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NOVENA JORNADA | VALLADOLID, 2; SEVILLA, 2

Del desastre al empate en tres minutos

El Valladolid, que perdía por dos goles, logra la igualada (2-2) ante un Sevilla que desaprovecha una gran ocasión

Carriço pela un balón con Omar Ramos. efe

Andaba el Valladolid enredado en leer la alineación del Sevilla, no alcanzaba a averiguar si había cinco defensas o tres centrales, apenas se habían jugado ochenta segundos del partido cuando apareció Vitolo por el área, se giró, entregó el cuero a Bacca y el colombiano empleó por primera vez el misil que tiene en la bota para marcar el primero. Emery, asfixiado por las bajas, buscó en las del rival, sin medios, sin Óscar para organizar un once con el que ir a por todo el botín, porque el Sevilla está en fase de recuperación y en el guion de Emery no entraba frenar ante un equipo que ha comenzado a desangrarse. El experimento funcionó desde el principio, la variedad táctica que le dan al Sevilla dos laterales como Moreno y Diogo es impagable en el fútbol de hoy. Alberto Moreno aprovechó el dibujo de Emery como nadie, galopó por su banda, apretó en defensa, robó un saco de balones en el centro del campo y marcó el segundo con un zurdazo tremendo.

VALLADOLID, 2; SEVILLA, 2

Valladolid: Mariño; Rukavina, Jesús Rueda, Marc Valiente, Peña; Rossi, Baraja (Álvaro Rubio, m, 67); Ebert, Omar (Rama, m. 67), Bergdich (Manucho, m. 45); y Javi Guerra. No utilizados: Jaime, Larsson, Alcatraz, Pesca.

Sevilla: Beto; Cala, Pareja, Navarro; Diogo, Iborra, Carriço, Alberto Moreno; Jairo (Perotti, m. 77), Bacca (Gameiro, m. 79) y Vitolo. No utilizados: Javi Varas, Cristóforo, Rabello, Reyes, Coke.

Goles: 0-1. M. 1. Vitolo cede atrás dentro del área y Bacca bate a Mariño con un disparo pegado al palo. 0-2. M. 30. Moreno recoge un balón suelto al borde del área y marca con un disparo raso. 1-2. M. 80. Manucho cabecea a la escuadra contraria un centro desde la izquierda. 2-2. M. 83. Ebert de libre directo.

Árbitro: Prieto Iglesias. Amonestó a a Cala, Rossi, Carriço, Bacca y Ebert

Unos 13.500 espectadores en Zorrilla.

El sofocón del Valladolid se hizo eterno, porque se ha quedado sin fútbol en el centro del campo a base de lesiones, los delanteros se han atrancado y Ebert, que suele ser quien marca el camino, ayer se extravió en el campo minado que era atravesar las líneas del Sevilla. El primer gol en el primer minuto le había enviado a la lona y no fue capaz de entender la pelea que proponía el rival. El Sevilla creció sin freno, era superior en todas las zonas del campo, pero ganaba por aplastamiento en el centro del campo, Moreno y Carriço robaban una y otra vez, cada vez más cerca del área rival, pero sin encontrar la forma de agrandar la diferencia y enterrar al Valladolid.

Juan Ignacio Martínez, en el descanso, buscó la solución en Manucho, pero el problema estaba más atrás y solo con Álvaro Rubio en el césped el juego del Valladolid tuvo algo coherencia, poco peligro, pero sirvió para encerrar al Sevilla que convirtió su estrategia de tres centrales en una trinchera de cinco defensas Y entonces, en un centro alto, lento, llegó el gol de Manucho en un cabezazo perfecto y el partido explotó. Solo unos segundos después de que Vitolo fallase a puerta vacía, Ebert colocó un libre directo lejos de las manoplas de Beto y convirtió el desastre en empate.

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