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Mitad Origi, mitad Lukaku

Bélgica, alegre de juego, se encomienda a sus delanteros para superar en la prórroga al fenomenal Howard y a Estados Unidos

FOTO: Lukaku supera a Howard en el segundo gol de Bélgica. / AFP; VÍDEO: Obama ve por televisión el partido de Estados Unidos contra Bélgica.

Hay victorias que se anuncian desde muy pronto y, sin embargo, tardan tanto en cantarse que al final acaban por ser discutidas, también en la Copa del Mundo. Así pasó en el estadio Fonte Nova. La superioridad de Bélgica era tan manifiesta que sólo había que aguardar a que se venciera Howard. Y el portero, un gigante en un equipo de atletas, dobló la rodilla en la prórroga después de que Lukaku se comiera la cancha y el rechazo a su jugada habilitara el tiro de gracia de De Bruyne. El propio Lukaku rubricó más tarde el pase a los cuartos donde le aguarda Argentina después que Estados Unidos marcara y perdonara el empate en un arrebato final tan admirable como criticable fue su segunda parte, siempre encomendado a Howard. Merece la mayor de las consideraciones el ataque y gol de Bélgica, muy futbolera, falta sólo de remate, cosa lógica si se tiene en cuenta la juventud del plantel de Wilmots.

El partido se arrancó con una ocasión de Origi después de ser habilitado por Martens. La respuesta de Howard fue tan contundente como el desmarque del delantero de 19 años del Lille. La jugada se repitió una y mil veces, de principio a fin, como si la contienda fuera un diálogo Origi-Howard.

Origi estira al equipo, le da salida, permite un fútbol más dinámico que Lukaku, señalado desde que se enfadó con Wilmots por su sustitución en el encuentro contra Rusia. La declaración de intenciones de los belgas tuvo una respuesta momentánea por parte de Estados Unidos. A los muchachos de Klinsmann les encanta correr, el juego vertical y directo, los cambios de orientación, el fútbol a la contra, habitualmente rematado por un futbolista generoso en el esfuerzo como Dempsey. No tardó en rematar el punta del Seattle a la que entró en juego Bradley.

No había tiempo para la especulación en un partido abierto y divertido, bonito para el público, presidido por las llegadas a las dos porterías, sobre todo a la de Estados Unidos. No quería dejar pasar el tiempo Bélgica y a la media hora ya había sacado cinco saques de esquina y rematado tres. No tuvo puntería ni calidad para armar el último pase para batir al excelente Howard después de romper la línea de centrocampistas norteamericana, diseminada, mal puesta, en inferioridad ante el juego de Hazard, Martens y de De Bruyne. El ritmo era tan frenético que pronto se contaron víctimas como Johnson.

Al juego veloz y sin tregua le faltaba control y pausa para asegurar la definición, también por parte de Estados Unidos. El equipo de Klinsmann encontró un agujero en el costado derecho de su ataque, mal defendido por Hazard y por Vertonghen, pendiente de la marca de Zusi y erróneo en el juego posicional que demanda una zaga capitaneada por Kompany. Apenas tuvo sin embargo ocasiones en comparación con Bélgica, que alcanzó el descanso con una sensación agridulce, más que nada porque su buen fútbol no había tenido recompensa en el marcador. Nada mejor que mirar a Wilmots, entre desesperado y enfadado, para entender el habitual 0-0 de los partidos de octavos de esta Copa.

Nunca dejó de atacar Bélgica. El suyo era un juego fluido, transparente, noble, difícil de defender para Estados Unidos. Aunque perdonó un remate muy fácil a dos metros de Howard, Origi fue una tortura para los zagueros de Klinsmann. Al rescate de Estados Unidos acudió también en la reanudación su portero y la falta de tino de los delanteros de Bélgica. A los joviales diablos rojos sólo les faltaba poner el punto final a su juego dinámico y de muy buen ver. Estados Unidos se dedicó a esperar con el recurso de su buena capacidad para competir. Aguardaba a que amainara el temporal, a que se desgastara el contrario, a cazar un contragolpe, siempre encomendado a Howard.

No saben defenderse los belgas, excelentes en cambio en ataque, sobrados de delanteros

Klinsmann permanecía de brazos cruzados al borde del área técnica, sin mover el banquillo mientras su equipo se consumía en la cancha, remitido al 0-0. No podía Jones, no aparecía Bradley, no tapaban los laterales, nadie encontraba a Dempsey. Incluso con los cambios, el encuentro continuó siendo un diálogo Howard-Origi y el delantero, excelente en los movimientos, no conseguía batir al portero, inmenso toda la noche, espectacular también en un rechazo después de una jugada primorosa entre Hazard, Origi y Mirallas, en un tiro de Hazard y en otro de Kompany. No hubo manera de enredar a Howard. Estados Unidos solo tuvo una oportunidad, en el último minuto del tiempo añadido, cuando Wondolowski se quedó solo dentro del área pequeña y falló el golpeo a bote pronto ante Courtois.

Fue el quinto tiro de Estados Unidos por 30 de Bélgica, 20 entre los palos de Howard, antes de la prórroga, que comenzó con Lukaku en el sitio de Origi. Y Lukaku remató entonces la faena de Origi.

El potente ariete del Everton fabricó el 1-0, marcó el 2-0 y no encontró el 3-0 por culpa de Howard. La ventaja provocó la dormidera de Bélgica y un ataque a la desesperada de Estados Unidos. Green metió el 2-1 y Jones y Dempsey perdonaron el empate a dos. No saben defenderse los belgas, excelentes en cambio en ataque, sobrados de delanteros, para satisfacción de su hinchada, mitad a favor de Origi, gran jugador, y mitad de Lukaku, mejor rematador. Hará bien Argentina en no fiarse de Bélgica.

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