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Irving conduce una apisonadora

El base, elegido el mejor del torneo, simboliza el carácter colectivo de unos campeones con los egos bajo control

Teodosic, Batum, Pau Gasol y Faried completan el quinteto ideal

Irving lanza a canasta ante Teodosic. Ampliar foto
Irving lanza a canasta ante Teodosic.

Shaquille O’Neal, Bodiroga, Nowitzki, Pau Gasol, Kevin Durant… ¿y? El interrogante sobre quién sería elegido mejor jugador del campeonato se mantuvo abierto hasta el final. Por primera vez en los últimos 20 años, desde que las estrellas de la NBA comenzaran a desfilar por la pasarela mundialista, el ganador no estaba claro. Y para aumentar las dudas Irving (26 puntos) y Harden (23) dieron una exhibición de recursos y superioridad ante Serbia para conseguir el quinto oro estadounidense en los últimos siete años. La votación de los periodistas condecoró de manera significativa a Irving, el director de juego, el motor del ferrari. Teodosic (Serbia), Batum (Francia), Pau Gasol y Faried (EE UU) completaron el quinteto ideal.

Los mejores monólogos se habían reservado para la final. Irving y Harden redondearon las dos mayores marcas de anotación individual para la NBA en este Mundial. Hasta barrer a Serbia, el liderazgo encestador en una jornada lo tenía Faried con 22 puntos a Turquía, un expediente que no estaba entre las 30 mejores anotaciones individuales en el campeonato, símbolo del reparto de papeles bajo el mando de Coach K. Aunque con el oro ya casi en el cuello afloraron algunos egoísmos. Reducida Serbia a cenizas, Irving y Harden se picaron entre sí en un careo de malabarismos en busca del cesto. Con Davis fuera de juego por las faltas, el base de los Cavaliers y el barbudo alero de Houston, máximo anotador estadounidense en el Mundial, ejercían de vedettes.

Entre Harden e Irving propulsaron el marcador de la NBA hasta los 129 puntos, su actuación más inspirada del torneo. El registro es desalentador para los humanos: EE UU ha anotado 104,5 puntos de media por duelo. Ha encajado 71,5. El equipo más joven ha sido devastador con 33 puntos de ventaja de promedio.

Kyrie Irving sigue la pista de una serie de ases muy reconocibles. Shaquille O’Neal fue el mejor en 1994, oro con Estados Unidos con 18 puntos y 8,5 rebotes de media; Bodiroga en 1998, oro con Yugoslavia con 14,7 puntos y 4,9 rebotes; Nowitzki en 2002, máximo anotador del torneo (24 puntos de promedio más 8,2 rebotes) y bronce con Alemania; Pau Gasol, oro en 2006 con 21,2 puntos y 9,4 por noche; y de nuevo otro estadounidense, Kevin Durant, líder con 22,8 puntos y 6,1 rebotes del conjunto que venció en 2010. Irving se une al olimpo con un traje diferente. El campeón no ha jugado para él, sino que él ha movido los hilos de una apisonadora.

El director de juego de los campeones releva a Shaquille, Bodiroga, Nowitzki, Pau y Durant

Las bajas por problemas físicos y las renuncias de última hora despejaron el camino ideológico para Krzyzewski. Apenas tuvo que hacer descartes el preparador, sino que la plantilla que defendería el oro fue esculpiéndose casi sin su intervención. Blake Griffin, Kevin Love, Paul George, Kevin Durant… Conforme iba tachando los nombres más pomposos, Coach K lo veía más claro. Si querían disputar el oro a una España anfitriona y con sus mejores armas (no pensaban en otro rival), Estados Unidos debía invertir los papeles. Olvidarse del star system y forjar un equipo más gremial, sobre todo en defensa, dando por descontado que los ataques serían una mezcla de aceleraciones y saltos de altura, como así ha sido. La sorprendente salida de Durant acabó por moldear el plan. Despojó al grupo de su mayor figura, pero sirvió para reforzar el compromiso de los que se quedaban.

Krzyzewski ha cerrado con llave el cajón de los egos. Derrick Rose se ha tomado el Mundial como una pretemporada de rodaje para regresar a la élite tras dos años casi en blanco, el capitán Harden ha asumido la tutoría de los más jóvenes y Davis es un chico de 21 años con los pies en la tierra. El premio al mejor ha sido para Irving, el fabuloso director de una sinfonía imparable.

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