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Momento Isco

Un vendaval recibe al Madrid en Liverpool, donde el malagueño se perfila como la gran alternativa a Bale

Cristiano grita durante el entrenamiento de ayer, marcado por la lluvia y el viento. Ampliar foto
Cristiano grita durante el entrenamiento de ayer, marcado por la lluvia y el viento. Getty

El Real Madrid llegó ayer a Liverpool en medio de un vendaval. Vientos de más de 100 kilómetros por hora causaron desprendimientos en algunas de las principales arterias de la ciudad, entre ellas la del hotel que aloja a la expedición madridista, junto al Albert Dock, frente al río Mersey. La calle, al igual que muchas circundantes, fue cortada por la policía a media tarde, lo que dejó encapsulada la ciudad. No le va nada bien al Madrid por Liverpool. El torbellino de ayer ya se reprodujo sobre el césped de Anfield en 2009, cuando los reds arrollaron al equipo español por 4-0 en los octavos de la Champions en la que ha sido su única visita hasta la de esta noche. El fútbol es tan caprichoso que dos equipos que suman 15 Copas de Europa solo se han enfrentado tres veces. Tampoco le ha ido mejor a Cristiano Ronaldo, que tras cinco visitas jamás ha marcado ante The Kop.

Hoy, los tiempos son otros y este Madrid poco tiene que ver con el alicaído club que presidía Vicente Boluda, aquel dirigente que vaticinó que a su rival le caería un "chorreo", y entrenaba Juande Ramos. Tampoco el Liverpool es el mismo, pese a que el curso pasado amagara con una remontada hacia la cumbre de la que se despeñó tras ganar en 2005 una de las finales de la Copa de Europa más asombrosas de la historia. Para disgusto de Carlo Ancelotti, entonces técnico del Milan que no supo blindar un 3-0 al descanso ante un adversario que dirigía Rafa Benítez. El italiano se vengó dos años después y repitió el éxito que ya había tenido en 2003 con los milanistas. Tras ganar la Décima, está en disposición de convertirse en el entrenador con más títulos. Por ahora, con tres trofeos, comparte el trono con Bob Paisley, precisamente un mito del Liverpool, que logró su última conquista ante el Real Madrid, en 1981. Su sustituto, Joe Fagan, aumentó el palmarés en 1984, cuando el Roma se convirtió en el primer equipo que perdía en su estadio una Copa de Europa. Lo hizo con un joven centrocampista maldiciendo en la grada que una lesión le apartara del ruedo: Carlo Ancelotti.

En su única visita a Anfield, en 2009, los blancos fueron arrollados por 4-0

Pero todo aquello ya es historia y ahora son otros quienes intentan encauzar su propio relato. Isco, por ejemplo. La baja de Bale —en Liverpool tampoco están Ramos y Coentrão—, le abre las puertas de la titularidad en una semana de fuertes emociones para el Madrid. Desde que llegara al club en el verano de 2013, el malagueño, de 22 años, se busca y se busca, tanto en el equipo como en la selección, y no termina por echar raíces. Tras abandonar La Rosaleda, el fútbol ha sido una puerta giratoria para él.

Futbolista de enorme clase, la pasada temporada Isco se vio perjudicado por su falta de chicha para dar equilibrio a un conjunto que libera a sus tres distinguidos atacantes. No era a lo que el exjugador malaguista estaba acostumbrado. Fue fichado por su virtuosismo cerca del área rival, no como volante de ida y vuelta. Di María le ganó la partida, como parecía que lo iba a hacer este curso el colombiano James, un fichaje de 80 millones que también tenía que mutar sus hábitos futbolísticos. Con España, donde hay jugadores de su perfil, como Iniesta o Silva, Isco fue reclutado tras el Mundial, pero finalmente Del Bosque le hizo ser el guía de los sub-21. Fue el mejor en el batacazo ante Serbia y, cosas del fútbol, cuando aún no había digerido perderse el próximo Europeo de la categoría y que España se quedara sin los Juegos de Río 2016, una lesión de Bale le ha repescado.

Tanto Isco como James se han activado para tapar su zona cuando el equipo pierde la pelota

Antes de su excelente partido del pasado sábado ante el Levante, Isco solo había disputado 464 minutos en partidos oficiales. En el Ciutat de València, sin el galés, el malagueño se sumó a un medio campo más poblado que de costumbre, junto a Kroos, Modric y James. El resultado fue un Madrid más armónico, con las pausas oportunas, más suelto en el ataque estático y mejor arropado para contener.

Isco y James son futbolistas proclives a cruzar la frontera y mirar al frente, pero ambos van ganando hueso y parecen haberse conjurado para activarse cuando el equipo pierde la pelota y tapar su zona con empeño. Ante el Levante, Isco, que recorrió 10 kilómetros, tapó, templó y goleó. También hizo que el Madrid corriera, como en el segundo gol de CR, asistido por Isco tras un gran despegue desde su propio campo. Está como nunca y cabe pensar que le ha llegado su momento, aunque Ancelotti, de malas pulgas ayer en la rueda de prensa oficial, no ha querido confirmarlo. Si le da carrete, Isco sabe que con Bale de vuelta no le bastará con un par de partidos correctos, tendrá que subir la nota, y mucho. La competencia es máxima y en la pasarela hay atasco. Si cada partido suma, no digamos ante el Liverpool y el Barça.

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