Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Santander

Los méritos de Lewis

Hamilton, emocionado en el podio de Abu Dabi. Ampliar foto
Hamilton, emocionado en el podio de Abu Dabi. Getty

El Mundial que terminó ayer en Abu Dabi nos permite extraer varias conclusiones, algunas de índole más deportiva que otras. De las que no tienen una relación tan directa con el rendimiento individual de los pilotos en la pista, yo destacaría la necesidad que tiene la Fórmula 1 para replantear el modelo actual. Es evidente que el campeonato aún funciona, pero también que hay que hacer algo para que recupere el atractivo que siempre había tenido y que ahora, con tanto cambio en el reglamento y tantas restricciones a todos los niveles, comienza a escasear. Y luego está el análisis que podríamos hacer de los verdaderos protagonistas de este circo. En este aspecto, creo que Hamilton se ha merecido más que nadie el título, y de no ser así lo hubiera considerado injusto desde mi punto de vista. En condiciones normales, sin el valor doble de los puntos en este último gran premio de la temporada, Nico apenas habría tenido posibilidades de vencer.

Rosberg ha hecho una gran curso, ha dado un paso adelante y ha demostrado que es capaz de poner contra las cuerdas y llevar al límite a una fiera como Hamilton. Pero el británico lo ha bordado. Si creo que nadie más que él se ha merecido llevarse este campeonato es, por una cosa tan sencilla, como el número de victorias. Permítanme que no pueda darle el mismo reconocimiento a alguien que ha ganado cinco carreras (Rosberg) que a su compañero de equipo, si este último se ha impuesto casi el doble de las veces (11). Dicho esto, no seré yo quien le quite mérito al trabajo de Rosberg, que por primera vez ha contado con un coche que le ha permitido imponerse de forma regular.

Es curioso el papel que han protagonizado ambos. Si a principios de año nos hubiéramos preguntado quién de ellos iba a causar más controversia por su comportamiento en la pista, creo que la mayoría hubiéramos coincidido en señalar a Lewis. Y sin embargo, quien ha provocado la intervención de los jefes de Mercedes y se ha llevado más reprimendas (al margen de alguna sanción interna), ha sido Nico.

Al piloto inglés le hemos visto más calmado que nunca, mucho más maduro, sereno y estable

A Hamilton le hemos visto más calmado que nunca, mucho más maduro, estable y sereno, comportándose como ese superclase que casi todos pensábamos que era por más que todavía no lo hubiera demostrado de forma tan evidente. Está claro que el coche que ha conducido no le ha complicado la vida, pero todo y con eso, su trabajo ha sido impecable, demostrando una gran capacidad de reacción cuando las cosas se torcieron antes del verano, y sacando toda su calidad en el momento decisivo, enlazando cinco victorias seguidas.

Además, entre él y su compañero hay un agravio que yo no menospreciaría para nada: Rosberg es alemán, y en mayor o menor medida eso es un punto que juega a su favor en una compañía como Mercedes. Aunque nadie en la sede de Brackley (Gran Bretaña) perjudique intencionadamente a Hamilton, la el nivel de complicidad que puede tener él difícilmente se acercará al de su colega, y eso es algo que se ve en los gestos. De cualquier modo y atendiendo a la coyuntura actual, mucho me temo que la supremacía de las flechas de plata no ha hecho más que comenzar, algo que tanto el uno como el otro creo que tienen muy claro.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información