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El límite lo pone Puyol

El central entiende que sus lesiones no le permiten rendir al máximo y anuncia su marcha del Barça a final de curso reservándose la opción de seguir en una competición y equipo menores

Puyol, tras anunciar su marcha del Barça a final de temporada
Puyol, tras anunciar su marcha del Barça a final de temporadaDavid Ramos / Getty Images

Acostumbrado a jugar al límite, independientemente del rival y del torneo, incluso del potencial de su propio equipo, Carles Puyol anunció ayer, a sus 35 años, que en junio pondrá fin a su carrera como futbolista del Barça. Ni las dos temporadas de contrato que le quedan por cumplir (2016), firmadas por el expresidente Sandro Rosell, ni la confianza de un entrenador como Tata Martino, que nada más llegar descartó el fichaje de un central en una declaración de generosidad y admiración hacia el capitán azulgrana, han condicionado su continuidad en el Camp Nou.

Puyol decidió a los 17 años, nada más llegar a La Masia, que sería jugador azulgrana hasta que le diera la gana y nadie desde entonces ha sido capaz de llevarle la contraria, sino que fue ayer el propio central quien anunció en una intervención de un minuto y medio su salida. Acompañado de los mejores representantes de los distintos estamentos del club, el zaguero de La Pobla de Segur no admitió preguntas porque todavía piensa en competir hasta el final del ejercicio.

Puyol celebra su gol al Almería
Puyol celebra su gol al AlmeríaGetty Images / Getty Images

Nadie dudó nunca del compromiso del zaguero catalán con su club ni con la selección, de manera que con su decisión liberó a Martino y a Del Bosque de cualquier suspicacia en las futuras convocatorias. Acostumbrado a jugar con una máscara para proteger la nariz y sus pómulos del acoso de los arietes más fieros, Puyol entiende que sus lesiones en las rodillas y demás —hasta 30— no le permiten afrontar los encuentros de mayor exigencia y por tanto se reserva la opción de seguir en una competición y equipo menores.

Le avala su currículo: 392 partidos de Liga, solo superado en el Barcelona por su compañero Xavi (463), y 23 títulos, presididos por seis ligas, tres Champions y el Mundial de Sudáfrica 2010, cuyo trofeo consiguió La Roja después de un cabezazo soberbio de Puyol a Alemania en la semifinal. Puyol y Xavi han compartido trayectoria en la selección y en el equipo barcelonista en tanto que jugadores de club por excelencia, ambos emparentados de alguna manera con Louis Van Gaal: el central debutó el 2 de octubre de 1999 con el técnico holandés y el volante salvó la cabeza del entrenador con un tanto en Valladolid.

Puyol alcanzó la gloria después de cinco temporadas sin títulos en el Camp Nou, tiempos en que no se sabía muy bien si era volante, interior, lateral o central, o moneda de cambio en operaciones tan rocambolescas como una que le situaba en el Málaga. El expresidente Joan Laporta sabe bien que un día Puyol y Xavi le fueron a ver para que tomara medidas con el fin de reactivar al equipo campeón que dormitaba en la cuna de Frank Rijkaard.

Ha contagiado siempre su espíritu irreductible tanto en la cancha como en el vestuario

Aunque siempre fue un admirador de la cultura defensiva del Milan, Puyol solo se ha reconocido como futbolista con la zamarra del Barça. Y su historia está plagada de pasajes que iluminan su militancia barcelonista: la marca a Figo en el regreso del portugués al Camp Nou; el gol que evita con el corazón en 2002 contra el Lokomotiv de Moscú; el cabezazo en el Bernabéu en el 2-6; y la noche en que cede a Abidal el brazalete para levantar la Champions de 2011 en Wembley.

Aseguraba Guardiola que no había mejor zaguero para marcar la presión, juntar al equipo y anticipar en los partidos más difíciles que Puyol. No solo ejerce en la cancha —derecha, centro o izquierda— sino también en el vestuario porque defiende su condición de jugador y capitán, y contagia su espíritu irreductible, expresado en su melena. Tal que fuera Sansón, el pelo refuerza la condición de coloso de Puyol en un equipo de virtuosos por la presencia de Xavi, Iniesta y Messi. La épica le condiciona para disputar cada pelota como si le fuera la vida y para gritar a sus compañeros en la defensa de cada jugada.

Acorde con su vida, Puyol jamás habría aceptado que le jubilaran o se insinuara que sobraba, así que que ha decidido irse cuando acaba de ser padre, ha perdido influencia en un vestuario disperso y no se siente con fuerzas para defender honestamente el escudo a la altura que merece el club. Ante los escépticos, los límites siempre se los puso el propio Puyol.

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