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La deuda de Diego Costa

El atacante, que aún no ha marcado con La Roja, admite que tiene “una espina clavada” tras la eliminación mundialista.

Diego Costa, en el entrenamiento. Ampliar foto
Diego Costa, en el entrenamiento. EL PAÍS

Llega Diego Costa a la selección con sensaciones recuperadas. Ya no es el jugador, un tanto compungido, que compareció en Brasil entre pitos de la hinchada local y con miedo a romperse tras una exigente temporada con el Atlético de Madrid. En un ejercicio de velocidad exhibió el tranco poderoso que llamó la atención de los técnicos de la Federación Española, con Del Bosque a la cabeza, que en la búsqueda de un 9 poderoso y con gol se lo llevaron un buen día a comer para convencerle de que lo mejor que podía hacer era abrazar la bandera rojigualda, nacionalizarse español y entrar en el grupo de La Roja.

“No he tenido nada que cambiar en mi manera de jugar desde que llegue a la Premier League”, sostiene el hoy delantero del Chelsea, con el que lleva cuatro goles y ya tiene una bronca en su haber con Tim Howard, el meta del Everton, que le recriminó que se riera de un gol en propia puerta de su compañero Coleman. Más Costa que nunca, ayer llegó a Las Rozas, donde ya no es un desconocido, donde se abrazó a su “hermano” Ramos y donde Del Bosque le vuelve a mirar convencido de que el gol español debe tener acento de Lagarto, Brasil, donde el que fuera ariete del Atlético de Diego Pablo Simeone nació hace 25 años.

“Hay grandes delanteros que pueden volver”, dice el punta del Chelsea

Costa sufrió lo suyo en el Mundial, primero porque se comió el marrón que supuso convertirse en punto de mira de la afición canarinha, que la tomó con él por traidor, al no perdonarle que en vez de haberse quedado en casa a ver el evento por la tele prefiriera jugarlo con España; después porque no le dio ni un triste gol a La Roja —su gran aportación fue forzar el penalti que transformó Xabi Alonso contra Holanda— y su juego, además, no fue ni el que él ni Del Bosque esperaban. El salmantino lo ha utilizado en cuatro partidos, tres como titular, 315 minutos, en los que el delantero ha rematado seis veces y cuatro ha acertado entre los tres palos, pero ninguno terminó en gol.

Costa, como el resto de los internacionales, mira atrás y se le abren las heridas sencillamente porque hizo las maletas para dejar el Mundial de Brasil, donde La Roja defendía el título conquistado en 2010, “mucho antes de lo que nos esperábamos”. “Lo que pasó no tenía que pasar pero hay que empezar otra vez”, dijo el hispano brasileño al comienzo de la concentración con la que España preparará el amistoso de mañana con Francia y el partido del lunes contra Macedonia, clasificatorio para la próxima Eurocopa, en el Ciutat de València. “No queríamos salir como salimos, teníamos equipo para volver a ganar, y caer tan pronto no lo esperábamos ni nosotros ni nadie, por eso tenemos una espina clavada, pero hay que pasar página”, diagnosticó el ariete.

El delantero del Chelsea admitió que el gol con España “es una asignatura pendiente”, pero no cree que tenga una responsabilidad absoluta en el área, por consciente que sea de que a la selección le debe una. “Hay grandes delanteros que pueden volver y nuevos que pueden hacer bien las cosas”, dijo el hispano-brasileño, que se perfila como titular en París tras golear ayer en el entrenamiento un par de veces.

 

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