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La lapidación del ‘filósofo’ Guardiola

Pep disputó el martes tres partidos: contra el Madrid de Ancelotti; contra el Bayern de Heynckes; y contra sí mismo, enfrentado a la duda de cómo jugar con los futbolistas que tiene

Guardiola, ante el Madrid
Guardiola, ante el Madrid Bongarts/Getty Images

Aclamado ya el Madrid, la crítica se pregunta hoy si el Bayern ha perdido por culpa de Guardiola. Aunque desde hace un tiempo se cuentan incluso los pases y los centros, no resulta fácil medir el grado de responsabilidad del técnico en la goleada histórica de Múnich. Hay coincidencia de todas maneras en que Guardiola se equivocó y, por otra parte, se sabe que son muchos los que le tenían ganas y han aprovechado la derrota para ajustar cuentas pendientes desde su salida del Barça, equipo con el que el entrenador catalán protagonizó rotundas victorias ante el Madrid.

Guardiola disputó el martes tres partidos: contra el Madrid de Ancelotti; contra el Bayern de Heynckes; y contra sí mismo, enfrentado a la duda de cómo jugar con los futbolistas que tiene. Excesivos retos en un mismo día, también para el expreparador del Barça, que perdió los tres envites. El Madrid fue más alemán que el Bayern, campeón de Europa y goleador en el Camp Nou, y el Bayern fue más azulgrana que el Barcelona de Guardiola heredado por Vilanova. Así planteado el partido, se deduce que el perdedor es el fútbol de toque y posesión representado por Guardiola y que solo tendría sentido en un Barça liderado por el mejor Messi. No sería por tanto exportable y menos al mejor equipo de la Bundesliga.

No lo entendieron así en verano los directivos del club bávaro, tan ganador como falto de apoyo popular, necesitado de una figura que ayudara a dulcificar su imagen para conquistar el mercado global. Incluso Beckenbauer sabía que Guardiola es un cruyffista radical y un ilustre representante de la escuela holandesa y del Ajax, enemigos naturales de los alemanes y del Bayern. La apuesta tenía un riesgo. La asociación de marcas no siempre suma sino que puede restar, como se constató en la asociación Madrid-Mourinho, universos contradictorios, incapaces de conseguir lo mismo que Ancelotti. El portugués funcionó cuando su firma tuvo tanto peso o más que el de la entidad para la que trabaja. Habrá que ver ahora hasta qué punto mezclan bien dos culturas tan diferentes como la del Bayern y la de Guardiola. No alcanza con que el técnico sepa alemán. Ocurre que Guardiola cuenta con un problema añadido: sus equipos no juegan solo para ganar sino que concibe el juego como paso inexcusable para alcanzar la victoria. El fin no justifica los medios. Un plan que irrita a los convencionales por entender que es rimbombante y pretencioso, propio de quienes quieren trascender, situarse por encima del bien y del mal, no jugar para ser mejor que los demás, como pretende el Madrid. A Ancelotti se le pide la Décima, y el técnico italiano se aplica en Madrid como en París, Londres o Milán.

Ancelotti representa hoy la normalidad ante la excentricidad que simboliza Guardiola

Ancelotti representa la normalidad ante la excentricidad de Guardiola. Uno es realista y el otro un filósofo. Vuelve el fútbol a sus cauces naturales, y hasta Brasil se olvidó del jogo bonito para entregarse a la línea dura. Los románticos solo aparecen muy de vez en cuando para marcar época: pasó con el Honved y la Hungría de los cincuenta, el Ajax y Holanda de los setenta y el Barça y la actual España. También hay dudas sobre la Roja con vistas al Mundial después de que el fútbol se pregunte si algún día congeniarán Bayern y Guardiola.

Al club le toca ser paciente y consecuente con el fichaje y al técnico no confundirse y decidirse para hacerse con el equipo, sentirlo suyo, nada que ver con el partido del martes. Aquel no era el Bayern ni un equipo del estilo de Guardiola. La gestión del éxito en casa ajena es más difícil que en la propia. Guardiola, cultural o contraculturalmente, necesita a los jugadores para ganar y los jugadores a Guardiola, hoy blanco fácil de alemanes, españoles y de algunos azulgrana que no le perdonan su salida del Camp Nou. La multitud y diversidad de enemigos que agrupa en el Bayern después del éxito en el Barça explican precisamente la grandeza y singularidad de Guardiola.

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