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El santo fue Casilla

El meta del Espanyol salva a su equipo, que igualó una ventaja de dos goles del Celta

Alex López pugna por el balón con Sergio García. efe

Obvió ofertas y se centró en el objetivo de consolidarse en la meta del Espanyol. Es un portero en crecimiento, aplicado, felino y, ayer, decisivo. Kiko Casilla ejerció de santo con una parada para el recuerdo, un desvío a remate de Cabral que vale un partido. Fue a diez minutos del final, un cabezazo a bocajarro que se envenenó con un bote ante el guardameta. La respuesta fue felina, definitiva para que el Espanyol sacara tajada de un partido que se le complicó y que empató sin más alardes que el de su portero. Y no fue poco.

Procedencia obliga y al menos mientras da sus primeros pasos como técnico a Luis Enrique se le mide con la vara de Can Barça, se intenta atisbar el ADN culé en cada decisión o movimiento. Al menos en ésta puesta de largo con el Celta se atisbaron diferencias, no tanto en la salida de la pelota desde atrás, con los laterales adelantados y el mediocentro apoyando a los centrales, como en como se gestiona a partir de ese inicio: ataques rápidos, verticales. Esa prisa convirtió al Celta en más punzante que paciente, pero sin acierto para encontrar la meta. No acosó a Casilla por más que Charles mejorara cada balón que le llegó y operara de efectivo pívot entre los centrales del Espanyol.

CELTA, 2 - ESPANYOL, 2

Celta: Yoel; Hugo Mallo, Cabral, Fontás, Toni; Borja Oubiña; Augusto, Álex López (Madinda, m. 88), Krohn-Dehli, Nolito (Rafinha, m. 62); y Charles (David Rodríguez, m. 83). No utilizados: Sergio, Costas, Bellvis y Orellana.

Espanyol: Casilla; Javi López, Moreno, Colotto, Fuentes; David López (Abraham, m. 71), Víctor Sánchez; Stuani, Pizzi (Thievy, m. 59), Simao; y Sergio García (Raúl Rodríguez, m. 78). No utilizados: Germán, Capdevila, Lanzarote y Clerc.

Árbitro: J. A. Teixeira Vitienes. Amonestó a Augusto, Álex López, David Rodríguez, Víctor Sánchez, Fuentes, Simao, Javi López.

Goles: 1-0, m. 41. Álex Lópex; 2-0, m. 46, Charles; 2-1, m. 52, Víctor Sánchez; 2-2, m. 75, Thievy

Balaídos. 21.672 espectadores en Balaídos.

Vivió cómodo el equipo que prepara Javier Aguirre, pero le faltó vuelo en su respuesta inicial. Por ahí andaba Pizzi, un agitador, uno de esos futbolistas que se salen del molde, ideal para dar continuidad a la conexión que unía hasta hace unos meses a Sergio García con Verdú. El mediapunta de Bragança se movió entre líneas, cayó a los flancos, bajó hasta la medular, pero dio la sensación de que aún no tiene los galones. Quizás le faltó un poco más el balón en los pies, sinónimo de dinamismo y codicia para su equipo. Así, las carencias se impusieron a las fortalezas y el partido decayó hasta la nadería, cumplimentó 37 largos minutos iniciales sin una ocasión de gol.

Pero el descontrol anunciaba mambo porque los bailarines tenían espacios para mostrarse. Basta un movimiento de tobillo para detectar a un virtuoso. Por ejemplo a Krohn-Dehli, que llegó al Celta como incisivo extremo y acabará jugando por dentro en un tránsito similar al que en su día hizo su compatriota Laudrup. Igual también es cuestión de ADN porque ayer el virtuoso danés que deslumbró en los noventa se apareció en Balaídos con dos asistencias maravillosas. La primera, en el tramo final de la primera parte, recreó aquellas suaves vaselinas acucharadas para habilitar a Álex López, que definió bien para adelantar al Celta. La segunda, nada más regresar del descanso, puso el balón en la testa de Charles, que no estuvo menos inspirado en la definición.

La ventaja del Celta pareció demasiada para lo que se había visto en esos tres cuartos de hora largos, pero irreprochable a la luz de los dos golazos que fabricó. Sendas maravillas que dejaron al Espanyol fuera del partido. Logró entrar de nuevo en él sin mayor gasto y de manera casi inmediata, sin tanta belleza como la generada por Kronh-Dehli, pero con la efectividad de un preciso lanzamiento de Víctor Sánchez, que desde casi treinta metros colocó en la red un rechace tras caracoleo en solitario de su compañero Sergio García. Pareció crecer entonces el Espanyol, pero maniobró Luis Enrique, retiró al espeso Nolito y pidió la pelota con Rafinha. Se evidenció entonces que el Espanyol era menos que el Celta, pero sobre todo que el hijo de Mazinho, que alentaba desde el palco, tiene ángel. Partiendo desde la banda derecha se convirtió en un cuerpo libre entre la zaga oponente, le dio un segundo aire a su equipo cuando más lo precisaba. Ahí empezó a responder Casilla en el Espanyol, que aguardó su momento y explotó la anunciada fragilidad defensiva de los centrales del Celta buscando la velocidad de Thievy, que primero avisó y luego marcó. Restó entonces la respuesta de Casilla para sellar el empate y una ulterior respuesta de Colotto que casi se lleva los puntos a Barcelona.

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