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Benzema está en todas

El francés descoloca a la zaga rival y Casillas se agiganta ante un tiro a bocajarro de Messi

Benzema, en el momento del tercer gol blanco. Ampliar foto
Benzema, en el momento del tercer gol blanco.

Como en el recreo o en los duelos de alevines, Madrid y Barça defendieron cuando no les quedó otra, cuando el rival se plantó en el balcón del área. Presión vaga, delanteros al paso, dos equipos tan largos como quebrados y zagas de lo más expuestas. Toda una tortura para las defensas y fútbol que conoce de sobra el Madrid, que sabe a lo que juega. No así el Barcelona, que pretendió imitar el planteamiento rival para acabar de perder su identidad

► Casillas. Utilizó su superpoder de agigantarse en el momento oportuno, cuando Messi pudo liquidar el clásico [para el 0-2] y cuando el Bernabéu se echaba las manos a la cabeza. Pero Iker siempre tiene la última palabra.

► Bravo. Inseguro, prolongó su sorprendente idilio con la portería hasta que Ronaldo ejecutó la pena máxima para poner fin a los 755 minutos sin encajar un tanto.

► Carvajal. Guardó su sitio y no lo hizo bien del todo. Así lo aclaró en el gol de Neymar, cuando se despreocupó de su marca y entendió que era tarea de Pepe. Pero mejoró con los minutos.

► Alves y Marcelo. Se desentendieron de defender, terribles agujeros. Pero hubo una diferencia capital; mientras Alves no inquietó con sus ascensiones, Marcelo retorció al Barcelona. El lateral logró sacar un penalti y, de paso, recobró la versión que perdió con la llegada de Mourinho.

► Pepe y Sergio Ramos. Descompuestos en la primera mitad —sobre todo Pepe, que hizo un penalti no señalado—, recuperaron el color tras el descanso. Ramos tiró de su ya reconocido heroísmo porque pocos centrales necesitan tan pocas ayudas en la línea y Pepe alimentó la felicidad del Bernabéu al rematar de cabeza el córner definitivo.

► Mascherano y Piqué. No saben jugar a la carrera y sin coberturas, demasiado expuestos con un juego que tanto se aleja del ideario azulgrana. Fueron incapaces de echarle el lazo a Benzema y Piqué cometió dos penaltis. Uno no señalado y otro absurdo, pues se resbaló o se venció antes de tiempo y el balón de Marcelo le rebotó en el brazo.

► Mathieu. El francés suplió a Alba para dar centímetros y cerrar la zaga por las posibles subidas de un Alves anónimo. No dio pie con bola y ni siquiera valió su buen disparo que escupió Casillas.

► Modric, Kroos y Busquets. Fueron los jugadores sacrificados. Empeñados los equipos en el fútbol vertical, en defender atrás para romper al galope, resultaron fronteras invisibles.

► Xavi. Se ganó el sitio en el clásico con sus pasadas actuaciones, pero la propuesta de Luis Enrique se le indigestó. Futbolista que hace jugar a los compañeros, se enredó de tan poco balón que tocó y de tanto girar el cuello.

Isco es un futbolista de baldosa, que quiebra cinturas en un palmo y da el pase que nadie intuye

► Iniesta. No se expresó con la pelota en los pies, pero cumplió las órdenes a rajatabla porque corrió como si no hubiera mañana. Y, de tanto correr, se rompió.

► Isco y James. Las palancas del Madrid. Isco es un futbolista de baldosa, que quiebra cinturas en un palmo de césped y que se inventa el pase que nadie intuye. Además, ayudó en defensa sin miramientos para llevarse la ovación del Bernabéu. Y James, que no perdió precisión con la premura, encontró huecos de entrelíneas para enlazar con Benzema. Como en el tercer gol.

► Luis Suárez y Neymar. Aperitivo engañoso; en su primera conexión, centro del uruguayo y zigzagueo más remate del brasileño, festejaron el gol. Pero se rebajó el soufflé, conectados entre ellos y desconectados del resto.

► Ronaldo y Messi. Ninguno estuvo estupendo, por más que el portugués asumiera más protagonismo —además del gol— porque también lo tuvo el Madrid sobre el Barça. Leo, sin embargo, falló ante Casillas y careció de un surtidor que le metiera en el partido.

► Benzema. El mejor. Negado ante el gol de inicio —una cruzada en exceso y otra resuelta con doble ración de larguero—, descolocó a la zaga azulgrana al tiempo que descargó las jugadas para las contras. Tocado por una varita mágica, hasta en el gol de Pepe hizo una pantalla sobre Mascherano que resultó capital. Y como guinda, su gol.

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