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Humo en Mestalla

Amadeo Salvo, presidente del Valencia, reniega de Djukic y lo deja sin apoyos tras presentar a Rufete como nuevo director deportivo

Rufete y Amadeo Salvo, en la presentación. EFE

La credibilidad del presidente del Valencia, Amadeo Salvo, ha quedado en entredicho este lunes en la presentación de Rufete como director deportivo. “Yo no fiché a Djukic [como entrenador]”, afirmó Salvo a pesar de haberse reunido con él para contratarlo en verano pasado en Madrid. Eso deja al técnico serbio sin apoyos en el club. A la espera de que Rufete, que compaginará esta labor con la dirección de la escuela, accione o no la guillotina en alguno de los próximos compromisos, ante Osasuna en casa, el Atlético en el Calderón y el Real Madrid en Mestalla.

Antes del pasado 4 de junio, cuando accedió a la presidencia, Salvo, dueño de una empresa de tecnología, de 46 años, ya había hablado con Djukic. Despreció la opción de Ernesto Valverde, que había llegado a un acuerdo con el anterior presidente, Manuel Llorente, para firmar un contrato de tres millones brutos por cada uno de los dos siguientes ejercicios. La estrella de aquel equipo, el delantero Soldado, llamaba cada día al director deportivo, Braulio Vázquez, para preguntar por esa renovación tan ansiada en la caseta. No se concretó. Valverde acabó en el Athletic y Soldado en el Tottenham por 30 millones.

“Yo no le fiché”, dice Salvo del técnico pese a haberse reunido con él en verano en Madrid

Salvo estaba empeñado en otros proyectos: encargar un nuevo himno, pintar un murciélago en las gradas de Mestalla, fichar a Kempes como embajador del club y convencer a sus jugadores de la importancia del fair play (origen de no pocas bromas en el vestuario). Al presidente también le parecía poca cosa el acuerdo con la empresa de ropa deportiva castellano-manchega Joma, que le abona 3,5 millones por temporada, e inició conversaciones para sustituirla por la alemana Adidas. Ahora negocia el pago de una indemnización a Joma por la ruptura del contrato. Entre medias, Salvo se marchó varias semanas de viaje por Asia, del que saldrían suculentos contratos para el Valencia. Por ahora sin concreción. Su promesa de acuerdo con una empresa que acabaría el estadio nuevo (las obras están paradas desde 2009 por falta de financiación) tampoco se ha cumplido. Ni se ha resuelto la deuda de la Fundación del club con Bankia (90 millones) por un préstamo avalado por la Generalitat, a expensas de una refinanciación total de los créditos del Valencia con la entidad financiera de unos 300 millones. Una refinanciación imprescindible para la subsistencia del club.

En pleno periplo por Asia, Salvo despidió a Braulio sin ni siquiera llamarle por teléfono porque “un presidente no está para eso”. Lo indemnizó, eso sí, con 300.000 euros. Se trataba de establecer una nueva estructura deportiva presidida por Rufete. Una nueva “metodología” —su palabra fetiche— en diversas áreas como la psicología, la nutrición o la preparación física.

Tras la 14ª jornada, el Valencia deambula en la mediocridad de la tabla, con 17 puntos de 42 posibles, sin que nadie espere mucho de él. “Al entrenador”, dijo Rufete, “le tengo el máximo respeto, pero cuando uno entra en un cargo, tiene que ver cómo se está trabajando y, a partir de ahí, uno tomará decisiones”. Hasta ahora, desde la llegada de Salvo, todo es humo en Mestalla.

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