MUNDIAL 2014
Columna
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Se acabaron las hazañas

Sergio Ramos, tras la eliminación española ante Chile.
Sergio Ramos, tras la eliminación española ante Chile.alejandro ruesga

“Esta noche para siempre se acabaron tus hazañas”, dice un tango clásico, y dan ganas de pensar en España mientras suena. Porque es verdad que se acabó de manera abrupta este ciclo, pero también que lo hecho hasta aquí cabe calificarlo de hazaña por lo que significó para el fútbol español y por lo que influyó en el fútbol mundial. Que este ciclo se termine frente a Australia en un partido que no significa nada, es una prueba más de que el fútbol no conoce la piedad. Se trata de un juego maravilloso, pero también terrible y lleno de paradojas. España, la última en irse de Sudáfrica con la Copa en todo lo alto, es de las primeras en marcharse de Brasil y justamente.

Chile cantó el himno como quien sale a invadir, no como quien sale a jugar. Y realizó un partido coherente con ese entusiasmo patrio. De hecho, presionó más de lo que jugó hasta el punto de que cada jugador de España que pensaba con la pelota en los pies, se quedaba sin pelota. Y si se descuidaba, también sin pie. A veces las pequeñas cosas tienen el valor de un símbolo, y ver a Casillas sacar en largo las primeras pelotas que recibió fue una confirmación de la falta de confianza que ha ido infectando al equipo. La perfección técnica que alcanzo esta Selección requería tal armonía colectiva que aquello llegó a parecer un ballet en el que la pelota marcaba un ritmo rápido y hasta bello. Y que yo sepa la belleza no molesta a nadie. ¿Y por qué esta caída? El de España es un equipo cansado y no piensen sólo en términos físicos. Jugar al fútbol como lo ha hecho esta selección durante tantos años exige estar muy fresco: para tener las soluciones en la cabeza antes de recibir la pelota, para conectarse con los compañeros con una sola mirada, para presionar con urgencia tras la misma pérdida del balón. Ante Chile, y desde muy pronto, entendimos que muchos tornillos estaban desajustados, incluso los de la suerte, que suele restar conectada con la confianza.

Que este ciclo se termine frente a Australia en un partido que no significa nada, es una prueba más de que el fútbol no conoce la piedad

No desmerezco a Chile, agresivo en el ataque, en la presión, en los regresos; y mucho menos a Holanda, que voló en su presentación. Pero como la decadencia no suele tener fondo, no me extrañaría que termináramos elogiando a una gran Australia en el tercer partido. Porque en España todos los jugadores parecen estar lejos entre sí, como si hubieran olvidado que la cercanía sirve para asociarse, tan importante para darle continuidad al juego como para recuperar el balón en manada tras la pérdida. Acabar un ciclo de esta manera tiene que ver con el paso del tiempo, pero también con una cadena de fatalidades en la que terminan fallando jugadores que nunca fallaron, en la que cada error es de valor gol (en cualquiera de las dos porterías) y en la que hasta el orgullo parece cansado cuando el partido requiere de una respuesta heroica.

España, simplemente, no se encontró en este Mundial. Pero como la principal revolución de su fútbol es formativa, el legado será recogido por las nuevas generaciones, que tendrán que competir con los títulos, el hermoso estilo y hasta el ejemplar comportamiento de estos jugadores. Mucha personalidad hará falta para estar a la altura del recuerdo que nos dejan estos próceres porque, aunque el presente les condene, la historia sabrá ponerlos en el lugar que merecen. Simplemente, el más grande visto nunca.

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