Suárez: “Pido perdón a Chiellini”

Cinco días después de su mordisco, el delantero muestra su arrepentimiento y el italiano acepta las disculpas: "Está todo olvidado. Espero que la FIFA reduzca tu sanción"

Luis Suárez, durante una rueda de prensa.
Luis Suárez, durante una rueda de prensa.Lavandeira Jr. (EFE)

Cuando ya se veía a Luís Suárez jugando en Kosovo, que le ofreció su única cancha posible por no ser ese país miembro de la FIFA, el delantero uruguayo hizo públicas sus disculpas por el mordisco al italiano Chiellini desde Montevideo. Hacía pocos minutos que Xhavit Pacolli, presidente de Hajvalia, un pequeño equipo de un barrio de Pristina, le había propuesto 1.500 euros mensuales al jugador uruguayo, cuando “recapacitó” sobre lo sucedido en el fatídico Uruguay-Italia del pasado 24 de junio. Una acción que provocó el castigo implacable de la FIFA: nueve partidos internacionales y cuatro meses expulsado del fútbol.

“Me arrepiento profundamente”, escribió el delantero en un mensaje difundido por Facebook y Twitter. “Después de unos días de estar en casa con mi familia, he tenido la oportunidad de recuperar la calma y de reflexionar sobre la realidad de lo que sucedió en el partido”, escribió Suárez antes de pedirle perdón al adversario italiano. Este reaccionó de forma simultánea, también a través de las redes sociales: "Está todo olvidado. Espero que la FIFA reduzca tu sanción".

Chiellini muestra la marca de los dientes de Suárez, tras el mordisco.
Chiellini muestra la marca de los dientes de Suárez, tras el mordisco.TONY GENTILE (REUTERS)

En Uruguay, el gesto de Suárez fue entendido como necesario, ya que el jugador se encuentra en plenas negociaciones para su traspaso al Barcelona. Pero en el país la herida que causó la sanción al delantero sigue viva y pocos consideran necesaria una disculpa. A estas alturas todavía hay gente que siente un inexplicable desasosiego, mezcla de pena y rabia. Cuando la FIFA sacó del Mundial al ídolo nacional, muchos durmieron mal y algunos lloraron.

Conocidos por su moderación, los uruguayos ofrecen un panorama desconocido estos días para los observadores externos. Los insultos del presidente José Mujica a los dirigentes de la FIFA fueron respaldados por el vicepresidente y exministro de Economía Danilo Astori, un hombre al que se le conocen pocos exabruptos y que brilla por su talante de experto. Desde París, donde participaba en un foro internacional, Astori aseguró que con el caso Suárez la FIFA violó “el derecho a la igualdad” e hizo “una demostración casi obscena del poder de los más fuertes sobre los más débiles”.

En Uruguay, la disculpa del jugador se percibía como necesaria, pero la herida que causó su sanción sigue viva

Esta vez, la oposición salió a templar la situación, rechazando los insultos de Mujica: una novedad ya que hasta ahora se había construido una especie de frente sagrado en defensa de Suárez. "Discrepamos con la FIFA; actúa con criterio fascista y sanciona sin respetar DDHH de las personas. Pero un presidente no puede insultar así", señaló en su cuenta de Twitter el senador del Partido Nacional (centroderecha), Sergio Abreu.

Uruguay está en un año electoral y todos los partidos manejan con extremo cuidado todo lo relacionado con el fútbol, la pasión nacional. La llegada de los jugadores de La Celeste el domingo por la noche al aeropuerto de Montevideo fue seguida por miles de personas, retransmitida en directo por las televisiones y las radios. El cariño por este grupo de futbolistas no es una novedad en un país que está totalmente en sintonía con el proceso de renovación del equipo, iniciado en los años noventa por el entrenador Oscar Washington Tabárez y que tuvo su apoteosis cuando superó los cuartos de final de Sudáfrica en 2010 y ganó la Copa América del 2011. Los valores de Tabárez son el respeto al adversario; la igualdad dentro del equipo, donde no hay trato de favor para las estrellas; la profesionalización; y cierto fair play entendido a la uruguaya, puesto que se tolera un fútbol duro, aguerrido.

El presidente José Mujica ha captado perfectamente esta simbiosis entre los uruguayos y su selección. Por eso, aunque es de sobra conocido en Uruguay que no es un hombre futbolero, ha estado presente en todos los momentos clave de este campeonato. Porque el fútbol uruguayo no siempre fue como el de ahora, la selección nacional atravesó largos años de decadencia, de perder, de ser conocidos por un juego brutal a base de patadas y golpes. En aquella época había peleas entre los jugadores, una división entre los uruguayos que vivían y ejercían en el territorio nacional y los que jugaban en el extranjero. Dos bandos que durante años arrastraron a la derrota a todo un país.

El pasado 19 de junio, durante el partido del Mundial entre Uruguay e Inglaterra, la prensa internacional pasó por alto un momento muy señalado en el país de Suárez. En el minuto 62 del encuentro, el mediocampista Álvaro Pereira quedó inconsciente tras recibir un rodillazo involuntario del delantero inglés Sterling en la cara. En aquel momento Uruguay perdía el partido y había mucha tensión. El jugador se reanimó, pero quedó mareado. Entonces el médico Alberto Pan empezó a señalarle que saliera del campo, instrucción que venía del banquillo. Pero el futbolista del Sao Paulo se negó a irse. “Yo no salgo”, dijo.

Suárez conoció la pobreza, pidió en la calle y se hizo a sí mismo cuando nadie lo consideraba prometedor

La indisciplina se resolvió rápido con una ligera disculpa del insubordinado, quien declaró a la prensa que se había negado a dejar el campo porque ese partido era lo más importante de su vida. En Uruguay fue saludado como un héroe, calificado como digno heredero de Obdulio Varela (Negro Jefe), el capitán de La Celeste durante el Maracanazo. Para los uruguayos, Pereira fue un héroe como Luís Suárez, a pesar de que el delantero fue el autor de los dos goles ante Inglaterra, jugando acalambrado y recién repuesto de una operación de menisco. El cariño es todavía más especial con ese hijo conflictivo nacido en Salto, cuya historia conoce todo el país. Suárez conoció la pobreza, pidió en la calle, se hizo a sí mismo cuando nadie lo consideraba prometedor. Se enamoró perdidamente de su actual mujer, Sofía, que vivía en Europa, y luchó sin descanso para conseguir un traspaso al viejo continente.

Los periodistas deportivos que regresaron el domingo de Brasil aseguran que los integrantes del equipo uruguayo están convencidos de que la sanción de la FIFA fue una maniobra para sacar a La Celeste del Mundial. Uruguay, por sus pequeñas dimensiones y su escasez de habitantes (poco más de 3,2 millones) sería un mal negocio para los amos del fútbol mundial. Esta teoría está muy extendida y tiene defensores entre las élites del país rioplatense. Muchos creen que fue un complot y por ahora, de ahí no los saca nadie.

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