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“Muchas veces prefiero jugar al ajedrez que ver fútbol”

Quique Setién, en un partido contra el Sporting de Gijón. Ampliar foto
Quique Setién, en un partido contra el Sporting de Gijón. AS

Ejemplo de talento norteño, Quique Setién (Santander, 1958) emergió en el barrizal del viejo Sardinero para convertirse en uno de los futbolistas más excitantes del panorama nacional. Fino, técnico, ajeno a muchas convenciones, siempre le acompañó esa aura de insurrecto que señala a quienes fuera del campo se expresan a calzón quitado. Toda esa rebeldía se pausa cuando encuentra su lugar. Y el banquillo del Lugo siente que lo es. Por eso se afana en llevar a un clásico de Segunda B a Primera. El quinto clasificado de Segunda visita mañana (18.15, La Sexta) al líder Deportivo en el duelo gallego.

Pregunta. Vuelve usted cerca de la élite. ¿Ha estado tapado?

Respuesta. Tuve una época que estuve en el mercado y no me quisieron fichar. En el Racing ascendí a Primera, me fui a El Ejido y no entendieron mi forma de comprender el fútbol, y en Logroño estuve siete meses sin cobrar. Ahí se cortó. No me llamaron ni del Betis, ni del Madrid, ni del Guijuelo. Me ofreció un intermediario al Lugo y pude venir aquí como al Pontevedra, al que me ofrecieron una semana antes y no creyó en mí.

P. ¿Le ha faltado ambición?

R. Para entender estas cosas hay que entenderme a mí, que no es fácil: los resortes que mueven mi vida no pasan por grandes aspiraciones. Mi vocación era ser futbolista y mi ego y mis satisfacciones las cubrí ahí. Entrenar me permite seguir en el fútbol.

P. ¿No lo disfruta?

R. Sí, pero cuando fui a El Ejido no lo hice. Allí pensaban que el dinero era la fuente de todo. Y puede haber mucho dinero y poca cordura. No me mueve ir a un equipo de Primera por cobrar más. Ya tengo un coche que me trae y me lleva y una casa donde vivir. Aspiro a estar a gusto. Para eso necesito sentirme muy amigo de mis futbolistas y del club que defiendo, percibir el cariño y ofrecerlo. Soy muy emocional y de convicciones y por eso estoy tan bien en Lugo. ¿Que me critican? Porque digo lo que no se espera de un entrenador o de un rival.

P. ¿Plasma el Lugo su idea de funcionamiento de entidad deportiva?

R. Por supuesto, pero es que no hay otra fórmula: ajustarte a lo que tienes y honestidad en la gestión. ¡Es que no puedes deber dinero a nadie! Desde que estoy en Lugo cada 22 de diciembre me voy de vacaciones con todo el sueldo cobrado. He querido fichar un delantero de 200.000 euros y me dijeron que no, me enfado porque sé que va a meter más goles que el que tengo, pero a la larga me pregunto si es mejor fichar a ese jugador o tener a todo el mundo contento cobrando en su día. Ese ha de ser el funcionamiento.

Puede haber mucho dinero y poca cordura. No me mueve cobrar más, sino el cariño”

P. Pero no todos lo hacen...

R. Será complicado mientras no haya condenas serias porque la tentación de gastar más de lo que tienes para ganar siempre está ahí. La culpa es del Consejo Superior de Deportes, que debería fiscalizar las cuentas del fútbol.

P. ¿Dónde aprendió el fútbol?

R. En una plazoleta de mi barrio, en Santander. Ahora veo que a los futbolistas se les empieza a trabajar aspectos tácticos desde pequeños. Cada día se les deja regatear menos. Ves a equipos de alevines y saben bascular, cerrar, cuándo hay que apretar, pero tras media hora hay chicos que no han tocado la pelota. Cada día se les deja regatear menos. Y se privilegia al chico fuerte y alto.

P. ¿De chaval pensaba que el fútbol iba a ser su vida?

R. Lo era en el sentido de que era el primero en llegar y el último en irme, pero no pensaba en nada más. Con 14 años trabajaba de ocho a ocho en las oficinas del Colegio de Farmacéuticos. Era botones. Hacía recados, cobraba facturas… lo que me mandaran. Había una máquina de escribir y allí escribía las crónicas de mis partidos. Guardo esos folios. A esa edad me fui al Perines, un club con arraigo en la ciudad, y luego de juvenil al Racing. Jugar en el viejo Sardinero fue un sueño. Aquel campo transmitía fútbol. Comencé como delantero, pero un entrenador, Fernández Mora, vio que mi fútbol mejoraba más atrás en contacto con el balón.

P. ¿Sintió más presión en el Atlético?

R. La de Luis Aragonés, que no paraba de gritarme, pero siempre se lo agradecí. Me enseñó a ser más competitivo. El Atlético era un club maravilloso con Vicente Calderón.

A los  jóvenes ya no se les deja regatear. Basculan, aprietan, pero no tocan la bola”

P. Luego Jesús Gil le acusó de salir con mujeres “ostentóreas”.

R. Lo que pasó es que me quería echar y yo no me quería ir sin que me pagase.

P. ¿Pero eran “ostentóreas”?

R. ¿Las mujeres? Hombre, igual alguna ha habido, pero como todos. Siempre he sido discreto. Ya había tenido incidentes con más dirigentes del fútbol, gente que no había dado jamás una patada a un balón. Siempre he dicho lo que pienso y hay a quien no le gusta.

P. ¿Es posible que el Lugo piense en subir a Primera?

R. Claro. La inmensa mayoría de los clubes a nuestro alrededor lo hacen peor con más recursos.

P. ¿Cuál es el fútbol del Lugo?

R. Tenemos un compromiso real con eso que todo el mundo entiende como fútbol vistoso y capacidad para someter al rival en su campo. Siempre jugaré así. No estoy de acuerdo con que el entrenador se tenga que adaptar a los jugadores. Hubo una época en que lo pensaba, pero porque no entendía el fútbol. Me gusta el orden, es fundamental. Desde niño juego al ajedrez y la conexión es similar, las piezas se protegen y se conectan para atacar y defender. Y es vital dominar el centro del tablero.

P. ¿Le gusta el fútbol que ve?

R. Me gustan más los futbolistas, los que son capaces de desequilibrar. Messi, Özil, Modric, Götze… Pero cada vez hay menos que ver. Prefiero muchas veces ponerme a jugar al ajedrez.

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