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La incógnita española

La selección, en un profundo proceso de renovación, espera un mínimo de seis finalistas

Eusebio Cáceres durante el Europeo Sub-23.
Eusebio Cáceres durante el Europeo Sub-23. getty images

“El futuro del atletismo español no es el fondo, donde los africanos lo copan todo, ni la velocidad. Son los saltos, los lanzamientos…”, reflexionaba hace unos días Jorge González Amo, responsable de mediofondo de la federación española, atleta él mismo en su juventud. Hablaba de la crisis del 1.500 español, la prueba que más éxitos ha dado en la historia y que solo ha conseguido clasificar a un hombre (David Bustos) y a una mujer (una redivida Natalia Rodríguez). Pero sus palabras sirven para entender, al menos en parte, el cambio en el que está inmerso el equipo español, que, falto de una gran estrella que garantice el éxito, en los Mundiales de Moscú se agarra con fuerza casi desesperada a los saltos de Eusebio Cáceres para hablar de medallas.

Con las listas oficiales en la mano, Cáceres es el único español que está entre los tres mejores del año en su prueba. El alicantino lo tiene todo. La marca —ha saltado 8,37m el mes pasado, lo que le convierte en el tercer saltador del año—, la confianza —lleva tres saltos de 8,20m o más este verano— y la experiencia. Porque aunque aún es un joven atleta de 21 años, Cáceres ya sabe lo que es competir en Mundiales y Juegos Olímpicos, aunque las grandes finales han sido hasta ahora un muro infranqueable para él.

Cáceres saltará el miércoles, y con él buena parte de las esperanzas de gloria del equipo español, con permiso de los marchadores (Miguel Ángel López, quinto en los Juegos, y el eterno Jesús Ángel García Bragado, que va por sus 11º Mundiales, a la cabeza). Sus responsables saben que son las medallas las que dan lustre, aseguran la atención mediática y crean afición, como han demostrado las nadadoras en Barcelona, pero que el nivel deportivo lo da el número de finalistas y ahí el nuevo seleccionador, Ramón Cid, un hombre tranquilo y realista, cuenta con siete u ocho en un buen escenario, y hasta una decena en el más optimista.

La cifra puede parecer pobre, pero marcaría un cambio de tendencia positivo en el deprimido atletismo español, que vive una crisis de resultados a la que no ayuda precisamente la situación económica. España, que siempre ha logrado medallas en los Mundiales, logró al menos diez finalistas desde 1997. Hace cuatro años en Berlín empezó el declive y el equipo tocó fondo en Daegu (2011), con solo dos finalistas (Natalia Rodríguez, bronce, y Manuel Olmedo, cuarto, ambos en 1.500m).

El equipo se agarra al saltador alicantino Eusebio Cáceres para hablar de medallas

Para empezar a romper esa racha hoy salta a la pista azul de Moscú Kevin López, a correr los 800 metros. El sevillano también tiene a su favor el ránking de 2013. Ha sido el octavo más rápido en 2013, pero las ausencias, incluida la del gran Rudisha, el hombre que puso en pie al estadio olímpico de Londres el verano pasado, le convierten en el sexto en Moscú. Además cuenta con la experiencia que da la frustración, pues no logró clasificarse para la final olímpica cuando tenía calidad para hacerlo.

Desde entonces ha adelgazado —pesa tres kilos menos que en Londres— y se ha colgado la plata europea en pista cubierta. Sus posibilidades en una hipotética final son una incógnita porque la suya es una prueba huérfana desde la lesión de Rudisha. Como también es una incógnita Natalia Rodríguez. La única medallista española hace dos años en Daegu, ese bronce que tanto tuvo de redención para la catalana tras la eliminación de Berlín 2009, ha tenido una temporada atípica, retrasada por una lesión invernal. Y aunque ya bajo el sol, y tras proclamarse campeona de España, dijo haber recuperado las sensaciones, la chispa, la garra que la convirtió en una de las mejores, y nadie duda de su capacidad competitiva, todo son preguntas a su alrededor.

Rodríguez, como Ruth Beitia (altura), Mario Pestano y Frank Casañas (Disco), todos ellos veteranos, tienen opciones en unos Mundiales marcados por las ausencias típicas del año posolímpico, las de algunos ilustres lesionados y las provocadas por las redadas antidopaje. Junto a ellos habrá también un buen puñado de debutantes y de jóvenes, que como el pertiguista Igor Bychkov, finalista olímpico, forman parte de esa hornada que ha dado un aire nuevo, más respirable dicen algunos, al equipo. Y que están llamados a recuperar el nivel perdido.

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