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Tour de Francia

Un podio en fuga

Contador se queda fuera de los mejores tras un ataque combinado del líder Froome, Purito y Quintana, que gana la etapa y la montaña y terminará segundo en París

Nairo Quintana celebra la victoria de etapa.
Nairo Quintana celebra la victoria de etapa. ap

Camino del pico de Semnoz, desde donde las mejores vistas del lago de Annecy, desde donde hasta el Mont Blanc parece estar al alcance de los dedos, tan blanca la pirámide que lo corona, el podio del Tour se fue en fuga, y Contador se quedó mirando, sufriendo y peleando. Se fueron a 8,4 kilómetros de la meta, por orden de ataque, Purito y Quintana, y luego Froome, y Contador, que hasta ayer había defendido con más alma que fuerzas, con más pasión que piernas, su segunda plaza, se quedó clavado.

“Así es el ciclismo”, dijo luego Froome, quien no tiene un especial afecto por el campeón de Pinto (no le gustan sus ataques en los descensos, le estresa su constante acecho). “Así son las carreras y bien lo sabe Contador, que en la Vuelta parecía que iba a terminar tercero y acabó ganando inesperadamente”. Y para subrayar sus palabras, para mostrarle a Contador física y dolorosamente lo que quería decir se tomó Froome un placer casi sádico, un punto simbólico también, a la hora de dejarle clavado, lo que hizo después de dejar irse unos metros a la pareja Purito-Quintana, y dejarse caer también hasta Contador y desde allí, desde la misma cara de quien hace tres, cuatro, cinco años, clavaba a quien quería en cuanto la carretera se empinaba, arrancar con su sprint en molinete.

Y se fue volando para componer en la dura ascensión al último puerto la fotografía definitiva del Tour, la de los ciclistas que más lo han peleado y conformado: él, el Froome que tiene pasaporte británico y habla inglés, pero nunca ha vivido en la isla, pero no sabe lo que es —¿keniano? ¿sudafricano? ¿monegasco?— por encima, superior, ya disfrutando de su Tour, y Quintana y Purito, que hablan español los dos, pero no el mismo idioma sobre la bicicleta, y pelean uno con otro.

CLASIFICACIONES

Etapa:

1. Nairo Alexander Quintana (COL-Movistar) 3h 39:04

2. Joaquim Rodríguez (ESP-Katusha) a 18

3. Christopher Froome (GBR-Sky) a 29

4. Alejandro Valverde (ESP-Movistar) a 01:42

5. Richie Porte (AUS-Sky) a 02:17

6. Andrew Talansky (USA-Garmin) a 02:27

7. Alberto Contador (ESP-Saxo Tinkoff) a 02:28

8. John Gadret (FRA-AG2R) a 02:48

9. Jesús Hernández (ESP-Saxo Tinkoff) a 02:55

10. Roman Kreuziger (CZE-Saxo Tinkoff) a 02:55

Clasificación general:

1. Christopher Froome (GBR-Sky) 80h 49:33

2. Nairo Alexander Quintana (COL-Movistar) a 05:03

3. Joaquim Rodríguez (ESP-Katusha) a 05:47

4. Alberto Contador (ESP-Saxo Tinkoff) a 07:10

5. Roman Kreuziger (CZE-Saxo Tinkoff) a 08:10

6. Bauke Mollema (HOL-Belkin) a 12:25

7. Jakob Fuglsang (DIN-Astana) a 13:00

8. Alejandro Valverde (ESP-Movistar) a 16:09

9. Daniel Navarro (ESP-Cofidis) a 16:35

10. Andrew Talansky (USA-Garmin) a 18:22 EFE

Purito, que para ser el español en el podio necesita sacarle más de 47s al Contador clavado que pena a la rueda de su siempre Kreuziger, y Quintana, quien tiene el podio seguro, pero quiere ganar la etapa, quiere la foto grande, los brazos en alto, la emoción en sus ojos afilados, casi la lágrima, lanzando un gran beso al cruzar la meta todo de blanco, quiere culminar todo el trabajo preparatorio de su Movistar, todo el trabajo de los compañeros, y hasta de Valverde, que le han allanado el camino, la estrategia de su querido director Arrieta. Y para ello, entre otras cosas, necesita que Purito, que tiene un buen final en los repechos, y es avispado, se desgaste en la subida. Por eso le dice: si quieres el podio, tira tú. Pero Purito quiere ayuda, quiere guardar fuerzas para ganar la etapa, pues también él necesita la gran foto que alivie su pequeña frustración —el podio le satisface, pero tiene en la cabeza una telaraña, un resquemor, una suerte de fatalismo que le hace temer siempre lo peor, y eso porque sus dos últimos grandes podios, los del Giro y la Vuelta pasados, llegaron como una derrota los últimos días, no como una conquista—, le pide a Froome que le ayude un poquito.

Froome está en su propio mundo, está acercándose a una frontera imaginaria que ha trazado en la pancarta que señala dos kilómetros a meta. Ha decidido con su calculadora que, teniendo en cuenta su margen (cinco minutos) por mucho que le pase en esos dos kilómetros, por mucho que corran, aunque vuelen, Quintana y Purito, el Tour ya es suyo. Y llegada a esa raya, Froome acelera, esprinta (y Quintana lo aprovecha para atacar definitivamente) y se deja ir. Después de 80 horas y 45 minutos de máxima concentración y agobio, se toma por fin Froome cinco minutos de relax. En ellos se acuerda de su madre muerta, goza por primera vez, se siente ganador del Tour y lo disfruta. Como disfruta, en la distancia, del vuelo-ataque de Quintana callado y calmo, a quien tanto admira.

Porque Quintana vuela sobre los pedales mientras en su cuello baila la medalla que le envió su admirado y herido Mauricio Soler (el último colombiano con el maillot de puntos rojos, gravemente herido hace unos años en la Vuelta a Suiza), mientras en su cuerpo late, y por primera vez casi incontenible, casi fuera de sí, su corazón andino, orgulloso y matador. Y una semana después de asumir, él, debutante de 23 años, serio y luchador, el liderazgo de su equipo, termina su Tour a lo grande, con la etapa, el segundo puesto en la general, el maillot blanco que es su segunda piel ya, y al final hasta la montaña. Casi todo lo que logró el mito Lucho Herrera entre 1985 y 1987, pero en un solo día, pues así de grande es el ciclista del futuro.

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