Ferrer se ahoga antes del Himalaya

Cede 6-2, 3-6, 4-6 ante Dimitrov la final de Estocolmo y prolonga un gris final de curso que le enfrenta ahora a la defensa de 1900 puntos

Dimitrov volea ante Ferrer.
Dimitrov volea ante Ferrer. JONATHAN NACKSTRAND (AFP)

Fue una derrota llena de oportunidades desaprovechadas. Grigor Dimitrov, con 22 años el jugador más joven del top-60, celebró el primer título de su carrera remontando 2-6, 6-3 y 6-4 ante David Ferrer en la final de Estocolmo. El español, que atraviesa una época de claroscuros, marcada por un ligero bajón físico que ha tenido un efecto evidente en su tenis –desde el Abierto de EEUU se ha inclinado con el número 77 y el 50, por ejemplo—cedió un trofeo menor que habría sido un balón de oxígeno de cara al exigente final de temporada que le espera. Instalado en el número tres mundial, la mejor clasificación de su carrera, Ferrer debe defender 1900 puntos y dos títulos (el Masters 1000 de París Bercy y el torneo 500 de Valencia) de aquí a mediados de noviembre. Un auténtico Himalaya.

El español, un competidor normalmente fiable, pena desde el verano las consecuencias de una lesión sufrida en Wimbledon. Entonces se dobló un tobillo, jugó entre terribles dolores que finalmente le obligaron a infiltrarse y el esfuerzo derivado de llegar a los cuartos hizo imperativo que se tomara un prolongado descanso. A los 31 años, el alicantino pena ahora para reactivar la maquinaria. Le cuesta mantener el nivel de intensidad con el que acostumbra a ahogar a sus rivales. Llegó a cuartos del Abierto de EE UU a trancas y barrancas, más por corazón y garra que por tenis. Ahí se inclinó ante Richard Gasquet, al que dominaba 8-1. De nuevo el francés, un tenista que antes temblaba solo con tenerle enfrente, le tumbó en Pekín. Señal que de que algo no marcha.

El final de curso será el punto de inflexión que marcará si Ferrer ataca 2014 con viento a favor o en contra

Huérfano de ese ritmo estable que le distingue, Ferrer desaprovechó los oasis que le ofrecía el marcador. El alicantino estuvo 6-2, 3-3 y 0-30; y 6-2, 3-6 y 15-40. En los dos sets que perdió tuvo la oportunidad de golpear primero. Acogotó a Dimitrov, de maravillosos golpes, contra su revés a una mano, la diana contra la que disparan los mejores del circuito, que percutiendo y percutiendo consiguen abrirse hueco en el lado contrario de la pista, donde rematan el peloteo. Que el búlgaro saliera de ese atolladero tuvo más que ver con los errores no forzados del español que con el estreno esta semana de su unión con Roger Rasheed, quizás el entrenador que mejor ha escaneado las debilidades de Ferrer, y padre de la estrategia que aconseja competir contra el español como si no tuviera revés paralelo, tanto le cuesta al alicantino ese golpe. En la rápida pista de Estocolmo, el español no encontró en las piernas el apoyo necesario para anudar los venenosos tiros del búlgaro.

El número tres tiene ahora por delante tres citas en pista rápida y bajo techo: Valencia, París-Bercy y Londres, donde los ocho mejores tenistas del planeta se reunirán desde el 4 de noviembre. La competición le pone a prueba. Hay algo más que 1900 puntos por defender, casi un grande (dan 2000 puntos). Este es el punto de inflexión que marcará si Ferrer ataca 2014 con viento a favor o en contra.

Sobre la firma

J. J. MATEO

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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