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Periko Apellaniz, polifacético olímpico español

13 veces campeón nacional de lanzamiento de jabalina, participó en los Juegos de Londres 48

Periko Apellániz, en 2004.
Periko Apellániz, en 2004.

De Periko Apellaniz (Galdakao, 1924) se puede decir que fue olímpico en Londres 1948, que lanzó la jabalina a casi 55 metros cuando su mejor marca —lograda en Bizkaia poco antes— era de 63,62 metros, que también practicó el triple salto y que su pasión fundamental era el fútbol. Pero lo que conviene decir del ilustre atleta, que falleció el pasado lunes a los 89 años, es que su lanzamiento no tenía nada que ver con lo que se ve a los especialistas modernos, llámense Zelezny (98,48m) o Uwe Hohn (104,80m en el lanzamiento antiguo). Periko Apellaniz lanzaba a pies juntillas, sin carrera. Se plantaba en el foso, o lo que fuera, estiraba el brazo hacia atrás y lanzaba la jabalina hasta donde quisiera o pudiera llegar. No había velocidad previa ni impulso. Era un tipo con un artefacto en la mano que trataba de enviarlo lo más lejos posible. Era la jabalina como la extensión delgaducha de un brazo poderoso que iba volando por el estadio en busca de un lugar donde clavarse. Dicen los técnicos que lograr enviar así la jabalina a unos 55 metros, como hizo en los Juegos de Londres, ocho metros menos de lo que había conseguido lanzar en Zalla (Bizkaia) un poco antes, era una barbaridad y demostraba ser un atleta portentoso, “polivalente, como los que había en esa época”, porque se requería mucha fuerza en el brazo para lanzar la jabalina sin carrerilla tan lejos. En esas condiciones, no es extraño que obtuviera 13 campeonatos de España, una medalla en los Juegos del Mediterráneo y que sin embargo pudiera alternar su especialidad con los 80 metros vallas y el triple salto para sobrevivir a la ansiedad del balón, su auténtica devoción, una fe que no pudo profesar.

Nunca se sabrá por qué la jabalina y el balón estuvieron tan ligados a Bilbao. Apellaniz fue un pionero en una disciplina que aún hoy sigue siendo una rareza nacional. Pero es que Pichichi, el legendario goleador del Athletic, también fue una referencia en el lanzamiento del artefacto volador: recórdman de jabalina en Bizkaia antes de consumarse como el goleador que da lustre al trofeo a los máximos artilleros del fútbol español.

De Apellaniz dijo un experto italiano que “si hubiera estado en otro país en aquella época, hubiera sido un fenómeno”. Lo decía por la potencia de su brazo, por su agilidad de carrera y de salto. Si hubiera juntado ambas facetas, su jabalina hubiera volado mucho más lejos, pero entonces prevalecía el brazo.

Apellaniz se ha ido después de otros Juegos Olímpicos en Londres. Nunca se sabrá si tuvieron más mérito sus 55 metros en Londres, a brazo parado, o los 98 de Zelezny, el intratable record mundial. Les faltó coincidir en el tiempo y en el modo.

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