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Santander

Alonso y su honda preocupación

Fernando Alonso, durante la carrera en Sochi. Ampliar foto
Fernando Alonso, durante la carrera en Sochi. EFE

Sebastian Vettel como relevo de Fernando Alonso en Ferrari. Esta alianza que finalmente se producirá el año que viene parece el desenlace de una historia que estaba predestinada a terminar así por los deseos del alemán, que nunca escondió su debilidad por la marca de Maranello. De este modo, Vettel seguirá los pasos que en su día dio Michael Schumacher, su ídolo, y probablemente hará bien en repasar todo aquello que hizo éste para reedificar La Scuderia, que cinco años después de su llegada en 1996 firmó la racha más fructífera de la historia de la fórmula 1, con cinco títulos consecutivos entre 2000 y 2004.

En este sentido no hay que olvidar el pelotón de técnicos que El Kaiser se llevó con él de Benetton, y todavía más importante, el hecho de que les blindara para que pudieran trabajar con tranquilidad y sin que ningún arrebato de algún jefe nervioso les pusiera en peligro. Lo que ha pasado en este último lustro en il cavallino es lo mismo que ocurría antes de la llegada de Michael, y si el español ha decidido marcharse antes de tiempo es porque ya no cree en la hoja de ruta que se le ha presentado.

La diferencia entre Fernando y Sebastian es que el primero no dispone de tanto tiempo como el segundo para embarcarse en un proyecto a varios años vista. El alemán tiene cinco años menos y el doble de títulos que el asturiano, y su nombre ya figura con letras bien grandes en la historia de la F-1. En cambio, Alonso es consciente de que se encuentra en el mejor momento de su carrera, que en tres o cuatro años puede que su rendimiento empiece a caer y por eso debe enfocar con las luces de corto alcance. El paso del tiempo dirá si Vettel conseguirá aquello que Alonso ha sido incapaz de lograr, pero lo que está claro es que tiene mucho más margen que él.

El sentido común me lleva a plantear dos alternativas: que fiche por McLaren o que se tome un año sabático

Por otro lado, el paddock está a la espera de saber cuál será el nuevo destino de Fernando. Escuchándole hablar, la ambigüedad de su discurso da lugar a múltiples interpretaciones, circunstancia que motiva que todos llevemos desde el sábado dándole vueltas a la cabeza. Según parece, ayer confirmó él mismo a la cadena NBC que en 2015 no conducirá ningún coche que incorpore un motor Mercedes, algo que de ser cierto nos elimina de la ecuación a la propia Mercedes, a Williams y a Lotus. Así las cosas, el sentido común, que de poco sirve en este tinglado, me lleva a plantear dos alternativas: que fiche por McLaren o que se tome un año sabático, aunque esta última me parece bastante improbable además de un error.

La opción más lógica es que regrese a McLaren, que está a las puertas de una nueva etapa con Honda como propulsor. El constructor japonés está haciendo todo lo posible para tratar de lograr que McLaren ate a uno de los pilotos considerados top, y la situación de Alonso no parece darle demasiado margen para negarse. El quid de la cuestión radica en saber por cuántos años firmaría. Su objetivo es hacerlo solo por uno para tratar de persuadir a Mercedes con vistas a 2016, pero en este punto sus intereses son opuestos a los de la estructura de Woking.

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