Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El secreto de Messi es la zancada

Cruyff sostiene que la mayor frecuencia de pasos que da el argentino en carrera le permiten tomar más decisiones

Messi, en un entrenamiento con Argentina. Ampliar foto
Messi, en un entrenamiento con Argentina. EFE

El rumor sitúa a Lionel Messi en una mansión en la Sierra de Cipó al abrigo de los jequitibás y otros árboles maravillosos. La leyenda, referida por taxistas y periódicos digitales locales, señala que el astro del fútbol duerme con su familia todas las noches y por las mañanas se sube a un helicóptero que lo traslada a la Cidade do Galo, el centro de concentración del Atlético Mineiro, donde se aloja la selección de Argentina durante el Mundial.

El helicóptero es el medio de transporte por excelencia de los potentados en Brasil, que, como se mueven por el aire, no dependen de las infraestructuras públicas. En la AFA, la versión oficial es que Messi duerme con su amigo el Kun Agüero en una habitación doble en Cidade do Galo, y que todo lo que cuenta la gente de la zona son habladurías. Suele suceder cuando los ídolos excitan la imaginación del pueblo. Abundan las teorías fantásticas y pocas veces se analiza a Messi desde el ángulo científico. Por ejemplo, los fantasiosos habitantes de Belo Horizonte no se han parado a responder la cuestión fundamental: ¿Por qué Messi es tan ágil y desconcertante cuando conduce la pelota pegada al pie? ¿Qué le hace diferente?

El arte de jugar no tiene que ver con el tamaño de los jugadores. Es más, diría que es un proceso inverso

Jorge Valdano

Johan Cruyff, que además de ser uno de los mayores talentos de la historia del fútbol es uno de esos protestantes que se pasan la vida pensando, se detuvo a examinar este problema y conjeturó una solución psicomotriz. Se la formuló a Jorge Valdano, que explicó la teoría hace poco. “En el fútbol”, dijo Valdano, “existen los portentos como Cristiano, capaces de derribar puertas cerradas. Pero el arte de jugar no tiene que ver con el tamaño de los jugadores. Es más, diría que es un proceso inverso. Cruyff me hizo un elogio de Messi señalando la ventaja de su tamaño reducido: ‘Como Messi da un paso cada 30 centímetros, cada vez que pisa tiene la posibilidad de cambiar de dirección o cambiar de idea, y eso le da por lo menos el doble de ideas que a uno de 1,90’. ¡Son las cosas llenas de lógica que tiene Cruyff! Pero tienen que ver con algo cierto: con los apoyos que te permiten, además, hamacarte de otra manera”.

Cruyff, que medía 1,80, poseía una de las zancadas más largas y estilizadas de la historia del fútbol. Con el tiempo, sin embargo, parece haber descubierto que la elegancia tenía un precio: si hubiese acortado un poco el tranco habría burlado más rivales.

 Ajeno a las especulaciones geométricas, Messi permaneció recoleto ayer en Cidade do Galo, alimentando misterios y mitos. Dos jugadores, Lucas Biglia y Ezequiel Garay, ofrecieron las primeras conferencias de prensa de la delegación Argentina en Brasil. Los dos, curiosamente, formaron parte del plantel que conquistó el Mundial sub-20 en 2005, junto a Messi, Zabaleta, Gago y Agüero. Como es la costumbre, alguien les preguntó por el jefe. “Es un líder muy positivo”, dijo Biglia. “Nos sigue sorprendiendo con su humildad. “Nosotros tenemos que ayudarlo a él y no él a nosotros. Debemos hacerlo sentir cómodo y feliz para que haga la diferencia”.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.