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“Siempre juego como en el barrio”

Ángel Di María habla sobre su reciclaje como medio en el Madrid y en Argentina, sobre Cristiano y Messi, y sobre su carácter

Di María, en un entrenamiento con Argentina. Ampliar foto
Di María, en un entrenamiento con Argentina. AP

No es frecuente que la transformación de un futbolista contra su naturaleza sirva para cuadrar un esquema táctico y mucho menos que el mismo jugador ayude a dos grandes equipos a resolver el mismo problema. Es lo que ha hecho Ángel di María (Rosario, 1988) en el último año articulando el 4-3-3 y la variante del 4-4-2 tanto en el Real Madrid como en la selección argentina. Extremo por excelencia, este zurdo flaco que parece recién llegado de una larga guerra, se convirtió en centrocampista para completar una temporada difícil de igualar. Ayer aterrizó en Brasil para disputar el Mundial con una selección en que solo Messi parece gozar de mayor consideración.

Pregunta. Nadie apostaba por usted en septiembre y acabó siendo titular en la final de la Champions, en que el comité técnico de la UEFA le eligió mejor jugador. ¿De dónde sacó esa convicción para reinventarse?

Respuesta. Arranqué un año un poco complicado. Llegaron nuevas figuras, nuevos fichajes, y lo normal era que mi posición la ocupara Gareth [Bale]. Sabía que me resultaría difícil jugar. Fue gracias al míster [Ancelotti] que pude tener oportunidades como centrocampista, en una posición que ya conocía de la selección. Ahí me sentía cómodo, pero en el Madrid adaptarte tan rápido a un puesto nuevo no es tan fácil y el míster me tuvo paciencia en los primeros partidos. Me fui sintiendo mejor y eso me fue llevando a la titularidad. Tenía muchas ganas de demostrar que podía ser importante. Quería recordarle a la gente que estaba presente. Mi mujer y mi hija fueron fundamentales.

Soy un privilegiado. Tengo a Messi en la selección y a Cristiano en el Madrid

P. ¿Por qué?

R. Mi mujer y mi hija son los pilares que me sostienen cuando las cosas me van mal y los pilares que me aguantan cuando las cosas me van bien, para no desviarme. Me aferro mucho a los que tengo cerca. Estamos solos en España con mi mujer y mi hija y las temporadas en el Madrid siempre son duras porque cuando las cosas no salen todo el mundo critica y no es sencillo salir adelante. Ellas me ayudan a pelear día a día.

P. Usted juega como si no hubiese partidos más y menos importantes. Siempre parece exaltado. ¿Tanto le gusta el fútbol?

R. Yo siempre que salgo a la cancha pienso que juego con los amigos en el barrio donde nací [La Cerámica]. Eso me da la misma ilusión. Tengo las mismas ganas de ganar que cuando era chico. ¡Me encanta ganar! Cuando llegan los partidos me dan ganas de demostrar lo que soy. La carrera del futbolista es corta y hay que aprovecharla. Por mí mismo, por los compañeros y por el club.

P. ¿No cree que corre demasiado? ¿No piensa que un poco de pausa le ayudaría a ser más claro?

R. Quizá sí. A veces me lo han dicho. Pero es mi forma de ser. Siempre fui igual. Este año, en el centro del campo, he sentido que tenía momentos de más pausa, de jugar un poco más. Eso me dio la posibilidad de dar muchas más asistencias de gol [fue el mayor pasador de goles del Madrid en Liga con 17 asistencias]. Parar un poco es bueno para mí, porque no siempre se puede afrontar un partido yendo al cien por cien. Pero mi instinto es así: siempre que la pelota la tiene el contrario me gusta apretar, para que el equipo tenga la pelota. Por eso trato de correr y recuperarla lo antes posible.

Yo no me siento inferior a nadie. Yo hago mi juego. Tenga a quien tenga adelante mi estilo de juego va a ser siempre el mismo

P. ¿Cuál es el mensaje de Sabella y en qué difiere del de Ancelotti?

R. Me piden lo mismo. No se diferencian. Quieren que cuando tengamos la pelota me despliegue por afuera o por adentro y ayude a los atacantes. Y cuando defendemos que me junte con los tres del medio y ocupe bien la posición. El esquema en el Madrid y en la selección es el mismo. No se me hizo muy difícil acomodarme a lo que Ancelotti quería.

P. ¿Ha pensado que sin usted ni Argentina ni el Madrid habrían podido armar un mediocampo competitivo?

R. Puede ser. Con Sabella había hecho algunos partidos en esa posición y me estaba sintiendo bien. Me tuve que retrasar porque Higuaín, Messi y Agüero son tan terriblemente buenos que tienen que jugar por obligación. El equipo necesitaba centrocampistas con recorrido y Sabella me pidió que lo intentara. Estoy muy contento de haberlo conseguido. En el club Ancelotti vio el partido contra Perú y me dijo que probara. Así fue como empezó a respaldarme, porque yo no estaba acostumbrado. Me costó algunos partidos hacerlo bien. No es lo mismo jugar por detrás de Messi que de Cristiano, ni jugar con Alonso o con Mascherano. Al final equilibramos bastante el mediocampo. Cuando defendíamos terminábamos jugando con un 4-4-2 y así nos cerrábamos mejor.

P. ¿Le divierte defender?

R. Me gusta recuperar porque puedo salir al contragolpe rápido. Cuando juegas en el medio no tienes una marca fija como cuando partes de la banda como extremo puro y tienes que regatear. Como interior aprovecho mejor la velocidad para transformarme en el cuarto delantero. Cuando vienes de robar una pelota esas posibilidades de sorprender se multiplican y puedes ser más desequilibrante todavía.

P. ¿Cómo hace para no inhibirse ante dos delanteros como Bale y Cristiano, que no devuelven nunca una pared y aceleran cada vez que reciben?

Di María se abraza a Messi y Agüero. ampliar foto
Di María se abraza a Messi y Agüero. AFP

R. Yo no me siento inferior a nadie. Yo hago mi juego. Tenga a quien tenga adelante mi estilo de juego va a ser siempre el mismo. Cada vez que ellos tienen la pelota y aceleran, gracias a Dios, con mi velocidad puedo llegar al área cuando ellos se van porque los puedo acompañar. Me siento muy cómodo jugando con los dos, y con Karim arriba.

P. ¿En la selección es más fácil juntarse con delanteros más participativos, que se asocian en el medio campo, como Messi o Higuaín?

R. En los dos equipos me encuentro a gusto. El estilo de juego del Madrid, esas transiciones rápidas, se acomoda a mi manera de sentir el fútbol. En la selección, con otras características, me ocurre lo mismo porque los delanteros tienen muchísima calidad. A veces van en profundidad, y a veces vienen a jugar en corto y a tirar paredes. Nos conocemos hace mucho y nos entendemos perfectamente.

P. ¿Ser de Rosario le aproxima más a Messi futbolísticamente?

R. No es por ser de la misma ciudad, es porque nos hemos hecho amigos y al fútbol se juega mejor con los amigos. Rosario saca jugadores importantes que al final terminan en grandes clubes. Por lo demás, él es hincha de Newell's y yo de Central. Ser de Rosario no tiene por qué unirte.

Kily González era mi ídolo de pequeño. Esa garra, ese carácter, esos cojones...

P. ¿Qué es lo que más le entusiasma de jugar con Messi?

R. Estar con Leo es muy lindo para cualquier jugador y más si compartes selección. Disfruto con su calidad. Yo he tenido la suerte de jugar con Messi en la selección y con Cristiano en el Madrid. Soy un privilegiado.

P. ¿Messi convierte a Argentina en candidato al título?

R. Queda mucho por recorrer. Los favoritos son Brasil y España. Brasil porque juega en casa con grandes futbolistas y España por ser el campeón vigente. Nosotros hace mucho que no somos campeones. La gente dice que somos favoritos solo por ser Argentina y por tener grandes jugadores. Pero eso no te convierte en candidato. Tenemos que ir partido a partido. Sabiendo que no va a ser nada fácil estar entre los cuatro mejores. Si llegamos a semis, ahí se verá.

P. ¿Qué futbolista le enseñó más cosas?

R. Kily González era mi ídolo de pequeño porque era el volante por izquierda en Central y jugaba en la misma posición que yo. Era el jugador que miraba. Ese carácter, esa garra, esos cojones, te llamaban la atención. Cuando volvió a Central a retirarse tuve la posibilidad de jugar junto a él y aprendí mucho. No hemos perdido el contacto ni me ha dejado de dar consejos.

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