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Vuelta a España

Bouhanni, el rey del sol

El francés bate a su oponente Degenkolb en San Fernando y Valverde se viste de líder

Bouhanni celebra su victoria tras cruzar la meta. Ampliar foto
Bouhanni celebra su victoria tras cruzar la meta. AFP

En el duelo al sol de San Fernando, cuando el alemán Degenkolb levantó el trasero del sillín, el francés Bouhanni ya estaba a la sombra, golpeándose el pecho tras ganar el primer reto. No fue un esprín puro, porque en los esprines de verdad quienes luchan nunca ven el dorsal del que gana. Y Degenkolb vio el 91 de Bouhanni demasiado tiempo. Y así, mirando y mirando, así empezó su ceguera, que dice la copla. En la otra Vuelta, la de los llegadores, los velocistas, los ultrasónicos, el francés y el alemán están llamados a diputar sus duelos con una frecuencia habitual. El francés viene de ganar tres etapas en el Giro y el alemán, hace dos años, se comió la Vuelta a mordiscos con cinco victorias en los seis esprines que se disputaron.

Clasificaciones

ETAPA

1. Nacer Bouhanni (France / FDJ.fr) en 4 h 01m 30s

2. John Degenkolb (Ale/ Giant) todos mismo tiempo

3. Roberto Ferrari (Ita /Lampre)

4. Jasper Stuyven (Bel/Trek)

5. Francesco Lasca (Ita/Caja Rural)

GENERAL INDIVIDUAL

1. Alejandro Valverde (Movistar) en 4h 15m 43s

2. Nairo Quintana (Col/Movistar) m. t.

3. Andrey Amador (Crc/Movistar)

4. Jonathan Castroviejo (Movistar)

5. Imanol Erviti (Movistar)

Bouhanni, con 24 años, es algo más que una alternativa a los grandes velocistas. Su equipo, La Française des Jeux, trabajó con piernas y cabeza para dejarle en el disparadero y con la mecha encendida tras el último Giro. Ahí se durmió un poco el Giant y se descolgó Degenkolb lo justo para no verle la cara hasta pasar la línea de meta. 1-0 del francés al alemán, aunque el partido continuará unos días antes de que la montaña les relegue a la sala de estar de la carrera, donde esperan los enemigos de las cuestas, los sufridores de la montaña, los que miran plano y de frente y no arquean las cejas para ver allá a lo lejos la línea de meta.

La carrera tenía ese objetivo, valorar la agudeza y la fuerza de los esprínters. Antes se dilucidaban aspectos menores, pero no secundarios. Por ejemplo, los fuguistas, encabezados por el constante Aramendía, al que se verá en la tele día tras día, mientras el cuerpo aguante. Le acompañaron otros tres: el sudafricano Van Rensburg, el italiano Conti y el francés Hardy. Era algo así como la sal de la ensalada en una tierra que hace acopio de sal atlántica entre la brisa marinera.

Valverde, vestido del jersey rojo. ampliar foto
Valverde, vestido del jersey rojo. AFP

Nathan Haas también surcó su breve camino. Se apuntó a la fuga, pero su objetivo era inmediato: coronar en primer lugar el primer puerto de la carrera (de tercera categoría) y garantizarse el maillot de la montaña. Cumplida la misión se reintegró al regimiento con la medalla puesta, al grito de “que me quiten lo bailao”. O “ahora les toca a ustedes”.

Otros se encontraron con recompensas inesperadas. Por ejemplo, Alejandro Valverde, que de pronto se vio con el jersey rojo de líder por mor de su mejor puesto frente a su compañero Castroviejo. Muchas cosas en una etapa en la que el viento, que empezó de costado, acabó a favor e impulsó a los ciclistas a llegar antes de lo previsto. No es que tuvieran prisa, pero si el viento se empeña no es cuestión de llevarle la contraria, porque cuando se enfada saca su pulguero a pasear. Y porque Bouhanni quería ganar y porque Degenkolb supo cómo hacerlo. Los demás prefirieron sudar rápido y refrescarse pronto, que los soles verticales hacen heridas. Y duelen.

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