Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

La firme apuesta por Di María

Carlo Ancelotti insiste con el jugador argentino como interior a costa de la suplencia de Isco e Illarra

Di María pelea el balón con Mikel Rico. Ampliar foto
Di María pelea el balón con Mikel Rico. Getty Images

A diferencia de Mourinho, cuya tendencia al ensimismamiento le restaba sensibilidad, Ancelotti posee un agudo olfato para detectar el malestar en sus jugadores. Este sentido es especialmente útil para los entrenadores porque les permite anticiparse al motín antes de que los amotinados siquiera imaginen una rebelión. Fue esta intuición la que hace un mes llevó a Ancelotti al convencimiento de que la marginación de Ángel di María estaba deteriorando peligrosamente el clima de trabajo en la plantilla del Madrid. La restitución del argentino, el 22 de diciembre en Mestalla, después de dos partidos ausente, fue saludada con satisfacción por las principales figuras del vestuario y coincidió con el inicio de una buena racha del equipo. Que el italiano —estando Bale de baja— prescindiera de Isco e Illarra en San Mamés es consecuencia de esta apuesta firme. Contra el Athletic el diez fue Di María. El empate, sin embargo, puede volverse contra el técnico, observado con lupa desde los despachos de ACS y el Bernabéu.

Ante la disyuntiva entre fortalecer el espíritu del vestuario y fortalecer la relación con sus jefes, Ancelotti ha resuelto en favor del equipo. El técnico italiano considera que el experimento del 4-2-3-1 no le garantiza la solidez defensiva que pretende, y para ello puso como ejemplos los partidos sufridos contra Osasuna y el Celta. Por la derecha le gusta Jesé —más incluso que Gareth Bale— y en el medio considera que Di María le ofrece más alternativas que nadie. Porque no se superpone a Alonso como Illarra, porque es más agresivo en la marca que Isco, y porque lo mismo le proporciona desborde por afuera que capacidad de presionar alto para evitar que el rival logre posesiones largas.

Ancelotti concuerda en este punto con los jugadores de mayor peso en el camerino. Pepe, Ramos, Cristiano, o Casillas, son algunos de los futbolistas del Madrid que consideran que lo más justo es que juegue Di María, porque ni Bale, ni Isco, ni Illarra, han hecho más méritos para ganarse la titularidad. La medida no entrañaría conflictos de no ser porque contradice la política deportiva del club. Isco e Illarra costaron 70 millones de euros entre ambos el pasado verano y ayer vieron el partido sentados en el banquillo. En Valdebebas sostienen que a Florentino Pérez, el presidente y principal valedor de las nuevas adquisiciones, no agradan estas alineaciones. Sin Bale en la convocatoria de Bilbao, la directiva esperaba una mayor participación de los internacionales Sub'21.

Ancelotti nunca creyó en ellos realmente, pero en un principio pensó que debía dar una oportunidad a Illarra y a Isco para que se instalaran en el equipo. Lo hizo por consideración hacia la directiva, que los había fichado. Pero con el tiempo advirtió que no solo no le garantizaban resultados sino que le ponían en tela de juicio ante el resto de los jugadores, suspicaces la mayoría de su excesiva sumisión al presidente.

Presa de remordimientos ante la situación que sufrió Di María en diciembre, suplente y objeto de todo tipo de especulaciones en el entorno del club, Ancelotti mantuvo una conversación con el jugador. Le dijo que era consciente de que no le había tratado como merecía, y que si se esforzaba por acoplarse al medio campo le encontraría un hueco entre los titulares. Desde entonces, la respuesta del jugador ha sido intachable y sus compañeros lo perciben como una suerte de restauración de los principios de justicia deportiva.

El plan de Ancelotti habría continuado asentándose de no ser porque un rechace, a la salida de una jugada a balón parado, acabó en la red de Diego López. El empate (1-1) no deja al entrenador en la mejor posición imaginable ante una directiva muy vigilante.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.