estadio de San Mamés en el centenario de su primer enfrentamiento

Prolegómenos del Euskadi-Catalunya
Prolegómenos del Euskadi-Catalunya EFE

Los partidos amistosos tienen muchas virtudes y algunos defectos. Entre las primeras destacan la reivindicación del futbolista, el espíritu lúdico del fútbol, la ausencia —normalmente— de entradas feas, la lealtad con el reloj —es decir, no perder el tiempo— y el olvido del árbitro, por bueno o malo que sea. Entre los defectos figura la distensión, la cautela, incluso la relajación.

Todo se da por bueno por el bien del fútbol. Si además quienes compiten son Euskadi y Catalunya (1-1), el fútbol comparte plano con la reivindicación —mayoritaria o no, eso no se juzga en el campo— de la oficialidad de sus selecciones. Una suerte de reivindicación y fiesta, con un partido de por medio. Pero un buen partido, a fin de cuentas. Si se junta en un estadio en perfectas condiciones —San Mamés— a una Catalunya con cinco futbolistas del Barça, tres del Espanyol, dos del Sevilla y uno del Salzburgo, frente a una Euskadi con seis del Athletic, cuatro de la Real Sociedad y uno del Eibar, el fútbol tiene que fluir. Catalunya jugaba al gusto del Barça, es decir, al gusto de Xavi, y Euskadi al gusto del Athletic, con la defensa de la Real y el tacto de Prieto.

Euskadi-Catalunya

Euskadi: Iraizoz; C. Martínez, Ansotegi, I. Martínez, Balenziaga, Iturraspe, Beñat; Capa, Xabi Prieto, I. Gómez; y Aduriz. También jugaron Bóveda, Begara, Yuri, San José, Etxeita, Aurtenetxe, Susaeta, Torres, Arruabarrena, Irureta y Dani García.

Catalunya: Casilla; Bartra, Pique, Alba; Xavi, Busquets, Víctor Sánchez; Deulofeu, Sergio García, Vidal; y Soriano. También jugaron Masip, Montoya, Fontás, De la Bella, Sergi Roberto, Piti, Víctor Álvarez, Samper, Alvaro Vázquez, Moreno y Sergi Gómez.

Pero el champán vasco —también llamado agua de Bilbao— tuvo más burbuja que sabor frente a un cava catalán menos espectacular de salida, pero más duradero. La botella la descorchó Aduriz, brioso como un muchacho, aunque en posible fuera de juego. Era el minuto 3 y el guipuzcoano ya había avisado dos veces a la zaga catalana de que lo amistoso no quita lo goleador.

Vale que se salta de otra manera, que las disputas son más educadas, pero Aduriz y el gol se necesitan. Y a la que vuela la caza. En fuera de juego o en posición legal.

Catalunya tenía el alma del Barça metida en el cuerpo de Xavi, que poco a poco comenzó a llenar el vaso del fútbol. Deulofeu fue su principal beneficiario. Una y otra vez lo buscó para que desplegase su velocidad, su regate, sus centros su remate. Pero Jonathan Soriano y Sergio fallaron en el área pequeña y el propio Deulofeu tropezó con el poste tras pasar el balón entre las piernas de Iraizoz. Todo nacía en Xavi, categórico como un maestro sin género de dudas y transitaba por Deulofeu. Y sin embargo el empate llegó por un pase profundo de Piqué a Sergio García que pilló despistado a Íñigo Martínez que, además resbaló.

Moría así la primera mitad y moría de alguna manera el partido ordenado para dar paso a dos combinados más heterogéneos, donde empatar piezas tiene más que ver con la calidad individual que con las condiciones generales. Y en eso anduvo más aplicada la selección de Cataluña. Euskadi, gobernada por el Eibar, ponía ímpetu y Catalunya potencia, aunque en uno y otro se asociaban futbolistas de equipos con estilos muy diferenciados. Siempre es igual. Las segundas mitades tienen la emoción del desorden y la incertidumbre. Pero todo acabó sin sorpresas, repitiendo el resultado del último enfrentamiento en 2007.

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