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Serbia asombra al mundo

Liderados por un gran Teodosic, los de Djordjevic alcanzan la final (domingo, 21.00 en Cuatro) tras superar una descomunal reacción de Francia, que anotó 39 puntos en el último cuarto

Gelabale y Pietrus intentan frenar a Raduljica. Ampliar foto
Gelabale y Pietrus intentan frenar a Raduljica.

Francia y Serbia se jugaban una plaza en la final ante Estados Unidos y la escarapela honorífica de regente europeo. Ambos trofeos se los llevaron los balcánicos tras superar al verdugo de España, al que se le indigestó la colección de elogios recibidos tras la gesta de derrocar al anfitrión. Despertaron demasiado tarde de la siesta los franceses y su reacción fue un quiero y no puedo a contrarreloj. Camino al partido por el título se había celebrado la ceremonia de coronación de Milos Teodosic, un genio mundial que acelera con el combustible patriótico y se crece a contra pronóstico. Así superaron a Grecia y a Brasil, así silenciaron La Marsellesa. Suya fue la construcción del monumento y suyo el mérito de mantener el pulso para evitar que se lo destrozara el arrebato febril de Nicolas Batum.

FRANCIA, 85 - SERBIA, 90

Francia: Heurtel (12), Batum (35), Gelabale (2), Diaw (13) y Lauvergne (4) -equipo inicial-; Diot (2), Kahudi, Jackson (3), Fournier (10), Pietrus y Gobert (4).

Serbia: Markovic (11),Teodosic (24), Kalinic (8), Bjelica (10) y Raduljica (11) -equipo inicial-; Bogdanovic (13), Krstic (11), Simonovic (2), Jovic, Katic y Bircevic.

Árbitros: Maranho (Bra), Christodolou (Gre) y Alejandro (Arg). Sin eliminados por faltas.

Palacio de los Deportes de Madrid. 13.470 espectadores.

El serbio firmó 24 puntos y lanzó a su equipo hasta el 46-61 con el que concluyó el tercer cuarto; el francés protagonizó un conmovedor intento de remontada con 35 puntos (8 de 12 en triples) y un parcial de 15-4 que llevó la pelea a la cornisa (82-84, m. 38). A pesar de imponerse en el último cuarto por 39-29, se descolgó la campeona de Europa por obra y gracia de Teodosic. "Es el líder absoluto de este equipo y tiene que ser el MVP de este Mundial", dijo Djordjevic tras el partido.

El base del CSKA tramitó la semifinal con la determinación del que se siente predestinado y llevó a su país a la pelea por el título mundial 12 años después. Espoleado por la jefatura de Sasha Djordjevic, ídolo, referente y tótem de su oficio, iluminó a Serbia y cegó a Francia. Gobernó el partido de principio a fin, impartió clases de tiro, desmontó a su rival y mantuvo el equilibrio cuando la reacción francesa le llevó al alambre. Superó todos los miedos. Francia llegó tarde porque equivocó el plan.

Teodosic avanza entre Gobert y Batum. ampliar foto
Teodosic avanza entre Gobert y Batum.

De inicio utilizó a sus pívots para percutir y Serbia para distraer. Raduljica y Bjelica eran el medio, Diaw y Gobert el fin. El trabajo de las torres balcánicas lo aprovechó Markovic para destartalar la zona francesa con penetraciones eléctricas y Teodosic para tomar medida al aro rival con lanzamientos certeros. Así comenzó a hacer camino el conjunto de Djordjevic ante un enemigo embotado por su pretenciosa estrategia (10-20, m. 8). El plan serbio era más abarcable y además encontraba retroalimentación desde el banquillo. Cuando perdía fuelle la primera unidad aparecían la cabeza de Krstic, las piernas de Jovic y las manos de Kalinic para mantener el impulso.

Djordjevic, durante el partido contra Francia. ampliar foto
Djordjevic, durante el partido contra Francia.

En el bando francés se extravió Diaw, se atascó Batum, se ofuscó Heurtel, se empantanó el ataque y se destensó la defensa. Entre la galbana sobrevenida y la autocomplacencia bien ganada por la hazaña ante España, los de Collet entraron en un atolladero mientras Serbia cogía carrerilla (15-30, m. 18). Comenzó el técnico francés a pulsar teclas sin encontrar el interruptor; probó a Fournier y Jackson como revulsivos, cambió marcas, intensificó las ayudas, aumentó la presión, dio cuerda a Diaw y Batum, pero no le funcionó nada. La culpa la tenía un jugador con alma de artificiero: Teodosic.

Se jugaba a lo que quería Serbia y como quería su talentoso base. Él marcaba el ritmo y el compás, él tenía la batuta y el tiralíneas, él tenía el libro de instrucciones del partido y el mapa del tesoro hasta la final. Llegó al descanso con 18 puntos y tres asistencias en 16 minutos de juego en su expediente, y regresó a la pista con la determinación del que se siente inalcanzable. Lo fue durante 30 minutos, el tiempo que tardó en carburar Francia. Su épico último cuarto con 39 puntos (17 de ellos de Batum) no bastó para alcanzar la final. La fiesta era de Serbia y en mitad de su alegría los gritos de "¡Orenga dimisión!".

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