Nadal es un ave fénix

El español se impone 6-2 y 6-2 a Raonic en la final de Montreal y con ocho títulos ya firma el segundo curso más prolífico de su carrera y el primero desde 2010 en el que celebra dos trofeos en cemento

Nadal golpea la bola ante Raonic.
Nadal golpea la bola ante Raonic.ANDRE PICHETTE (EFE)

Los patriotas canadienses se quedaron mudos. Las mismas gargantas que durante la semana crearon una caldera en la que Milos Raonic coció su ascenso al top-10 y su aparición en la final del Masters 1000 de Montreal quedaron silenciadas por Rafael Nadal. Con la fría precisión de un cirujano, el mallorquín conquistó el título por 6-2 y 6-2. Tras eliminar 6-4, 3-6 y 7-6 (2) a Novak Djokovic en semifinales, el campeón de 12 grandes volvió a sumar en su sorprendente vuelta a las pistas desde que en febrero superó siete meses de baja por una lesión en la rodilla izquierda: lleva ocho títulos en 2013, la segunda mejor marca de su carrera (iguala la de 2008 y solo superada por los 11 de 2005); ha ganado dos trofeos sobre cemento, lo que no conseguía desde 2010; y ha celebrado ocho títulos y dos finales en once torneos. Un auténtico ave fénix.

“Está siendo una temporada increíble, un año muy especial”, fotografió su victoria el español, que celebró su 25º título de la categoría, el récord. “Cuando vas a cualquier torneo tienes dudas, y son buenas, porque si no es sinónimo de arrogancia. Siete semanas sin competir y venir a un torneo con los mejores del mundo sabes que te puedes ir a casa a la primera (...). He jugado un torneo fantástico”, explicó en los micrófonos de TVE.

Tomé las decisiones correctas en los momentos importantes”

Si la final contra Raonic fue el monólogo de una estrella, la semifinal contra Djokovic fue una oda a la agresividad controlada. Para tumbar al serbio, Nadal protagonizó un tie-break para las videotecas. El desempate no solo le aupó hasta su primera victoria sobre cemento frente al número uno mundial desde 2010, sino que coronó un cambio estratégico que se mide con estadísticas. Nadal, que desde hoy será el número tres, ha hecho carrera destrozando el revés de sus contrarios desde su condición de zurdo (que le pregunten a Roger Federer). Frente a Nole, el tenista que mejor doma con ese golpe su derecha alta, culminó el sábado un cambio táctico que le permite soñar con la vuelta al número uno y que marca un punto de inflexión en su rivalidad con el serbio. Cuando Nadal se adelantó 6-0 en el tie-break decisivo no lo hizo solo a caballo de la agresividad y de la ambición por pegar primero: lo consiguió también concentrando en el desempate el plan de cambios de ritmo con el que había destruido el drive de su contrario.

Nadal muerde el trpfeo de campeón en Montreal.
Nadal muerde el trpfeo de campeón en Montreal.CHRISTINNE MUSCHI (REUTERS)

A lo largo del duelo, Nadal provocó 47 errores de Djokovic con ese golpe, según la ATP (35 en juego y 12 al resto). El español sumó el primer punto del desempate con una volea fácil que había nacido de un ataque portentoso sobre la derecha de su contrario. Desde entonces, y hasta que alzó los brazos, el mallorquín recogió la cosecha sembrada durante el encuentro: el número uno mundial sumó cinco errores seguidos con su drive y seis en total para entregar el tie-break. Nole acabó desencajado. Había visto lo siguiente. Para evitarse carreras sin premio, Nadal cerró las heridas que siempre abren los ángulos de los tiros de Djokovic jugando profundo y recto; luego, con feroces cambios de altura y velocidad, atacó su derecha hasta destrozarla. Contraviniendo su patrón habitual (tirar contra el revés una y otra vez), Nadal acumuló en el primer set un 53% de sus pelotas contra el drive de Djokovic. Esa estadística solo creció con los minutos.

“Tomé las decisiones correctas en los momentos importantes”, resumió. “Intenté jugar muy cerca de la línea de fondo y entrar en la pista cuando tuve la oportunidad”, continuó. “(…) Los dos intentamos controlar los puntos desde la línea de fondo. Nos empujamos hasta el límite”.

Es su segundo curso más prolífico y el primero con doblete en cemento desde 2010

La victoria culminó un ejercicio de reinvención. A través de un 2011 que vio a Nole iluminado, intocable y radiante, Nadal llegó a acumular siete derrotas seguidas ante el serbio. Fue un momento crítico, de los que definen una carrera. Tras dominar a Federer, quizás el mejor tenista de todos los tiempos, el mallorquín se veía superado por un competidor al que había sometido en la mayoría de los enfrentamientos previos. Pese a eso, y apostando por la agresividad, Nadal le ha dado la vuelta a la estadística: se ha impuesto en cinco de los últimos seis partidos frente al serbio, sin importarle haber perdido equilibrio en el juego. Ayer cometió 36 errores no forzados, pero angustió a Nole hasta los 44.

La victoria de Montreal, que llega justo antes de que comience el Abierto de EE UU (desde el 26 de agosto) tiene la categoría de punto de inflexión. Nadal destronó al bicampeón del Masters 1000 canadiense y reforzó su candidatura a quitarle el número uno.

Hoy, Djokovic es un tenista perseguido. Viajará al Masters 1000 de Cincinnati y al Abierto de EE UU como el máximo favorito, porque es el número uno y el que mejores resultados acumula desde 2011 en la superficie. Sin embargo, Canadá le demostró una cosa: hay un tenista, Nadal, dispuesto a reinventarse para arrebatarle el trono.

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Sobre la firma

Juan José Mateo

Es redactor de la sección de Madrid y está especializado en información política. Trabaja en el EL PAÍS desde 2005. Es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por la Escuela UAM / EL PAÍS.

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