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Choque de culturas en Cornellà

El fútbol de toque del Rayo no puede imponerse al juego directo e impaciente del Espanyol

Sergio García disputa el balón con Borja López. Ampliar foto
Sergio García disputa el balón con Borja López. EFE

Un choque de culturas, de maneras de jugar y latir, de entender la pelota. Fue el Rayo un equipo de toque, paciente en la elaboración, arriesgado en la raíz; fútbol que se degusta porque ya entra a la vista. Y fue el Espanyol, fiel a su filosofía, argamasa en defensa y vertiginoso a la contra; fútbol inquieto y divertido porque no hay pausa, pero sobre todo porque pisó el área rival. Un combate de idearios con tablas finales.

Desconsiderado con su escaso presupuesto, el Rayo exigió siempre el balón, fiado al pase para desmenuzar al rival. La frontera para todo, en cualquier caso, fue Trashorras timón y pie del equipo. De lado a lado en búsqueda de la rendija, cada uno a lo suyo —Falque es la pimienta, Bueno el incordio, Rochina el mazo y Larrivey el gol— y todos a lo mismo. Pero se encasquillaron de inicio ante el entramado defensivo del Espanyol, generoso en las ayudas y espléndido en el achique. Con Víctor Sánchez como figura omnipotente, toda una exhibición de despliegue y solidaridad, futbolista de tres pulmones que contagia su entrega.

ESPANYOL, 2; RAYO, 2

Espanyol: Casilla; Javi López, Sidnei, Colotto, Fuentes; Víctor Sánchez, David López (Álex Fernández, m. 78); Stuani, Pizzi (Lanzarote, m. 60), Simão (Córdoba m. 61); y Sergio García. No utilizados: Germán; Capdevila, Víctor Álvarez y Abraham.

Rayo Vallecano: Rubén; Arbilla, Borja López, Zé Castro, Nacho; Saúl, Trashorras; Rochina (Lass, m. 78), Bueno, Falque (Seba Fernández, m. 90); y Larrivey. No utilizados: Cobeño; Mojica, Baena, Adrián y Longo.

Goles: 1-0. M. 3. Stuani. 1-1. M. 43. Falque. 1-2. M. 50. Larrivey. 2-2. M. 87. Colotto.

Árbitro: Undiano Mallenco. Mostró cartulina amarilla a Zé Castro, Rubén y Sidnei. Cornellà-El Prat. 16.110 espectadores.

Pero del mismo modo que no se negocia en el Espanyol con el esfuerzo, tampoco se hace con la hoja de ruta. Así, de buenas a primeras, con el duelo con legañas, Casilla lanzó un balón largo —que no pelotazo— para la prolongación de Stuani; desplazamiento lateral de Sergio García, pase a la llegada de Pizzi y centro a Stuani, que siguió la jugada y facturó el gol. La practicidad al cubo.

No perdió la posesión el Rayo con el golpe, pero tampoco renunció el Espanyol a la ofensiva, hasta el punto de que por momentos pareció correr el peligro por sus venas, por más que no se materializara en remates, impulsados por la gallardía de una zaga rival que tomaba riesgos como pocas. Pero Zé castro se corrigió a tiempo con una falta de tarjeta amarilla y Sergio García se enredó después en un regate cuando se reclamaba el disparo.

Pertinaz en su propuesta, el Rayo rebatió su sino con energía. Inclinado el ataque en el costado izquierdo, Falque cobró protagonismo y el balón, tan desatinado en el pase como eficaz en el quiebro y el remate. Así, tras un desmarque de Bueno por la izquierda y un resbalón de lo más inoportuno de David López, recogió el cuero para hacer un swing con la zurda, un golpe perfecto a gol. Y fue en el mismo lado donde se fabricó el segundo tanto, tras un centro de Nacho al punto de penalti, extrañamente pillado a media salida Casilla y atento Larrivey para poner el gancho con la cabeza.

Pero al Espanyol le sobra corazón, también ardor. Así, en un córner lanzado por Lanzarote, Colotto puso la cabeza para igualar el duelo, para decir que el pie y el toque no pueden con las piernas.

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