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Una nadadora en el circo

Crespí, bronce olímpico en sincronizada, ficha por el Circo del Sol

Casi el 37% de los artistas que trabajan en la compañía han sido deportistas de alto nivel

Margalida Crespí. Ampliar foto
Margalida Crespí.

No hay red. Tampoco redoble de tambores. Sin embargo, es una acrobacia monumental, un salto desde el podio de los Juegos de Londres 2012 a la pista central de un circo. Margalida Crespí, bronce olímpico en equipos y oro mundial en combo de natación sincronizada, deja la alta competición para fichar por el Circo del Sol. Necesita “una aventura”. Busca “un golpe de aire fresco”. Ambiciona “experimentar cosas nuevas”. Con 24 años, la mallorquina hace las maletas para emprender un viaje que parece sacado de un cuento: abandona Palma y se marcha a Montreal (Canadá), atraída por el halo mágico de una compañía que bucea en los campeonatos de gimnasia o natación a la caza de cuerpos capaces de ejecutar con duende sus coreografías. Ya se sabe: hacer reír es una cosa muy seria y que los espectadores sueñen no lo logra cualquiera.

La exigencia estará ahí, pero no la presión de la competición ni los nervios, que estresan

“La exigencia estará ahí, porque la tengo interiorizada, pero paso de entrenarme 10 horas al día a una jornada laboral con shows por la tarde. No se puede comparar”, explica Crespí, que cuando acabe de formarse en Montreal irá a trabajar a Las Vegas (EE UU). “Tendré más tiempo para mí, podré estudiar por las mañanas”, dice. “La exigencia estará, pero no estará la presión de la competición, los nervios, que estresan. La técnica está, y mejoraré la parte artística. Locuras las he probado todas en la sincronizada”, recuerda. “Las oportunidades marcan nuestra vida, y me habría arrepentido de no haber probado esto”, cuenta de una aventura en la que le precedieron gimnastas españoles como Omar Cortés o Edi Moreno.

“El 36,6% de nuestros artistas vienen del deporte: gimnasia rítmica, acrobática y artística; natación sincronizada; salto de trampolín…”, fotografía Chantal Côté, portavoz del Circo del Sol, que ha llegado a poner puestos informativos en los Mundiales de gimnasia. “Buscamos atletas que posean una formación técnica fuerte, agilidad, potencia, buena presencia en el escenario y la voluntad de empujar sus límites”, describe. “Siempre estamos buscando especialistas en natación sincronizada que sean innovadores, originales y que tengan fuertes capacidades técnicas, personalidades potentes y una naturaleza artística que aporte su propia magia al show”. “Una vez que contratamos a estos deportistas, enseguida comienza su transformación en artistas. Trabajan para potenciar su presencia en el escenario, la calidad de sus movimientos y su expresividad”.

Margalida Crespí, en una competición con España. ampliar foto
Margalida Crespí, en una competición con España. CORDON

Tras los focos del circo hay mucho trabajo. Horas de entrenamiento en el gimnasio. Tardes enteras dedicadas a aprender nociones de maquillaje y expresión. Nada comparable, sin embargo, a la dictadura de la piscina olímpica, una trituradora implacable de todo lo que no tenga que ver con competir, con ganar, con ser el número uno. “Se llevan a una pieza angular del equipo, a una de las columnas vertebrales de la selección”, lamenta Esther Jaumà, la seleccionadora de sincronizada. “Es muy trabajadora y seria. No pueden elegir nada mejor: asegura técnica, una preparación física perfecta, disciplina y capacidad de trabajo”, sigue. “Le ha salido una oportunidad fantástica que le permite ampliar horizontes. Tiene el aliciente de la parte artística, de perfeccionar el inglés, quizás de aprender francés en Montreal… cosas que no puedes hacer cuando estás entrenándote ocho horas al día”.

Crespí dice adiós, y en la federación esperan que sea un hasta luego. Mientras tanto, se encienden los focos. Arranca la función en la piscina del circo.

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