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Djukic y Salvo, acorralados

El Valencia visita el Calderón con el técnico en apuros y el presidente acosado por Bankia

Djukic, en un entrenamiento del Valencia. Ampliar foto
Djukic, en un entrenamiento del Valencia. DIARIO AS

En abril pasado, Amadeo Salvo, empresario valenciano del sector de la tecnología, de 46 años, se moría de ganas por ser presidente del Valencia. Auspiciado por Cristóbal Grau, concejal de Deportes y Juventud del Ayuntamiento de Valencia, del PP, la hoja de ruta ya estaba trazada para que Salvo pasara del patronato de la Fundación a la presidencia del Valencia en sustitución de Manuel Llorente. Todo sobre ruedas.

Tan seguro de sí mismo estaba Salvo que, en esos primeros días de primavera, se desplazó a Madrid para reunirse con Miroslav Djukic, entrenador serbio del Valladolid, comprometiendo su fichaje por el Valencia. Las llegadas de Salvo y de Djukic fueron saludadas con entusiasmo por Mestalla: jóvenes, triunfadores y dueños de un discurso henchido de orgullo valencianista. Todo ha cambiado en estos ocho meses. El Valencia visita hoy al Atlético en el Calderón con sus dos figuras principales acorraladas: el técnico ha derramado casi todo su crédito (“Échalo ya”, tituló esta semana el periódico Superdeporte tras una actuación desastrosa ante el Kubán Krasnodar en la Liga Europa, 1-1, después de otro pésimo encuentro en la Copa ante el Nàstic de Tarragona, 0-0); y el presidente Salvo fue humillado el pasado lunes por el mayor acreedor del club, Bankia, que emitió un comunicado enmendándole la plana cuando, en plena junta de accionistas, Salvo decía que él pondría las condiciones de una posible venta de la entidad. “No”, le vino a replicar Bankia, “las condiciones las ponemos nosotros”.

El giro ha sido radical desde la última visita en Liga del Valencia al Calderón. Tras el 1-1 final y una excelente primera parte del Valencia, el técnico del Atlético, Diego Simeone, declaró: “El Valencia es la tercera mejor plantilla de España”. Era una manera de minimizar el trabajo del entonces técnico valencianista, Ernesto Valverde, y de maximizar el suyo, puesto que el Atlético iba a ser tercero y el conjunto blanquinegro acabaría quinto.

El giro ha sido radical en el club de Mestalla respecto a la última visita valencianista al Manzanares

Las cosas han cambiado tanto que, antes de enfrentarse al Atlético en el Calderón y al Real Madrid en Mestalla, Djukic manifestó: “No tenemos que llevar el peso del partido e igual se nos da mejor porque podemos jugar a la contra”. Esa ha sido una constante desde la llegada de Djukic a Mestalla, la falta de identidad, interpretada por los jugadores como una falta de liderazgo. Y multiplicada por el fracaso de los atacantes Hélder Postiga (ni convocado ante el Atlético) y Pabón, los refuerzos que deberían haber cubierto la marcha de Roberto Soldado al Tottenham. Abucheados ambos el pasado jueves en la Liga Europa, las únicas alegrías le vienen al técnico serbio por parte de los jóvenes, el último Alcácer, autor del tanto ante el conjunto ruso.

Cuestionado hace un par de semanas por el presidente, que le puso a Rufete a controlarle los entrenamientos, Djukic necesita un balón de oxígeno en alguno de estos dos próximo partidos. Su protector también busca aire a través de un inversor que adquiera el Valencia y le permita recuperar la iniciativa ante el órdago de Bankia, que negocia por su parte. Salvo ha fallado en sus dos objetivos fundamentales: refinanciar la deuda del club (unos 430 millones) y acabar las obras del nuevo estadio, paradas desde 2009. Hasta ahora Djukic, su otra gran apuesta, tampoco le ha ayudado.

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