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El Barcelona desarbola al Madrid

Navarro lidera el festival de juego y de triples (94-79) y sitúa a los azulgrana a un paso del título de la ACB: 2-1

Dorsey protege el balón entre Rudy y Felipe. Ampliar foto
Dorsey protege el balón entre Rudy y Felipe. EFE

El Barça trituró al Real Madrid y lo dejó frente al abismo, sin margen de error, necesitado de multiplicar por cien sus revoluciones para forzar un quinto partido. El equipo de Xavi Pascual agrandó su imagen y comparecerá en el cuarto encuentro con muchas bazas a su favor: domina por 2-1, juega de nuevo en casa, este jueves (19.15, La1 y TV3) en el Palau, y su vendaval de juego resultó tan abrumador y disuasorio que el Madrid tendrá que someterse a una terapia de choque que cambie por completo su imagen y su rendimiento.

El zarandeo al que se vio sometido el equipo de Pablo Laso fue tremebundo. Navarro, que no para de batir récords, esta vez con su partido 132 en los playoffs, abrió el festival y tras él, toda su tropa, empezando por Nachbar, que anotó los dos primeros triples de la descomunal serie de su equipo: 16, con un 64% de acierto.

BARCELONA, 94; R. MADRID, 79

Barcelona: Marcelinho (12), Navarro (19), Papanikolaou (12), Nachbar (14), Tomic (6) —equipo inicial—; Dorsey (4), Sada (2), Abrines (0), Oleson (15), Lorbek (2) y Lampe (8).

Real Madrid: Llull (15), Rudy Fernández (7), Darden (0), Mirotic (11), Bourousis (13) —equipo inicial—; Felipe Reyes (2), Díez (0), Sergio Rodríguez (9), Carroll (13), Slaughter (5) y Mejri (4).

Parciales: 31-20, 21-20, 28-23 y 14-16.

Árbitros: Arteaga, Pizarro y Bultó. Señalaron una técnica a Oleson.

Palau Blaugrana. 7.328 espectadores. El cuarto partido se jugará el jueves (19.15, La1 y TV3) en la Palau.

Frente a la exuberancia del Barcelona, frente al trepidante trabajo ofensivo de Navarro, Oleson, Marcelinho, Papanikolaou y compañía, el Real Madrid quedó descolocado, preguntándose dónde ha ido a parar el Mirotic desequilibrante de tantos y tantos partidos previos a este final de temporada, o el Felipe Reyes supremo de la semifinal de la Euroliga ante el Barcelona, o la chispa de Sergio Rodríguez, o el espíritu indomable y el trabajo demoledor de Rudy Fernández. El alero mallorquín fue la viva imagen de los achaques de su equipo, con un dedo vendado, con una aparatosa protección azul en el hombro, con su espalda maltrecha... Demasiadas pupas, inconvenientes, jugadores fuera de onda, en simbiosis con un entrenador, Pablo Laso, que, para colmo de males, tuvo que ser llevado en silla de ruedas al taburete que le instalaron en el banquillo del Palau después de haber sido operado de la rotura del tendón de Aquiles que sufrió en el segundo partido.

El Barcelona ha abierto la espita en este final de temporada. Su explosión ofensiva se repite a menudo. Bajó en el segundo encuentro, pero si en el primero anotó 98 puntos en Madrid, en el tercero se fue hasta los 94 a pesar de que no necesitó forzar la situación, totalmente resuelta ya en el inicio del último cuarto, cuando ya mandaba por 19 puntos (80-61).

Laso cambió varias veces la defensa de su equipo, pero muy pocas le dio un mínimo resultado (42-36, en el minuto 15, fue uno de los pocos pasajes de igualdad). No surtieron efecto los ajustes y cambios de asignación en los marcajes, ni las diferentes zonas que impuso menguaron el festival ofensivo azulgrana. El Barcelona explotó la rapidez y las posiciones exteriores de un montón de jugadores, hasta seis anotaron al menos un triple, con mención especial para Nachbar, con cuatro, y Navarro y Oleson, con tres cada uno de ellos.

El Madrid solo replicó gracias a las penetraciones de Llull y al buen hacer en el interior de la zona de Bourousis. Pero el griego fue el único pívot del Madrid que dio el tipo frente a la batería de gigantes del Barcelona. Mirotic y Slaughter perdieron por completo la batalla ante Nachbar, Rudy no consiguió echarle el lazo a Navarro, Darden tampoco erosionó el juego de Marcelinho.

A base de triples, de un juego exuberante, rápido y dinámico, el Barcelona se merendó al Madrid y lo dejó contra la espada y la pared. El equipo de Pascual se ganó a pulso la posibilidad de decidir la final en casa y arrebatarle la corona al rival que le ha llevado a maltraer toda la temporada.

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