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Carla Suárez: “Tengo que creer en mí”

Carla Suárez habla de su carácter y su mentalidad antes de enfrentarse en cuartos a la número uno, Serena Williams

Carla Suárez celebra su victoria ante la alemana Kerber en octavos Ampliar foto
Carla Suárez celebra su victoria ante la alemana Kerber en octavos EFE

En el Nueva York de las tormentas de fin de verano, Carla Suárez quiere ser un rayo. El vestuario está lleno de tenistas que acuden derrotadas al encuentro con Serena Williams, su rival de cuartos de final, porque saben que no hay receta que permita resistir una tarde con altos porcentajes de primer saque de la número uno mundial. Suárez no es de esas. Ella, que este martes cumple 25 años, sabe que no es la favorita. Que mucho de lo que pase dependerá de la campeona de 16 grandes. Que, desbordada por los tiros de la estadoundiense, quizás no tenga tiempo de tejer su paciente tela de araña. Sin embargo, no busca excusas. Se despide soñando: “El ejemplo de Justine Henin [belga de 1,67m y 57 kilos que se retiró con siete grandes], me demuestra que no solo las corpulentas, las altas, las que tienen winners pueden ganar torneos. Con variedad también se pueden hacer grandes cosas”.

Pregunta. En octavos sacó por el partido y Kerber le rompió en blanco. ¿Así de dura es la presión, el miedo en la pista?

Los canarios tenemos esa fama de mucha tranquilidad. Todo

ahí es a otro ritmo

Respuesta. El miedo son pensamientos tuyos. El que veas mucha gente, te pongas nerviosa y te cueste cerrar partidos es cosa tuya, porque piensas más de la cuenta. Hay una cosa que me ha costado mucho desde pequeñita, sacar el puño, mostrarle a la rival que quiero ir a por el partido. En ese momento había tanta tensión acumulada, eran tantas las ganas de ganar, que noté mucho los nervios. No supe controlarlos a la hora de jugar. Cuanto estoy más nerviosa, pincho más de derecha que de revés.

P. ¿Qué ocurre en una situación así? ¿Se deja de pensar, de respirar…?.

R. No es que dejara de pensar. Me temblaba todo. Cuando te tiembla todo es muy difícil llegar a la estabilidad anterior.

P. Ahora le espera Serena Williams.

R. Me acuerdo de que jugué con Serena en Australia y dijo lo siguiente: ‘No quiero que se acostumbre a ganar a las Williams [Suárez había eliminado a Venus en 2009]'. Ellas, cuando ven que una jugadora les puede hacer daño, salen al ciento por ciento. Tengo que buscar que no esté cómoda en los primeros tiros. Habrá que variarla mucho, con el cortado y cambios de altura, y jugarle mucho al cuerpo. Ella es más corpulenta que el resto. Lo que pasa es que juega muy rápido, que buscará puntos cortos. No tengo por qué cambiar nada.

P. ¿Impresiona enfrentarse a Serena?

R. El día que jugué con ella en cuartos de Roma [en 2013], ya dije que me gustaría jugar contra ella cuando estuviera bien físicamente, porque estaba un poco tocada. Va a ser un sueño hecho realidad. Sé de la dificultad de la rival y del partido. Cuando te enfrentas a una número uno, son partidos para disfrutar. Si me mete 6-0 y 6-0 o yo la meto 6-0 y 6-0, lo que queda es el disfrutar del partido, no el sufrimiento de no estar bien físicamente. Es el día de disfrutar, gane o pierde, del ambiente, el rival, la pista…

P. ¿Qué cambiaría de usted?

R. Me pondría un poco más de estatura [mide 1,62m y pesa 62 kilos] y la expresividad. La tranquilidad me ha ayudado en muchos momentos, pero a veces esa tranquilidad, cuando estoy nerviosa, se convierte en pasividad. Es muy difícil de cambiar. El desparpajo que se le ve a otros jugadores lo cambiaría en mí. No creo que sea un tema de golpes.

El tenis está muy igualado. Veo prototipos de jugadoras y son muy diferentes.  Si quitamos a Serena, cada semana ganaría una diferente.

P. Dicen en su familia que en su carácter influye mucho el haber nacido en una isla.

R. Tenemos esa fama de mucha tranquilidad. Yo lo noto mucho cuando vuelvo a Gran Canaria. Todo ahí es a otro ritmo. La gente disfruta más el vivir, las cosas que les gustan. Si pudieran dejar de trabajar, dejarían de trabajar y se pondrían a disfrutar, a ir a la playa. He tenido la suerte de nacer ahí, en un sitio increíble, pero tengo esa desventaja de que los peninsulares son más espabilados que los canarios.

P. ¿Qué distingue a las diez mejores, la clasificación que usted ambiciona?

R. La regularidad. Las top-10 tienen ese plus de mentalidad, de seguir luchando, de ver siempre el lado positivo, de querer siempre más. Es un tema de ambición. En mi caso, regularidad, no solo durante el año, sino dentro de un partido también. Es creer en mí y en que las cosas pueden salir. A lo mejor no la he tenido [esa agresividad], pero poco a poco voy viendo que la voy teniendo. Soy consciente de que cuando juego contra las buenas se te va el partido a la mínima que regalas un punto. El no dejarse ir, el estar queriendo siempre más, es lo que hace que las buenas estén ahí porque no se ven vencidas por las demás.

P. Aún no tiene un título. ¿Se puede ganar sin potencia?

R. El tenis está muy igualado. Veo prototipos de jugadoras y son muy diferentes. Me anima ver que puedo estar ahí. Si quitamos a Serena, cada semana ganaría una diferente. Lógicamente el ser top-5 te lo da todo un año y el ganar un grande te lo da jugar un gran tenis dos semanas. No sé qué veo más factible. Si tuviera que decir algo, aunque sean palabras mayores, un Grand Slam. Ahí dependes de ti. Estar en el top-5 depende de 10 o 15 jugadoras, durante un año entero. No me conformo. No me gustaría acabar mi carrera sin ganar ningún torneo. La línea que llevo es bueno. Las mejorías que tenemos en mente van en esa línea.

P. Se le dan bien los grandes, donde ya suma tres cuartos de final, y no brilla tanto en el resto de citas. ¿Influye que en los torneos del Grand Slam haya un día de descanso entre partidos y en los otros no?

R. Es importante. Voy mucho más fresca a los partidos. Recupero. Si no estoy físicamente bien, me cuesta, porque no tengo saques gratis, winners con uno o dos golpes, los puntos conmigo siempre son bastante jugados.

P. Las lesiones cortaron su progreso. ¿Qué aprendió de baja?

R. Aprendí a valorar el estar bien. A cuidarme más. Ves que cuando estás parada la gente no para, sigue entrenándose. Maduré. Aprecié lo que tenía.

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