Plata en la tormenta

La nadadora española se hunde en la final de 200 estilos tras ser segunda dos minutos antes en el 800

Belmonte, durante los 800m libre.
Belmonte, durante los 800m libre.Michael Sohn (AP)

El epíritu aventurero inspiró a Mireia Belmonte a meterse en la borrasca perfecta. Y la borrasca se la tragó. Se hundió. Con honor, eso sí. Se fue a pique con una medalla de plata y la seguridad de haberse atrevido a hacer algo que está al alcance de un puñado de organismos elegidos. Ahora ya sabe que ella no es uno de esos casos extrañísimos. Sabe que tiene límites y, por lo que parece, en la piscina del Velódromo de Berlín se ha divertido explorándolos.

La nadadora española se apuntó a la extravagancia de competir en dos finales sucesivas, los 800 libre y los 200 estilos. El programa no preveía intervalo entre ambas pruebas de modo que todo se sucedió de forma vertiginosa. Sin margen para descansar y limpiar los músculos de las toxinas que los atenazan después del esfuerzo. Sin tiempo para secarse. Ni para cambiarse el gorro. Tampoco para quitarse el agua de las gafas. Apenas lo justo para completar los 16 largos en 8m 21,22s, quedar segunda por detrás de Jazmin Carlin, salirse de la piscina y volver a tirarse para medirse a la mejor estilista del mundo en estos días, la húngara Katinka Hosszu. Una osadía. Una extravagancia que puede resultar gratificante para alterar la monotonía de la competición pero que a Mireia le pesó como el plomo.

El cuerpo le falló a los 850 metros. En el parcial de espalda de los 200 estilos se hundió. Después de pasar tercera por el primer 50 acabó última, octava, al tocar la pared del 100. La carrera se fue sin ella, que quedó bogando entre las olas que dejaba el paso de las demás, como un cascarón, hueca, agotando sus últimos recursos. Superó como pudo los últimos 100 y tocó la placa en 2m 18,46s. Nueve segundos por encima de su marca en el Mundial de Barcelona del año pasado. Nueve segundos de agonía. Hosszu hizo 2m 8,11s. Una excelente marca que está por debajo de lo que la propia Hosszu hizo en Barcelona. En la tónica de estos campeonatos en los que resulta extraño ver nadadores mejorando sus mejores tiempos.

Fred Vergnoux, el entrenador de Mireia, lo advirtió hace unos días: la muchacha iba a Berlín sin estar del todo afilada. La natación tiene ciclos que coinciden con las olimpiadas. Entre el pico de rendimiento demostrado en unos Juegos y el pico de los siguientes se produce un valle. Ahora mismo los nadadores se encuentran en su peor verano. Los meses que coinciden con el segundo año después de unos Juegos y cuando faltan dos para los siguientes. El nivel de los Europeos de Berlín es predeciblemente bajo y Mireia no es la excepción. Las próximas Navidades señalarán el final de la dispersión y el inicio de la preparación de los Mundiales de Kazán y, más allá, de Rio 2016. Mientras tanto, estos Europeos sirven para que el cuerpo conserve una base, para que no se pierdan los hábitos competitivos y el depósito de combustible no acabe de vaciarse. En este sentido, la nadadora de Badalona ha cumplido con creces.

La incursión de Mireia en los 800 libre fue brava. Marcó el ritmo de la prueba desde el primer metro. Pero, también desde el primer metro, la persiguió Jazmin Carlin. Nadaron a ritmo de récord de Europa, calle con calle, vigilándose. La española como si castigara el agua, con los brazos rectos. Golpe a golpe. La galesa, clavando las manos, como un harpón, sin perder la distancia. A medio metro de su objetivo. Mireia ganaba centímetros en los virajes, con su notable nado subacuático, y la galesa le recuperaba lentamente. Mireia pasó por el parcial de 400 metros en 4,7 minutos, un segundo más rápido que en la final de los Juegos de Londres, cuando hizo su mejor registro. Entonces Carlin comenzó a recortar, centésima a centésima. Largo a largo. Mireia lideró la prueba hasta los 550 metros. Cuando perdió la primera posición su situación era insostenible. No dio muestras de tener una reserva, ese margen de energía indispensable para acelerar. Carlin le sacó un segundo entre los 650 y los 700, dos segundos más entre los 700 y los 750, y un segundo en el último largo. Suficiente para desgastar psicológicamente al adversario más tolerante.

Mireia sufrió para que la húngara Boglarka Kapas, que avanzó desde atrás entusiasmada, no le arrebatara la plata. Carlin hizo 8m 15,54s, la quinta mejor marca de todos los tiempos. Mireia se quedó en 8m 21,22s, a tres segundos de su mejor crono. Kapas terminó en 8m 22,6s. Si cada prueba es un indicio de lo que podría suceder en los campeonmatos mayores, la española ya debe intuir que, o da un improbable salto de calidad, o en Río no se subirá al podio.

 

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