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La felicidad del crack

No sé cuántos días se les da a los fichajes deslumbrantes. Lo que sí sé es que cuando menos se mezclen los goles con la felicidad, mejor para todos.

Neymar saluda a los aficionados en las gradas del Nou Camp el día de su presentación.
Neymar saluda a los aficionados en las gradas del Nou Camp el día de su presentación.GUSTAU NACARINO / REUTERS

Las primeras palabras que oigo de Neymar fueron para expresar la enorme felicidad que siente por su incorporación al Barcelona. Eso es bueno. Bueno para él y para el club que paga su millonaria ficha. Y supongo que también para un sector importante de la afición. Yo entre ella. Pero debo reconocer que esa demostración de exultante felicidad que el crack brasileño nos comunica me suena a canción mil veces oída. Todavía recuerdo las declaraciones de amor barcelonista de Rivaldo. No olvido las de Ronaldinho. Esas manifestaciones tan grandilocuentes de afecto y entrega a la causa del equipo que desembolsó por ellos ingentes cantidades de euros, siempre me parecieron que pendían de un hilo. Que la frontera entre la felicidad y la no felicidad de estos ases estaba sujeta a un repentino y enigmático cambio de humor. De un día para otro el crack comenzaba a ausentarse de sus deberes. Comenzaba a instalarse en su semblante y en sus botas una corrosiva tela de tristeza que lo embargaba todo. Pasó con Rivaldo. Las tardes y noches de fútbol grande, de goles tan agónicos como imborrables, comienzan a trocarse por una irreversible e incurable melancolía.

¿Quiere decir ello que debemos desconfiar de Neymar? ¿De su ahora flamante y contagiosa felicidad? El tiempo lo dirá. Y los goles. Sobre todo los goles. A los políticos se les suele dar cien días de margen para que demuestren sus prestaciones. No sé cuántos días se les da a los fichajes deslumbrantes, suponiendo que se les dé alguno. Pero lo que sí sé es que cuando menos se mezclen los goles y las asistencias con la felicidad (o la tristeza), mejor para todos. Si se es capaz de separar estas dos cuestiones, miel sobre hojuelas. Y si no, que sepamos todos que la felicidad no dura siempre.

 

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